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Programa de Fiestas · 2007

En defensa del público reconocimiento del que fue ilustre hijo de la villa: don Juan Fernández Vadillo

Sin firma·Personajes ilustres

Dice un refrán castellano que es de bien nacidos el ser agradecidos.

Así lo entendió en su día el Consistorio de Alaejos dando nombres de personas relacionadas con él a diversas calles del pueblo, vgr.: Gonzala Santana, Juan Méndez, Pero Giles, Hernández Morejón, Zabacos, Carranza....

Sin embargo, en mi opinión, aún no se ha hecho justicia en el sentido precedente, con uno de sus primeros, más filántropos y munificientes hijos: el obispo Don Juan Fernández Vadillo, cuya biografía, resumida, se transcribe a continuación.

“Nació este prelado en la villa de Alaejos, pertenecía a la abadía de Medina del Campo, en la diócesis de Salamanca. En esta Universidad siguió los estudios desde su niñez, y cursados con notable aprovechamiento tres años de gramática, otros tres de artes liberales y cinco de teología, recibió los grados de bachiller y licenciado en la ciencia sagrada, y leyó por sustitución una cátedra de artes, y después la de teología a los religiosos de San Jerónimo.

Hizo oposición a una colegiatura del colegio mayor Santa Cruz de Valladolid y la obtuvo en 20 de septiembre de 1545, y nombrado rector del establecimiento más bien por sus dotes de gobierno que por su vasta ciencia, recibió la borla blanca (teología) con grande aplauso.

Vacó por este tiempo (en 1548) la canonjía magistral de Cuenca, por defunción del doctor Pedro Díaz, y oponiéndose a ella el doctor Vadillo, siendo de edad de 30 años, contra el doctor Alonso Martínez de Bergara, éste no solo llevó la prebenda sino que a más la totalidad de los votos, según refería con humildad y apacible donaire el señor Vadillo, siendo ya obispo de esta diócesis.

Mandadas establecer por el Concilio Tridentino las canonjías lectoral y penitenciaria en todas las catedrales, la de Palencia hizo convocatoria para la primera, y oponiéndose don Juan Fernández Vadillo, fue el primer canónigo lectoral de aquella Santa Iglesia. También se opuso a un canonicato de la iglesia de Cartagena, y suscitado un pleito entre él y otro opositor, le ofrecieron 200 ducados de pensión para que cediese de su derecho; mas el señor Vadillo, que no conocía la codicia, lo renunció lisa y graciosamente y se volvió a Palencia, donde por muchos años estuvo dedicado a la enseñanza.

Muerto el obispo don Gómez Zapata, el Rey don Felipe II proveyó la mitra conquense en Fray Miguel de Alaejos, prior del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, varón de gran humildad, como lo acreditó no aceptando el nombramiento y respondiendo al Monarca: “que le era suficiente ser fraile para poderse salvar, y que le rogaba no le quisiese oprimir su conciencia con carga tan peligrosa como grave”. Tres veces más le rogó, pero en balde Don Felipe II que aceptase este obispado, y no pudiendo vencer su humildad y constancia, le mandó diese por sí mismo la mitra de Cuenca. Fray Miguel se limitó a proponer a su pariente el lectoral de Palencia, cuya sabiduría, piedad y grandes dotes de gobierno conocía, y Su Majestad hizo de él elección.

Traídas las bulas de Roma, tomó posesión por el doctor Fernández Vadillo su provisor el doctor don Juan Carrionero a 12 de septiembre de 1587 y dio la posesión de la mitra don Fernando de Escobar, arcediano de Alarcón y canónigo de esta Santa Iglesia. En ella entró con solemne recepción del cabildo el prelado Vadillo, en sábado, día 3 de octubre del mismo año, y le recibió el juramento a las puertas principales de la misma don Francisco Suárez de Cañamares, abad de Santiago y canónigo.

Pasados algunos días, Su Señoría Ilustrísima visitó las parroquias y monasterios e hizo visita de los prebendados jurídicamente desde el deán hasta los capellanes, procediendo en todo con paternales entrañas.

Vivió en el obispado 7 años y 23 días con gran virtud y edificación. Dio muchas limosnas públicas y más todavía secretas en Alaejos, en Cuenca y en todo el obispado: al hospital de Santa Lucía dio 1.000 ducados; otros 1.000 para la redención de cautivos o 20.000 al cabildo de clérigos, para que perpetuamente impuestos en renta, socorran con los réditos a la gente honrada menesterosa y en su pueblo natal fundó un convento de monjas y le dotó con unas capellanías.

Tuvo sínodo en esta ciudad en 1592, y siendo muy devota de San Julián, acudió en unión con el deán y cabildo a Su Santidad Clemente VIII, para que concediese al santo patrono de la ciudad y obispado rezo propio. Su solicitud fue bien acogida y llegada la bula, y hechos grandes gastos para solemnizar la fiesta antes de ver lo que tanto anhelo, fue arrebatado por la muerte en un viernes, día primero de septiembre de 1595 (el 1 de septiembre de 2005 se cumplió pues el 410 aniversario de dicho evento), entre tres y cuatro de la tarde. Enterráronle al día siguiente entre los dos coros de la catedral, junto al sepulcro de don Lope Barrientos, celebrando el oficio funeral don Francisco Suárez de Cañamares, el mismo que, recibiéndole el juramento le introdujo en la iglesia.

El obispado estuvo vacante 23 meses y 12 días hasta el 12 de agosto de 1597”.

De este prelado aún se conserva, restaurada, su casa natal en cuya fachada campean las armas de su escudo episcopal, en la calle Fortaleza y Plaza.

Un retrato suyo al óleo de cuerpo entero, anónimo, se cuelga en la sacristía de la iglesia de San Pedro Apóstol, fundó un pósito de granos para evitar la usura en años de escasez a los labradores de su pueblo. Regaló de su peculio el retrato del altar mayor así como el coro bajo de nogal con 20 sitiales a los pies del templo, de dicha iglesia así como numerosos ornamentos litúrgicos, abundante orfebrería de plata en su color y sobre dorada entre ellas el cáliz de estilo gótico flamígero de plata sobre dorada, una de las mejores piezas de la provincia de Valladolid, que según la tradición fue regalo suyo aunque yo no discrepo de esa teoría pues recuerdo haber leído en algún documento antiguo que no me viene a la memoria, que el tal cáliz junto con una patena a juego de plata sobre dorada recamada en pedrería, (hoy desaparecida) había sido traído a San Pedro por los que tenían a su cargo el Castillo-fortaleza junto con otros objetos de su oratorio como cuadros al óleo, braseros, morteros, etc, visto el estado ruinoso de la fortaleza.

Así pues considerando los méritos del que fuera en nuestra villa nato, sería de estricta justicia, pienso yo, que su nombre honrase el callejero del municipio materializado en la colocación de la correspondiente placa alusiva, según lo acordase la Corporación Municipal. Ello procede “a fortiori”, (habida cuenta del otorgamiento de nombres nuevos a nuevas vías de la localidad en expansión), como se decía antiguamente “ad perpetuam rei memoriam”.

Puestos a suponer bien pudo nuestro paisano acudir al primer verso de la última Oda del tercer libro de las Odas de Horacio y exclamar: “Exegi monumentum aere perennius” (he acabado un monumento más duradero que el bronce).

Cómo citar

Anónimo: «En defensa del público reconocimiento del que fue ilustre hijo de la villa: don Juan Fernández Vadillo». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2007.

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