Biblioteca de los programas de fiestasAlaejos · 1954 – 2026

Programa de Fiestas · 1985

La Virgen de la Casita, de Alaejos, y su santuario

Adolfo M. Araújo y González·Patrimonio artístico y religioso

Con este título publicaba la Caja de Ahorros Popular de Valladolid, en la Revista Folklore, un documentado trabajo del profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, Dr. D. Jesús Urrea Martín, gran conocedor de los tesoros artísticos de Alaejos y con cuya amistad me honro.

Como entendemos que es un asunto importante para la historia de la Villa, a continuación se inserta dicho trabajo en este Programa, para un conocimiento más general e inmediato de todos los que tengan sensibilidad o curiosidad histórico-artística sobre temas relacionados con nuestro pueblo, en este caso la Ermita de nuestra Patrona, reciente y felizmente restaurada en su interior, merced a la generosa colaboración y ayuda de todos los vecinos que se sienten orgullosos de su «Casita» legado de fe y devoción mariana de sus antecesores.

«La Virgen de la Casita no ha sido la única devoción popular que han tenido los vecinos de Alaejos también Santa Ana contó con una ermita dedicada a su culto que subsistió en el pueblo hasta los días de la guerra de la Independencia y todavía se conserva el Humilladero del Cristo inserto en el recinto en el recinto del cementerio. Pero indiscutiblemente la veneración tributaria a la Virgen de la Casita fue la que caló más preferentemente, eligiéndola incluso por patrona de la localidad y celebrando su festividad el día 10 de mayo.

Según el P. Juan de Villafañe que escribe en 1726 la devoción se inicia en el año 1490. La Virgen se había aparecido a Catalina de la Cruz, vecina del lugar, cargada de hijos y con un marido malvado y haragán; la sequía que por entonces padecía la región obligaba a la angustiada mujer a buscar hierbas para venderlas en el mercado; fue durante su trabajo en el campo cuando tuvo la visión que ocasionó inmediatamente el culto religioso.

Entre unas retamas, de las que emergía una poderosa luz, apareció la «portentosa figura de una hermosísima Matrona, que no era sino la Madre de Dios» quien pidió a Catalina que dijera a los vecinos del pueblo que «en la misma retama donde la aparición se estaba obrando, encontrarían una imagen suya que sería tan grande en portentos como pequeña en estatura» y que deseaba se le edificase allí mismo un santuario.

Enterado el vecindario se trasladó al lugar reseñado por la mujer y descubrió la escultura prometida por la Virgen, decidiendo ponerla a cubierto de las inclemencias en un pequeño cobertizo o cabaña de troncos y ramas, para construir posteriormente un santuario digno. La aparición fue seguida de abundantes lluvias que forzaron aún más la idea de la intervención celestial, acrecentada ante la negativa de la imagen a ser trasladada a un edificio más suntuoso, haciendo comprender a los devotos que su voluntad era la de permanecer en el mismo lugar de su aparición, por lo que se determinó edificar allí mismo la ermita o «Casita» que era la devoción por la que se comenzaba a conocer a la Virgen.

En la estructura de la ermita tal y como se conserva en la actualidad, se observan rasgos arquitectónicos que permiten comprobar la veracidad de la tradición. En efecto, el muro de cantería que cierra su lado de la epístola, presenta dos ventanas con arcos ligeramente apuntados, mientras que la antigua puerta de acceso, hoy ciega, se resuelve con arquería de medio punto y finos baquetones de perfil gótico en los que se aprecian pequeños capiteles, muy desgastados, uno de los cuales ofrece decoración animada, todo ello coincide con los modelos propios de fines del siglo XV. Además, situada encima de esta antigua portada y cobijada por una moldura a manera de alfiz, existe una inscripción en la que todavía se puede leer en caracteres góticos: «lunes a X días del mes / maio del ano de VCCCXC ... enora ...».

A fines del siglo XVII sufrió una importante reforma que afectó a su interior como al exterior, en cuyo muro de cerramiento del lado del evangelio se lee, flanqueado un sillar decorado con un medallón sobre el que campea una estrella, la siguiente inscripción: «HIÇO SE ESTA OBRA SIENDO / COMISARIOS EL LDº D. THOMAS / MENDEZ I EL LDº LORENZO DE / CASTRO I D. FRANCO / PERLINES ARIAS I / CRISTOVAL SAN / DONIS 1699» y otra más gastada: «... GONZALEZ Y XP / TOVAL SAN DONIS I PRO / CURADORES MANUEL DE... 1699» Año en el que se abren dos ventanas con marcos de orejeras, y una portada ahora cegada.

El templo, de considerables proporciones, tiene su interior dividido en tres naves mediante pilares, sobre los que voltean arquerías de medio punto que soportan una cubierta de cielo raso en su nave central y bóvedas de cañón en los laterales. Su presbiterio actual se reconstruyó en la primera mitad del siglo XVIII y se cierra con una cúpula ovalada, levantada sobre pechinas y decorada profusamente por yeserías de perfiles muy quebrados y hojarasca abundante constituyendo un notable interior barroco.

Probablemente fue en ese mismo momento cuando se procedió a construir la fachada principal del edificio, toda de ladrillo, con dos cuerpos semicilíndricos en sus extremos, contrafuertes flanqueando su puerta de ingreso y como remate un frontón truncado sobre el que se alza una sencilla espadaña. Dos óculos y una ventana abierta sobre la puerta son los restantes elementos que integran su alzado. En el primer tercio del XVIII se tomaría el acuerdo de realizar un retablo nuevo para colocar la imagen de la Virgen titular. Lo acertado de la decisión fue encargar un Altar tabernáculo, reproduciendo con su estructura la idea de cabaña o sencilla «Casita». El conjunto donde se aloja la «Virgen de la Casita» es, sin duda, una perfecta obra maestra, por lo airoso de su trazado y la elegancia de sus elementos decorativos.

Exento y completamente calado en su cuerpo bajo para permitir la cómoda contemplación de la Señora, dispone en su frente cuatro ángeles mancebos de distinto tamaño, sentados sobre ménsulas y segmentos de filo inestido, en atrevidas e inestables actitudes, con sus alas completamente desplegadas. El cuerpo superior lo preside una pequeña escultura del Niño Jesús y se remata con una figura alusiva a la Fe.

Obra que es de gusto rococó no lejos de los arquitectos Joaquín y Alberto Churriguera que, como se sabe, trabajaban en la vecina Nava del Rey en Valladolid y en Salamanca tan estrechamente vinculada a Alaejos.

En el interior de su «Casita» se encuentra la escultura de la Virgen que ofrece una altura de 0,50 m. Se trata de una talla en madera en actitud sedente con el Niño sentado sobre su pierna izquierda y sosteniendo en su mano derecha una manzana. El Niño tiene mutilada la mano derecha que presentaría actitud de bendecir y en su izquierda sujeta la esfera del Mundo. El grupo está repintado, sobre todo en su rostro, pero en los vestidos se aprecia una policromía primitiva aunque con importantes deterioros. Es una obra que puede fecharse en la segunda mitad del siglo XIII y aunque muestre todavía supervivencias románicas hay que clasificarla como gótica.

Una aparición, una imagen y un santuario. Un ejemplo perfecto de las armónica síntesis entre devoción popular y manifestación artística, hecha posible gracias a la devoción y generosidad de las generaciones que levantaron y mantuvieron vivo uno de los santuarios marianos más interesantes de la provincia de Valladolid.

ADOLFO M. ARAUJO Y GONZALEZ

Cómo citar

Adolfo M. Araújo y González: «La Virgen de la Casita, de Alaejos, y su santuario». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 1985.

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