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Programa de Fiestas · 1996

Universitarios alaejanos en la Universidad de Santo Tomás de Ávila en el siglo XVII

Adolfo M. Araújo y González·Personajes ilustres

Con ocasión de haber tenido que hacer una pequeña investigación histórica en el archivo del Convento de Santo Tomás (PP. dominicos) de Avila, ciudad medieval y renacentista que tuvo antiguamente Universidad, para completar la instrucción de un expediente administrativo sobre una Fundación constituida en el S. XVII, di con una documentación que hacía referencia a unos alaejanos que habían colacionado en ella grados académicos o habían formalizado matrícula y así aparecían en los libros correspondientes.

Como se puede suponer, continué la tarea fruto de la cual son las presentes notas, que también es de justicia reconocerlo, se basan en los trabajos de mi buen amigo de lustros el Licenciado en Filosofía y Letras y deseo que pronto doctor, Don José María Herraez (I.G.D. de Alba-1994).

I. La Universidad de Santo Tomás

La educación elemental, en los siglos anteriores al XVII se fundamentaba en el dominio y conocimiento de la lengua vernácula y el latín y la secundaria o media comprendía estudios latinos o de Gramática, Artes y Humanidades. Ambas enseñanzas estaban casi siempre en manos de religiosos (cabildos catedralicios, conventos etc.), autoridades municipales, maestros particulares y sacristanes.

Como centro de estudios superiores, la Universidad, que se estableció en el Monasterio de Santo Tomás de Aquino el Real, construido en los arrabales al sureste de la ciudad, lejos del casco urbano y que consta de Iglesia, tres claustros y la Hospedería Reyes, se ubicaban las cátedras universitarias, que siguen en cierto modo existiendo sin púlpito y sin banco corrido.

Aunque solo las Universidades o Estudios Generales aprobados por las autoridades reales y pontificias podían conceder títulos superiores reconocidos, existía una amplia gama de Estudios particulares: a) los de las Ordenes religiosas de Arte y Teología. b) los de seglares, con graduación de sus alumnos en Universidades aprobadas. c) los de Latinidad y Gramática previos a la enseñanza superior.

Así pues el Estudio particular, llamados también Universidades Menores, de Santo Tomás es elevado en 1504 a Estudio General de la Orden dominicana y más tarde confirmado como tal por el Legado «a latere» y Nuncio Apostólico, cardenal Juan Poggio elevándolo a Universidad el Papa Gregorio XIII en 1576, por el Breve «In apostolatus culmine» queda definitiva y canónicamente establecida la Universidad y posteriormente por Real Provisión de Felipe IV en 1638 se facultaba a la Universidad para desarrollar en el plano civil sus funciones.

II. Los Grados Académicos

La vida estudiantil llegaba a su fin con la obtención del grado o grados académicos y la expedición del correspondiente título.

Con el grado de Bachiller se accedía al mundo profesional de entonces (en nuestros días es, por lo general, la diplomatura y según para qué actividades) y para la docencia universitaria se precisaba el de Licenciado, Doctor o Maestro como máxima distinción.

Grado de bachiller: a) En Artes que comprendía 3 cursos. b) En Teología otros 3. c) En Cánones o Leyes 5. b) Medicina idem.

Para la ceremonia de graduación se fijaba el día y la hora de los ejercicios en los que estaban presentes cuatro o más miembros del Claustro de profesores. El Presidente solía ser el Maestro de estudiantes o Cancelario, que era el depositario del dinero recaudado y llevaba las insignias de los grados que se imponían sobre el traje académico que era y sigue siendo la toga y el birrete.

Los bachilleres llevaban en el birrete como insignia una borla de seda floja de dos centímetros de largo del color de su Facultad.

Los licenciados birrete igual al de los bachilleres y muceta del color de la Facultad (sigue vigente hoy en día).

Los doctores o maestros llevaban igual muceta que los licenciados y en el birrete una borla de seda que lo cubre enteramente del color de la Facultad (sigue actualmente), habiéndose ido añadiendo posteriormente que el que fuese doctor en varias facultades, puede mezclar por iguales partes en la borla del birrete los hilos de los colores correspondientes.

Los doctores que, además, sean licenciados en otra Facultad pueden llevar los botones de la muceta del color correspondiente a ella. También en nuestros días se les impone el anillo para que puedan firmar y sellar sus dictámenes, los guantes blancos como símbolo de pureza y como señal de que pueden enseñar la ciencia se les entrega un libro.

Algunas Universidades, las más antiguas, conservan aún las fórmulas latinas sobre todo en las investiduras doctorales.

Los colores universitarios eran en aquellos tiempos el blanco para Teología, azul para Artes, rojo para Derecho Civil o Leyes, verde para Derecho Canónico o Cánones y amarillo para Medicina.

Hoy coinciden, en general con los antiguos: Blanco para Teología, encarnado de grana para Derecho, amarillo de oro para Medicina, morado la de Farmacia, azul celeste Filosofía y Letras, azul turquí Ciencias Exactas Físicas y Naturales, habiéndose atribuido otros colores a las facultades de Sociología, Ciencias Políticas y Económicas, Ciencias de la Información etc.

Enlazando con lo anteriormente dicho a esta digresión, el Maestro de estudiantes señalaba los puntos o dificultades sobre las que versaba la defensa de los graduados y las conclusiones a que se llegaba. Se señalaba también los arguyentes y testigos. Era obligada la presencia del Secretario que daba fe de las correspondientes títulos siendo las tasas de 55 reales para bachiller, 345 para licenciado y 360 para doctor.

El graduado iniciaba una repetición (lección pública) sobre alguna cuestión de su facultad (Decretales en Cánones y Código en Leyes), a continuación respondía a las réplicas y el aspirante al grado pedía éste al Cancelario, que se lo concedía imponiéndole un bonete (birrete) sobre la cabeza pronunciando la fórmula en latín (que como se sabe fue lengua internacional del Derecho, la Teología y la Diplomacia hasta el S. XVIII, es venero y raíz de nuestra lengua y las demás romances, tan injustamente tratada junto con el griego en los actuales planes de estudio y por las que, modestamente, desde aquí rompo en su favor una lanza, ejes ambas de la cultura clásica. ¡ Ah los clásicos!, causa dolor y pena que buena parte de la juventud actual no haya leído a los clásicos, los desconoce, o les aburre, no los entienden o no les dicen nada).

«Ego, frater...., huius conventus Sancti Thomae Regalis abulensis nec non et huius Almae Universitatis Cancellarius auctoritate Apostolica sive Pontificia et Regia qua in hac parte fungor per impositionem huius pillei, birreti:Concedo tibi Gradum Baccalaureatus in (Teología, Leyes, Cánones, Artes, Medicina) Facultate et do tibi facultetem cathedram ascendi et sententias interpretandi, in Nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti».

Seguidamente subía a la cátedra y leía como bachiller, extendiéndole el Secretario el título o diploma en pergamino y sellado con el de la Universidad encerrado en «una caxita de oja de lata».

Grado de licenciado: Se precisaba para su obtención o colación el previo de bachiller y cursar otros dos años más. La ceremonia de graduación era similar a la anterior pero se sufría un examen secreto; al día siguiente se designaba a los tres arguyentes de las tres conclusiones y tres argumentos.

Finalizados los argumentos y réplicas se señalaban tres puntos en Aristóteles (Artes) Sentencias o Santo Tomás de Aquino (Teología), Decretales (Cánones), Código (Leyes); a las 24 horas se hacía un examen secreto riguroso en solitario para preparar la lección a defender facilitándosele al interesado los libros que hubiere menester y él pidiere. Transcurrido el tiempo el graduando exponía la lección ante los claustrales y tribunal. A continuación los examinadores argüían y el candidato les replicaba durante más de hora y media los artistas y teólogos y dos horas para juristas que además debían mostrar erudición.

Seguidamente se le calificaba mediante las letras A (aprobado) o R (reprobado). En el primer caso se le confería el grado dándole licencia para ascender al de doctor o maestro (esta denominación se usaba para los teólogos así, en vez de doctor en teología se decía maestro en teología), con idéntica fórmula a la empleada en el de bachiller:

«Ego, frater...., concedo tibi Gradum Licenciatus in ...... Facultate et do tibi licentiam ut ad Gradum Doctoratus sive Magisterii ascendere quando et ubi volueris, in Nomine Patris....»

Grado de Doctor o Maestro: Era un reconocimiento formal de la licenciatura que no todos alcanzaban por encarecido, eximiendo de pechar (tributar) si se lograba en Salamanca, Valladolid o Bolonia (Italia), así como de prisión por deudas, etc, asimilando a su poseedor a un hidalgo.

La ceremonia de imposición era semejante a las antedichas. El aspirante debía hacer una repetición y tras ella y los argumentos el graduando, en pie, leía «de verbo ad verbum» toda la Profesión de Fe Tridentina de Pía IV (5 folios en pergamino) y pedía luego al grado que se le confería mediante la fórmula y a dicha:

«Ego, frater.... concedo tibi Gradum Doctoratus sive Magisterii in Facultate.... et do tibi facultatem publice legendi, docendi et exponendi Philosophiam, Metaphisicam, Sacram Teologiam, Iurem Canonicum sive Pontificium, Iurem Sacrum sive Regium, Sententias Apostolicas, et caetera, tam quam Doctor et Magister, In Nomine Patris....». Al imponerle el anillo repetía: «Accipe anellum in signum fidelitatis et veritatis, in Nomine Patris...». Imponiéndole luego el birrete laureado «Accipe pilleum quod est signum Doctoratum et Magisterii, in Nomine Patris ...»

Investido ya de la máxima jerarquía académica finalizaba la ceremonia y se pasaba al refresco que daba a los claustrales.

III. Relación de Alaejanos Matriculados y Graduados

La práctica totalidad de los universitarios de nuestra villa de aquella época estudiaba en Salamanca y en Valladolid entre otras cosas, por la proximidad geográfica, colacionándose los grados en Teología y Cánones por los clérigos para optar a los beneficios eclesiásticos de ambas Iglesias (Santa María 10-11 beneficiados y San Pedro 7-8) que tenían, de acuerdo con aquella estructura social, grandes ingresos por diezmos y primicias y otros conceptos y que dicho sea en defensa de sus componentes y en el aspecto económico, observaron, en general, una vida ejemplar que hizo que, en vez de repartirse y lucrarse de los grandes peculios de sus fábricas, la posteridad, nosotros mismos inclusive y tantos que vendrán, contemplemos el pasmo de retablos mayores y colaterales de los mejores imagineros de la época (F. Rincón, E. Jordán, G. Fernández, Berruguete, Juni, Luis Salvador Carmona, etc), artesonados, orfebrería del gótico flamígero al neoclásico pasando por el Isabelino, renacimiento, barroco y rococó, pintura del XV-XVI al XVII-XIII, ornamentos sagrados de iguales épocas (brocado, tisú, seda) y en fin las esbelísimas y emblemáticas torres-campanario.

MATRÍCULAS

D. LUCAS SANCHEZ VELA

Natural de Alaejos. El día 15 de noviembre de 1640 se matriculó en teología.

GRADOS

D. GABRIEL (¿MANUEL?) DE VILLASUSO (¿VILLASCUSO?) PERLINES.

Natural de Alaejos. El día 13 de abril de 1642 se graduó de licenciado y Doctor en Cánones. Era Bachiller en Cánones por la Universidad de Vallaodlid y fue autor de varias obras de derecho canónico.

D. LOPE FERNANDEZ.

Natural de Alaejos y vecino de Morañuela (Avila). El 30 de junio de 1649 se graduó de Bachiller en Cánones.

Era presbítero de la diócesis de Valladolid y estudió en la Universidad de Granada.

D. JUAN CASADO.

Vecino de Alaejos. El 1 de septiembre de 1665 se graduó de Bachiller en Artes. Estudió en las Universidades de Ávila y Valladolid.

Ávila agosto de 1995

Adolfo M. Araújo y González.

Cómo citar

Adolfo M. Araújo y González: «Universitarios alaejanos en la Universidad de Santo Tomás de Ávila en el siglo XVII». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 1996.

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