Victoria Martínez Sogorb
La Historia olvida el papel que han tenido las mujeres. Abrimos un libro de texto de bachillerato, primaria o cualquier enciclopedia y encontramos multitud de hombres, guerreros, soldados, comerciantes, pintores, etc. Buscamos mujeres en esos textos. Es complicado, apenas aparecen y quienes aparecen son reinas o santas y raramente muy raramente alguna más. Bien es cierto que en los últimos años el feminismo ha trabajado para sacar a la luz el trabajo realizado por mujeres a lo largo de la Historia, pero aún es insuficiente para dar a conocer y reconocer el papel que han tenido y tienen en el desarrollo de la humanidad. La ignorada Olympia de Gouges, en su "Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana" de 1791, reivindicó los derechos de la Revolución Francesa, no solo para los ciudadanos, también para las ciudadanas. Por ello fue guillotinada.
Alaejos no es diferente en el poco reconocimiento de las mujeres en su historia. Se conoce bien a la reina Juana, aunque no es alaejana. También es reconocido en la historia el papel de alguna mujer de los Fonseca, aunque tampoco fueran alaejanas. Sí se conoce y reconoce a Gonzala Santana, de fecha más reciente, como benefactora y colaboradora en la escolarización de niños (¿y niñas?). Ella sí natural de Alaejos. Estas mujeres son, como decíamos, o reinas o santas o casi.
Deseamos con este escrito dar a conocer y reconocer a las grandes olvidadas, a mujeres normales y del pueblo que sí han tenido importancia y relevancia en algunos de los acontecimientos históricos del pueblo. Ellas son parte de este pueblo. Es imprescindible conocer la historia de los hechos de las mujeres, de sus trabajos y aportaciones al desarrollo colectivo para que la historia de Alaejos se vaya completando. Por eso conviene destacar la participación de las mujeres anónimas en los acontecimientos sociales, como los momentos en los que las mujeres de los obreros se convierten en protagonistas o cuando todas han de soportar, como los hombres, los desmanes de guerras y desafueros. ¿O acaso no sufrieron igual que los hombres los ataques de los comuneros, los atropellos de los franceses o los problemas de desabastecimiento en las revueltas de subsistencia?
Veamos algunos ejemplos de la historia cercana:
En 1901 hubo manifestaciones «contra los consumos». La noticia aparece como sigue en el periódico El Lábaro:
«En el pueblo de Alaejos se ha verificado una importante manifestación contra los consumos. El pueblo asaltó la casa del Ayuntamiento enarbolando una bandera en la que se leían varios lemas». (El Lábaro, 20 de noviembre de 1901).
¿Entre los que enarbolaban la bandera no había ninguna mujer? Aunque el periódico no lo cita expresamente no hay por qué dudarlo, pues la Historia ha demostrado que en todas las revueltas de subsistencia son las mujeres las primeras en acudir, las primeras en rebelarse, las primeras en las marchas de protesta. Son las mujeres las que incentivan a los hombres, son ellas las que sacan a sus vástagos para ponerlos en primera fila y mostrar así la necesidad imperiosa de solucionar los problemas... La noticia no lo expresa, pero ¿acaso cabe dudarlo cuando por otra parte se las incluye en el total, cuando se indica que el pueblo asaltó el Ayuntamiento? ¿Es que alguien piensa que se quedaron en casa cuando la vida de sus progenitores estaba en juego? Sin embargo, ¿cuántos hoy día al leer la noticia han pensado que al decir pueblo se decía también mujeres?
En 1918 durante la primera Guerra Mundial, cuando los terratenientes y oligarcas piensan más en sus negocios y envían el trigo a los países en guerra dejando desabastecidas a las clases más necesitadas, son las mujeres las que se amotinan y paralizan la salida del cereal. Que el pan faltaba y el precio se encarecía se constata hasta en las intervenciones ministeriales, como la que aporta el periódico El Debate, de 25 de junio de 1918:
«El señor Silvela ha conferenciado ayer con una comisión de panaderos para tratar con ellos del anuncio de aumento del precio del pan. Llegó al acuerdo con los panaderos que aplazasen tal medida, pues mientras no llegasen las primeras remesas de trigo argentino, realizará gestiones con los representantes de las provincias trigueras».
Pero si a nivel nacional es motivo de debates, a nivel local no se debatía se sufrían las consecuencias. Las consecuencias de sacar el trigo de la localidad cuando las clases menesterosas pasaban hambre. ¿Qué hacer? Que lo cuente el periódico:
«Dicen de Alaejos que un grupo de mujeres se amotinó al enterarse de que salían del pueblo dos carros de trigo destinados a Nava del Rey... Las mujeres consiguieron impedir la salida de los carros. Las autoridades han adoptado las oportunas disposiciones». (Valladolid, 21 de junio).
Los hechos llamaron la atención de varios periódicos que lo relataron con igual precisión. Esta vez sí, esta vez dijeron que fueron las mujeres quienes encabezaron la protesta. Así lo contaron, un poco alarmados por cómo iba llegando las noticias, en los periódicos de Madrid:
«Motín de mujeres: En el pueblo de Alaejos se amotinaron varias mujeres al enterarse de que iban a ser conducidos dos carros de trigo a Nava del Rey». (Noticias por correo, telégrafo y teléfono)
El arrojo de las mujeres impide que su pueblo, sus familias, se quede sin pan o, como dice la noticia anterior, se encarezca. Qué mejor demostración de que las mujeres, las alaejanas, consiguieron beneficiar a un colectivo social. Qué mejor prueba de que en la historia de Alaejos las alaejanas tenían algo qué decir. Gracias a estas "pequeñas" noticias sabemos de esas acciones, valientes, pero sobre todo importantes para el desarrollo de la vida de su comunidad y, por supuesto, de sus familias. ¿Y acaso esto no es Historia?
Pero aún hay más (y muchos más que permanecen ocultos a la documentación). Veamos un último caso: En 1931 un nuevo motín de mujeres pide que se pague a sus maridos los jornales de la siega que sus patronos no querían pagar hasta que ésta finalizase. La noticia, que puede leerse en el periódico La Libertad, se mezcla con otras que se encuadran en el epígrafe de "Conflictos sociales" de los días 26 y 27 de agosto, en plena República, cuando las tensiones entre obreros y patrones emergen en toda su crudeza. Así, el periódico da fe de que hay conflictos metalúrgicos en Barcelona, huelgas de mineros en Palencia, y... y entre esos conflictos destaca el siguiente, que copiamos textualmente:
«En VALLADOLID, motín de mujeres en Alaejos. Valladolid 26: En Alaejos se amotinaron las mujeres contra unos patronos que se negaban a pagar a los obreros los jornales correspondientes a las faenas de siega. Los patronos alegaban que aún no estaba terminada la faena y a pesar de esto depositaron el importe de los jornales en el Juzgado municipal y las mujeres se dirigieron al Ayuntamiento en actitud levantisca, vociferando y pidiendo que se pagara a sus maridos. El Gobernador concentró a la Guardia Civil y ordenó que se abonaran los sueldos, con lo que quedó restablecida la tranquilidad. El pueblo de Alaejos se ha visto en un conflicto que, gracias a la prudencia de las autoridades quedó resuelto al poco tiempo de plantearse.»
Hasta aquí la noticia tal como aparece en el periódico Libertad. La última línea, y a modo de conclusión, cita a las autoridades como solucionadores del conflicto. Sin embargo, desde otro punto de vista fueron las mujeres las que lo resolvieron. El conflicto de sus propias economías, pues son ellas las que necesitan los jornales para resolver las necesidades de la economía familiar. Esa economía de pequeña escala, pero que es la que da estabilidad y bienestar a las personas y los pueblos. Este ejemplo de mujeres luchadoras y "políticas" en el amplio sentido de la palabra, hizo que el pueblo pudiera volver a la normalidad. Hay que tener en cuenta que esos jornales también beneficiarían al comercio de la localidad.
Son las mujeres las primeras en los movimientos revolucionarios-sociales, participando activamente y empujando y apoyando a "sus" hombres a dar el paso en las reivindicaciones. Sirvan estos pequeños datos para dar reconocimiento a todas las mujeres que a lo largo de la Historia han mantenido a las familias y a los pueblos. Han sido economistas, médicas, educadoras... además de aportadoras de mano de obra con su propia labor y con su descendencia.
Desde aquí nuestro agradecimiento y valoración a todas las mujeres alaejanas, porque sin su participación la historia de Alaejos no sería la misma. Emplazamos a las mujeres jóvenes a seguir luchando y aportando todos sus conocimientos para que nuestro pueblo siga adelante. Y no olvidamos el reconocimiento que merecen nuestras silenciosas mujeres, abuelas, madres, hermanas, vecinas porque ellas también hacen Historia.