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Programa de Fiestas · 2010

Del altar mayor de Santa María

Mario García Guerras·Patrimonio artístico y religioso

Don Narciso Alonso Cortés descubrió las primeras noticias documentales de este retablo (1), una de las últimas obras de Jordán; sobre este pinta algunos datos más tarde Agapito y Revilla (2).

Constituye esta obra una imitación en pequeño del retablo de Medina de Rioseco, y como es sabido por entonces debía de estar ya acabado el de Rioseco en lo substancial, pues sirvió de modelo al otro. Por esta razón abunda en la descripción, notando en particular las diferencias (Lam. 30 a 34).

Las columnas del primer orden apoyan en basamentos y no en cartelas, que llevan las figuras de los Apóstoles en bajo-relieve. En la calle central y dentro de encasamentos se hallan las figuras de San Pedro y San Pablo y los Evangelistas. En los encasamentos de las calles laterales continúan las escenas de la Visitación y la Anunciación, ni bulto completo sobre un fondo plano, que es el tipo de bajo relieve que utilizaría precisamente Gregorio Fernández.

Las tallas de la calle central y de la calle primero desde la derecha son esculturas, las figuras de San Juan Bautista y otro santo. Sobre la curva del basamento reposan niños recostados a la manera médica, que son imitación de los del retablo de Bioseco y los de éste a su vez de retablo de Astorga. El lugar ocupado por los letreros en el retablo de Medina de Bioseco lo ocupa en el de Alaejos una franja decorativa.

El retablo de Alaejos es sin duda la obra más fina, más aseada y también menos conocida de Esteban Jordán. No por ser réplica del retablo de Medina de Bioseco pierde mérito. En realidad la reducción de tamaño le beneficia. Lo mismo que en Bioseco, no se deja busco libre, sino que la decoración toda lo rellena. Pero el autor en su madurez sin conocer la decadencia. Este retablo realiza magníficamente la capilla mayor, coronada con una de las más esplendidas bóvedas de un plateresco henchido de mudéjarismo.

Una de las cosas que dan valor a este retablo es el sagrario o custodia (Lám. 33), que estaba mencionada ya en 1594. Su saber dentro de su rareza, ya que son muy pocos las obras de esta clase conservadas, y también de la bondad de la traza y el plan. Está formada de dos cuerpos, dórico el bajo y jónico el alta; la corona un capelo que está hoy desaparecido. Ensambladura y escultura están hechas con gran esmero. Las figuras del cuerpo bajo se asemejan a la columna y las del jónico Evangelistas. Tienen todas imágenes de bulto entero, excepto la enigma en relieve del sagrario, que representan la Cena, como la del sagrario de Medina de Bioseco.

La pintura se diferencia de las otras por sus tonos oscuros. Las encarnaciones son principalmente notables por su brillo características, dejando ver en los rostros manchas carminosas que aumentan el naturalismo de los tipos.

Los extractos de las cuentas publicados por Agapito y Revilla permiten seguir puntualmente el desarrollo de la obra. Debió de ser contratada en 1590 a la cantidad de 3.300 ducados y al año siguiente cobra Jordán las primeras cantidades, prueba de que en este año principia el trabajo. Su realizaba como el de costumbre en Valladolid, pues en las cuentas de 1594-95 se indica que a la partida de Jordán, podía ser transportado desde dicha ciudad a Alaejos. En 1600 el retablo debía de estar terminado en lo principal y asentado en blanco, pues en este año se entregan 10.000 maravedís al escultor salmantino Juan de Montejo por la tasación. Ya por entonces había fallecido Jordán, de modo que para completar algunas cosas que faltaban antes de proceder a la pintura del retablo, se hizo un concierto con otro artista. En efecto, a 14 de marzo de 1604 Cristóbal Velázquez, ensamblador, hizo un contrato para remodelar determinadas cosas del retablo y para terminar cierta parte de escultura. El hizo lo relevante a la pintura y a la escultura y encargó a Francisco del Rincón, los mejores ensambladores que trabajaban mucho en Valladolid por esta época. En cuanto a Francisco del Rincón, posible maestro de Gregorio Fernández, deja poco en este retablo lo que es también lo que se conoce de él. Puntualmente sabemos que hizo en el retablo de Alaejos las imágenes de Cristo en los dos óvales y los ángeles que están detrás del Calvario. El contrato de pintura fue firmado el 26 de febrero de 1604, comprometiéndose a realizarla en tres años Francisco Martínez por la cantidad de 3.000 ducados, en la cual entraba la pintura del magnífico retablarismo de la capilla mayor.

El segundo orden en de estípites (así figura en los documentos de Alaejos) como en Medina de Bioseco, sólo que aquí unas guirnaldas de menores tamaño y grosor se disponen a lo largo de ellos. En los tabernáculos se hallan las imágenes de San Francisco y Santa Catalina y en las portadas de las escenas de Jesús los Doctores (en la central), la Adoración de los Magos y el Encuentro en la Puerta Dorada. Estos relieves tienen aún mayor realce que los de abajo, estando las figuras del primer término totalmente fuera de la piedra. El ático es igualmente semejante al de Medina. Sobre los estípites centrales, figuras de Profetas, y sobre los de los extremos, dos hombres desnudos que parecen los dos Ladrones, para mirar al Calvario fijamente. En los medallones ovalados, Cristo con la cruz a cuestas y un Ecce-Homo. El Calvario es muy expresivo: el paño del Cristo aparece abierto por un lado, según la fórmula que predominará en la sucesión. Detrás hay una portadita con ángeles que llevan instrumentos del martirio, y en el frontón de esta portada, el Dios Padre.

La Anunciata, concebida bajo esquema ovalado, constituye la más delicada resolución de Jordán en este tipo. Sus líneas, además de Medina estrechas y el grupo, por esto, resulta eminentemente plástico. Los dos Ladrones del ático recuerdan los que más tarde se harían para el Paso de la Elevación de la Cruz, de la escuela de Gregorio Fernández. En las escenas de los relieves hay tal vitalidad por ocupar más espacio, que las figuras se salen del marco. Esta solución que domina completamente la tercera manera plástica estará más bien bien bien una conciencia del siglo que se marcará el siguiente período; pero la línea está ya trazada en estas composiciones.

Durante una pequeña investigación de aficionado sobre el retablo mayor de Santa María, localicé, de forma fortuita, uno de los pocos libros dedicados a Esteban Jordán y su obra escrito en 1952, por el profesor de la universidad de Valladolid Juan José Martín González y que quiero compartir con mis vecinos, por sorprendente y sobre todo por las fotos que acompañan al estudio.

Hago hincapié en la parte en que se refiere al sagrario (custodia); según el autor lo mejor del retablo, el cual en 1952 aún tenía las nueve tallas, hoy desaparecidas en su totalidad y que podemos conocer gracias a esta fotografía.

Por último, quiero también haceros partícipes de un pequeño detalle que descubrí en mi período como guía de turismo.

En un juego genial, escondido en los drapeados y ricas telas que visten a la Virgen María, en la escena de la visitación, en su rodilla izquierda, aparece, el que puede ser retrato del autor del retablo o del pintor del mismo, como era moda en su tiempo en estos maestros.

Invito a todos a disfrutar este retablo como la maravillosa obra que es, de su historia, sus colores, sus tallas...

Mario García Guerras

Cómo citar

Mario García Guerras: «Del altar mayor de Santa María». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2010.

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