El Cardenal D. Manuel Arias Porres, Hijo de la Villa
Escribir la biografía de este clérigo, excedería los límites del espacio de que se dispone, que no es otro que el de un Programa Oficial de Fiestas Patronales, más apto para dar unas pinceladas y tratar de que su vida, lato sensu, sea divulgada y conocida por los que hoy habitamos el mismo pueblo donde él naciera y fuera bautizado.
La vida del Cardenal Arias coincide en gran parte, con la de los reinados de los últimos Austrias españoles, y fue componente de una familia de varios hermanos, algunos de los cuales fueron frailes como él.
Sus padres, de noble ascendencia, fueron D. Gómez Arias, de Fuentelapeña, provincia y diócesis de Zamora, partido judicial de Fuentesaúco, a la sazón distrito «vere nullius» (jurisdicción exenta de una Diócesis, con territorio, clero y pueblo propios y a cuyo frente está un Abad o Prelado nullius) perteneciente a la Orden de San Juan, y D.ª Catalina Porres o Porras, de Alaejos, con casa solariega conocida que lucía en su portada el escudo de armas con las cinco rosas de los Arias y las cinco flores de Lis de los Porres. Eran cristianos viejos, limpios de toda mala raza (moros o judíos) e hijosdalgos notorios.
Manuel Arias Porres fue bautizado en Alaejos el 12 de noviembre de 1638, según consta en el libro de bautizados de la Parroquia de Santa María (años 1634 a 1661). Fueron padrinos Gaspar Pérez de Sotomayor y Margarita de Porres. En nota marginal de dicha partida se puso «fue Arzobispo de Sevilla, dos veces Presidente del Consejo de Castilla y Cardenal de la Iglesia Romana».
Ocupó la Mitra sevillana de 1702 hasta su muerte en 1717.
Creado Cardenal de la Santa Iglesia Romana en 1713, obtuvo licencia para ausentarse de la Diócesis mientras durara su presidencia como Gobernador del Consejo de Castilla por dos veces.
La primera desde el 17 de diciembre de 1692, hasta el 27 de enero de 1696. La segunda desde el 19 de mayo de 1699, hasta el 14 de noviembre de 1703.
Entre los títulos y distinciones honoríficas de este preclaro personaje, destacan los de Caballero del Hábito de San Juan, Bailío de las encomiendas de Quiroga, Yébenez y El Viso (de la Religión de San Juan). Comendador de la Orden de Malta.
Respecto a su formación científica, se sabe que tenía una «entera posesión de las lenguas latina, francesa, italiana y española, perfectamente comprehensión de las Matemáticas, Geometría, Aritmética, Geografía y Astronomía; una singular pericia de las Artes y Ciencias, Retórica, Lógica, Física y Teología Moral y Escolástica. En Malta estudió Filosofía y se aplicó a la Teología y Cánones, llegando a poder disertar perfectamente en ambas materias».
Era, según consta testificalmente en su expediente para la Mitra sevillana, «un sujeto de talento natural extraordinario» y lo mismo en su Orden que en el Estado, desempeñó por ello los más altos cargos bajo Carlos II y Felipe V.
De este singular personaje podemos contemplar hoy día su «vera efigie» en un cuadro pintado al óleo muy deteriorado enmarcado en negro, madera de 2,40 de largo por 1,40 de ancho, que se cuelga en el Coro Alto de Santa María y que le representa de cuerpo entero de pie, vestido con los ropajes cardenalicios: roquete blanco y muceta y sotana rojos, tocándose la cabeza con el birrete propio de su dignidad eclesiástica. Su edad es ya avanzada, como de unos 70 ó 75 años.
Tiene la mano izquierda apoyada en una mesa cubierta con un paño o tapete de color morado con cenefa de hilos dorados, entre cuyos dedos sostiene una especie de documento plegado o billete, tal vez las Letras Apostólicas o Bula de nombramiento, en el cual hay unas letras escritas en negro que dicen: F Sᵒʳ...; en la misma mesa descansa verticalmente una mitra blanca con bordes dorados o dos adornos de lo mismo verticalmente colocados, y una cruz de madera con un Cristo de metal.
Se ve también un tintero de cerámica del que sobresalen dos plumas de ave blancas; un sillón rojo frailero arrimado a la mesa y como fondo un paisaje compuesto de pilastra sobre la que va una base con fuste de columna y unas borlas y cordones muy del gusto de la pintura del barroco.
En el ángulo superior derecho, según se mira el cuadro, aparece un escudo que por su originalidad se blasona: escudo rectangular cuadrilongo partido: en el 1.º: en campo de azur, cinco estrellas octipuntadas de oro, colocadas de dos en dos en faja, y la quinta en punta y un creciente del mismo metal; y 2.: en campo de azur, cinco flores de lis de oro colocadas como las anteriores.
El escudo está adornado de lambrequines, que aunque tienen que ser del color del campo del escudo (azules en este caso), son de color rosa, quizá por veleidad del artista que lo pintó; presenta adornos de pergamino recortado (siglos XVI-XVII, heráldica sedentaria).
El timbre es uno de los más curiosos que he tenido oportunidad de ver, pues lo hace con casco y burelete de antiguo hidalgo, del que sale un brazo desnudo, cuya mano sostiene por el ala el capelo cardenalicio rojo (que a su vez «surmonta» el casco) del que penden dos cordones sujetos al mismo por dos borlas y en cada uno de dichos cordones seis borlas en tres órdenes: 1, 2, 3 en rojo.
En buena ley heráldica, ya que el color del capelo y de las borlas y cordones es rojo, propio de cardenales, el orden de las borlas debería ser en cinco órdenes: 1, 2, 3, 4 y 5: total quince borlas; o de lo contrario el capelo cordones y borlas y en cada uno de dichos cordones seis borlas en tres órdenes: 1, 2 y 3, todo verde, propio de obispos.
La explicación a que se timbren estas armas (gentilicias, por otra parte y no eclesiásticas, con escudo en forma ovalada, como sería lo correcto), podría ser el que aunque desde sus orígenes quedaron los cascos excluidos para timbrar con él sus armas el clero y las mujeres, sin embargo como el Cardenal Arias tenía entre sus muchos títulos el de Caballero del Hábito de San Juan, por extensión, timbrase sus armas con casco, que en origen es la señal más preclara de la Caballería.
No siendo así, no veo otra explicación, heráldicamente relevante, a no ser, de nuevo, la condición lega en heráldica del pintor.
En el escudo blasonado se ve, que siendo ya hombre de iglesia, conserva para su nuevo estado las flores de lis del linaje materno, a las que añade las cinco estrellas octipuntadas y el creciente (¿estarían relacionadas con su sede hispalense o su origen alaejano y el creciente con su amor a la Virgen María?).
La pintura lleva en la parte de abajo una cartela o tarjeta escrita con letra negra en la que se puede leer lo siguiente: «El Emmo... Gran Canziller y enbaxador de... Dos vezes Presidente de Castilla, Gobernador del Reyno. Arzobispo de Sevilla y Cardenal de la Sta. Iglesia Romana. Bautizado en esta P... que le dedica esta expresión de...». Aparentemente no se ve firma del autor de la pintura.
Como queda dicho, el cuadro presenta grandes deterioros y sería de desear que se abogase por su restauración, recuperándose esta pintura tan significativa para el pueblo, así como la del Obispo que fue de Cuenca Dr. Fernández Vadillo, en bastante mejor estado, que se cuelga en la Sacristía de San Pedro y que fue un gran benefactor de Alaejos, tanto en el arte (retablo de la Capilla Mayor, Coro con sitiales de nogal y verja del mismo, cáliz gótico de plata sobredorada, verdadera joya de orfebrería del siglo XV, ternos bordados en oro y plata, seda, donaciones suyas), como en el campo de lo que hoy llamaríamos acción social a través del pósito de determinadas fanegas de trigo para socorrer al labriego de Alaejos necesitado y evitar que cayera en manos de la usura en los años de calamidad o mala cosecha. De este Prelado aún se conseva su casa solariega que heredara de sus padres en la calle de Calvo Sotelo (vulgo: «Cárcel»).
Con ello se conseguiría tener un pequeño elenco iconográfico de los hijos de esta villa que brillaron con luz propia por distintos motivos y al que habría que añadir la litografía o grabado que se conservaba en la antigua Asociación Cultural, de D. Antonio Hernández Morejón, Catedrático de Medicina, protomédico de los Ejércitos, publicista científico, etc.
¿Existirá en algún lugar fuera de Alaejos, alguna pintura o representación del militar Cristóbal Salamanqués, bautizado y enterrado en la Parroquia de Santa María, cuyo sepulcro cubre una losa de pizarra blasonada en la nave del Evangelio, de Cristóbal Marqués, Gobernador de Gravelinas, de Juan Salamanqués, General y Gobernador de la Plaza de Olivenza, de D. Juan de la Puente, Presidente de Castilla, de Fray Lucas, fraile jerónimo, Prior de San Lorenzo de el Escorial y Obispo electo de Zamora, de D. Pedro Salamanqués, Obispo electo de Avila y confesor del Emperador Carlos I, de D. Antonio Payno, Obispo de Orense y Zamora y Arzobispo de Sevilla, de Fray Miguel de Alaejos, Prior de San Lorenzo de el Escorial, del que se dice que llegó a levantar el tono de voz al mismísimo Felipe II? Todos ellos fueron hijos de Alaejos.
Yo confío en que sí existirá alguna representación de su físico, pues muchas fueron sus virtudes y merecimientos.
Para concluir, inténtese salvar lo que se pueda de nuestro patrimonio cultural histórico-artístico, pues como dice la novelista Djuna Barnes en su libro «El Bosque Nocturno»: «rendir homenaje al pasado es el único gesto que abarca también el futuro».
Alaejos, septiembre de 1989.
Adolfo M. Araújo y González