Alaejos, 24 de julio de 2021
Alicia Salamanqués Santana
La violencia de género constituye la vulneración más extendida de los derechos humanos en el mundo. Todavía hoy, en pleno siglo XXI, el simple hecho de nacer mujer puede suponer un factor de riesgo para la propia vida.
La violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso, constituyendo la violencia de género la manifestación más cruenta de la desigualdad entre mujeres y hombres, la violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión que nos aleja del objetivo de igualdad y justicia social.
La violencia, cualquier clase de violencia, es detestable y condenable, pero la violencia en el ámbito familiar, contra la mujer y en muchos casos también contra los hijos, debería avergonzar a cualquier sociedad que aspire a denominarse justa, por lo que lejos de rendirnos, debemos plantar cara con más fuerza si cabe a esta sinrazón.
Es esencial que comprendamos que el maltrato contra las mujeres es un problema real, cercano, que nos afecta y nos compromete a todos.
Todavía son necesarios actos como el de hoy o como el del Círculo de hombres que se celebró en octubre en esta misma plaza, actos en los que juntemos nuestras voces para denunciar y condenar la violencia que se sigue ejerciendo contra la mujer y así lograr una sociedad más justa, más libre y más igualitaria, siendo imprescindible una especial incidencia en la educación como forma de preparar a las futuras generaciones en ese cambio de mentalidad.
Por todo ello, como dice Mafalda en la imagen del depósito del agua, ¡BASTA!