Teresa Mangas Lucas
Todos conocemos que el siglo XVI fue crucial en la historia de Alaejos. Su ventajosa posición en una encrucijada de caminos, la favorable coyuntura económica iniciada en el reinado de los Reyes Católicos y el impulso dado por los Fonseca, marcan el despegue y el esplendor de la villa durante gran parte del siglo XVI. Basado en gran medida en la calidad de sus vinos, cuya fama tuvo reflejo en la literatura de la época. Fueron nuestros clásicos y sus constantes alusiones a este vino en sus obras lo que le dieron rango literario y en algunos casos paremiológicos como los célebres versos de:
QUEVEDO..... Esteren sus casas estos recoletos
que a la chimenea pasan el mal tiempo.
Vistan de tapices salas y aposentos;
gasten tocadores y grana en el pecho:
que tapices y esteras todo me lo cuelo,
y cuelgo las salas que están acá dentro
Los paños franceses no abrigan lo medio
que una santa bota de lo de Alaejos
CERVANTES, ya nos había hablado del vino de Alaejos por boca del Licenciado Vidriera: Allí conocieron la suavidad del Trebiano, el valor del Montefrascón, la fuerza del Asperino, la generosidad de los dos griegos Candia y Soma; la grandeza del de las Cinco Viñas, la dulzura y apacibilidad de la señora Guarnacha, la rusticidad de la Chentola, sin que entre todos estos señores osase parecer la bajeza del Romanesco. Y habiendo hecho el huésped la reseña de tantos y tan diferentes vinos, se ofreció de hacer parecer allí, sin usar de tropelía, ni como pintados en mapa, sólo real y verdadexamente, a Madrigal, Coca, Alaejos, y a la Imperial mas que Real Ciudad, recamara del Dios de la risa; ofreció a Esquivias, a Alanis, a Cazalla, Guadalcanal y la Membrilla, sin que se le olvidase de Rivadavia y de Descargamaría. Finalmente, mas vinos nombró el huésped, y mas le dio, que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco.
Los autores de nuestro teatro clásico tuvieron también bien presente este vino al que le atribuían todo tipo de virtudes, llegando, incluso, a personificarlo en la figura de un médico (aunque fingido) como hizo TIRSO DE MOLINA en La Fingida Arcadia:
(PINZON se finge médico y dice: )
Yo soy de nación gallego;
mi natural Rivadavia,
el doctor parra mi abuelo
gran medico de infusiones,
mi padre el doctor Sarmiento;
yo, que de razón debiera
llamarme conforme aquesto
también el doctor Racimo,
porque no lo consintieron
las aguas de aquel otoño
que las viñas corrompieron
vine a llamarme en Castilla....
ANGELA: ¿Como?
PINZON: El doctor Alaejos
ANGELA: Todos son nombres vinosos
También podemos destacar cómo LOPE DE VEGA habla del filósofo Alaejos en La Dorotea: TEODOSIA: Toma estos higos, Gerarda / GERARDA: Por ti tomare uno, que no lo hiciera por el padre que me engendro. Pero es menester que sepas que con el higo se bebe tres veces / TEODOSIA: ¿Quién lo escribe? / GERARDA: El filósofo Alaejos. ¿Pensaste que era Plutarco? Ábrole por medio. Dame, Celia, la primera.
En la misma obra Gerarda declara tener más afición al vino que a la poesía: DOROTEA: ¿Que es eso, tía, que te suena en la manga? / GERARDA: Un papelillo que estaba encima de la mesa deste caballero magnífico. Parecieronme versos; y aunque es verdad que soy mas aficionada a una bota de Alaejos que a las trescientas de Juan de Mena, por si es cosa que puede aprovecharte, me lo puse en la manga. Léemelo, por tu vida.
También el dramaturgo MIRA DE AMESCUA en La Fénix de Salamanca, nos cuenta en un personaje: SOLANO: Jaramillo, este tu amo / debe de ser hechicero, / escolar o nigromante; / porque aquellos embelecos / y aquestas transformaciones, / ¿quién las hace sino aquellos / que andan de viga en viga / y vuelan de techo en techo? / y si es así, Jaramillo / dile que yo se lo ruego, / que no me convierta en ganso / sino en vino de Alaejos.
La rivalidad entre vinos de la zona ya estaba presente en el siglo XVII, nótese la disputa que establece TIRSO DE MOLINA en este fragmento de La Lealtad contra la envidia: OBREGON: ¿Hay bota? / CAÑIZARES: Con munición de Alaejos / OBREGON: Esa afrenta / tome Medina a su cuenta, / pues silos sus vinos son / los monarcas de Castilla.
Es evidente que Alaejos tuvo un tiempo glorioso alrededor de sus vinos. Cuesta imaginar, desde la perspectiva de cuatro siglos, que el paisaje de estos campos estuviera plagado de viñedos. Como casi siempre, a toda época de esplendor le sucede otra de decadencia. En años sucesivos, la rivalidad con otros vinos, las diversas crisis y las epidemias, terminaron con las cepas, dando paso a otros cultivos.
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