Los romanos introdujeron el cultivo del viñedo en la cuenca del Duero. Como señala el profesor Alain Huetz de Lemps en su obra «Vignobles et vins du Nord-Ouest de L'Espagne» (Viñedos y vinos del Noroeste de España) el vino no se convierte en un alimento fundamental de la vida cotidiana hasta el siglo X.
Alain Huetz de Lemps que recorrió la zona durante 12 años (entre 1953 y 1965) recopilando datos para su obra, alude numerosas veces a los vinos de Alaejos. Según Huetz el vino blanco de Alaejos alcanzó su mayor notoriedad en el siglo XVI: «...los burgueses de las ciudades del Norte se hacen pasar por enfermos a fin de obtener autorización para beber el vino reconfortable de Rueda y Alaejos».
Los caldos alaejanos han sido repetidamente alabados: Quevedo escribe «los paños franceses no abrigan lo medio que una santa bota de lo de Alarejos» (Talía, Musa 6ª, romance 98); Cervantes en «El licenciado Vidriera», nos cuenta como el protagonista Tomás Rodaja llega a Génova (Italia) y en una hostelería «se ofreció de hacer parecer allí, sin usar de tropelía ni como pintados en mapa, sino real y verdaderamente, a Madrigal, Coca, Alaejos, y a la Imperial más que Real Ciudad, recámara del Dios de la risa...»; de todos es conocido el provervio: «Vino de Alaejos, que sustenta niños y viejos»; Dámaso de Frías en su «Diálogo en alabanza de Valladolid» (S. XVI) escribe: «Para pan, Tierra de Campos, donde cuando falta no hay que falte en Castilla y aún en toda España. Vinos, no pudiéndose meterse de fuera por particular privilegio de los naturales, tienen tantos y tan buenos para comunes que ninguno mejores quellos como lo dicen el refrán de los vinos agudos y para los que fuera quieran proveerse como regalados y ricos de vinos de más precio, están a la mano a ocho, diez y doce leguas los de Medina del Campo, Alaejos, Madrigal y Toro que a ninguno de los famosos deben nada en bondad están los vinos de estos lugares, tan afamados de muy buenos en extremo que cuanto que vos podéis heber oído» («Vinos de Valladolid» de Luis Calabia).
Huetz de Lemps cita un documento del 23 de agosto de 1582 en el que se dice que entre los vinos consumidos en la Corte figuran los de Medina del Campo, Alaejos y Madrigal de las Altas Torres, que son los tres lugares más citados en las Ordenanzas Municipales de la época como prioritarios proveedores de vino de calidad.
Una Ordenanza Municipal de Alaejos con fecha de 15 de junio de 1580 sobre viñedos, montes, prados, ventas de vinos, etc., es un fiel testigo de la importancia que debió tener el cultivo de la vid y los vinos de Alaejos en aquella época.
En 1597 según Huetz «los taberneros protestan y piden autorización para comprar en otras partes como Nava, Villaverde, Pozaldez porque los negociantes de Medina y Alaejos les dan vino de inferior calidad para reservar los mejores a los «Arrieros de la Montaña» que los pagan a unos precios excesivos».
Las principales ciudades castellanas (Valladolid, Salamanca, Palencia...) o del Norte (León, Santander, Bilbao...) consumen en el siglo XVI y parte del XVII el vino blanco de Alaejos. En 1599 llegan a Palencia 63 carretas con 566 odres de vino blanco de Alaejos: más de 63.000 litros.
El Siglo XVI es pues «El Siglo de Oro» del vino de Alaejos.
A principios del siglo XVII, quizá exagerando la cifra, se dice que la producción llega a alcanzar 600.000 cántaros (100.000 hl.). Otra prueba de la prosperidad de Alaejos, gracias a sus vinos, son las Iglesias de Santa María y San Pedro, templos majestuosos construídos en aquella época.
La mayor parte de las casas tenían su bodega y lagar, que hoy se puede comprobar igualmente.
Es curioso que entonces se reservara el vino de calidad para los enfermos. En Bilbao, en 1583 existían tres tabernas de vino blanco durante el período de chacolí local y se añade una cuarta taberna que vende vino «regalado» para los enfermos y deber provenir de San Martín de Valdeiglesias, Medina del Campo, Madrigal de las Altas Torres o Alaejos.
Ya en la segunda mitad del siglo XVII otros pueblos van tomando el relevo de Medina y Alaejos: La Nava, Serrada, La Seca, etc.
En un documento de 1751, se dice que de las 20.302 obradas, 1286 son viñas de primera, 1592 de segunda y 2129 de tercera, es decir aproximadamente la cuarta parte. Según el catastro de la Ensenada de esa misma fecha la producción es ya mediocre: 7247 Hl., muy lejos de años anteriores.
En 1785 la cosecha no llega a la quinta parte de lo que fue, acentuándose cada vez el descenso de producción.
Ya en el siglo XIX, en 1884 existen solo 1.000 hectáreas de viñedos y la producción es de 3.200 Hl.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX se suceden las plagas que atacan los viñedos: el oidium entre 1855 y 1862, el mildiu en 1884 para terminar arruinando las escasas viñas la terrible filoxera.
Ya en el siglo XIX la superficie de viñedo es muy escasa, según los datos que facilita D. Victoriano Braña en 1952 eran 12 las Hectáreas de primera; 61 de segunda y 302 de tercera (no llega al 2% del total) y la producción de clarete y blanco muy escasa.
Actualmente existe una superficie de 10,8 Has. plantadas del tradicional verdejo, dentro del Plan Experimental de Viñedos por la Diputación Provincial que acertadamente escogió entre otros a Alaejos que tuvo un pasado espléndido en la producción de vinos.
A. Castaño