Alejandro Diez Lucas
Este texto lleno de palabras que brotan torpes de la mente de este atrevido aprendiz de "escritor", busca hacer ver al lector el grado de relevancia y protagonismo que el oficio del pastoreo y los pastores de ovejas han tenido en muchos momentos de nuestra historia y su influencia en la evolución humana y en la formación de la sociedad que hoy conocemos. Pretende además, que cuando se encuentre la figura solitaria de uno de ellos, tan solo acompañada de su rebaño de ovejas, de su perro compañero de solanas y de fondo la monótona melodía de las cencerras y de un transistor que relata ruidoso el "parte" de noticias, sea un poco más consciente de lo que esa figura solitaria representa también para nuestra tierra y en particular para nuestro querido pueblo: Alaejos..., un pueblo de pastores.
Si alguna persona quisiera poner en entredicho la frase que encabeza este texto, podríamos decir sin ningún género de dudas, que Alaejos es el pueblo de la comarca donde más pastores "sueltan" sus ovejas a "carear" los rastrojos en verano, o a comer alguna cuñeta en primavera; aunque tristemente nada que ver con los que había hace treinta años por nuestros campos y menos aún con el número de ellos que albergaba Alaejos en el siglo XVIII, con un censo de más de ochenta pastores para una población de unos tres mil quinientos habitantes. Precisamente es a primeros del citado siglo, en concreto en el año 1712, cuando una partida de ellos se organizan y forman la Cofradía de Pastores de Nuestra Señora de la Casita, la cual ha permanecido activa hasta nuestros días y que cumplirá 300 años de veneración a la patrona de Alaejos en los próximos días de agosto. Conforman la cofradía en aquellos días, pastores de Alaejos principalmente, pero también de localidades vecinas como Nava del Rey, Siete Iglesias de Trabancos, Fuentelapeña, Fresno el Viejo, Torrecilla de la Orden, Cañizal y Vadillo de la Guareña. Durante estos tres siglos, la cofradía ha pasado por distintas etapas en cuanto a importancia y cometidos: en aquellos años se encargaba de sufragar todo tipo de gastos y arreglos en la ermita de la Virgen e incluso de costear el importe de los novillos que se soltarían en las fiestas de septiembre. Ahora sin embargo, y por si alguien lo desconoce, la Cofradía de Pastores es quien contrata y paga (normalmente el mayordomo) a los músicos que cada 8 de septiembre tocan la dulzaina y el tamboril, para que todo el pueblo baile a la Virgen alrededor de la ermita, junto con la cofradía de bailarines al frente; además el día 7 y como es tradición, organiza la celebración de "las vísperas" con el cambio de mayordomo en la ermita de La Virgen de la Casita para posteriormente, y siempre con el sonido de la dulzaina y el vito testigo, degustar un suculento "refresco" para cofrades, corporación e invitados, también a cargo del mayordomo que la "sirva" ese año. En la actualidad la Cofradía de Pastores la componen ciento sesenta y ocho "hijuelos" o cofrades, todos ellos pastores o descendientes directos de estos, requisito indispensable para formar parte de esta tricentenaria agrupación que ha perdurado hasta nuestros días.
Pero volvamos sobre el tema que abre este texto y comencemos por el principio, por el origen de la ganadería ovina y de los primeros pastores de ovejas, una de las profesiones más antiguas que se conocen, para lo cual nos debemos remontar aproximadamente unos diez mil años atrás. Hasta entonces la base de la dieta del hombre, la aportan la carne de los animales que caza o pesca y los frutos que recoge de las plantas que la naturaleza le pone a su alcance, es lo que se denomina un cazador-recolector, toma lo que tiene a su alrededor sin más. El hombre vive de forma nómada, no tiene un asentamiento fijo, ya que para garantizar la provisión de carne, pieles y huesos, debe seguir los movimientos migratorios de los animales que caza.
La ganadería poco a poco evoluciona, que junto con el nacimiento de la agricultura que proporciona alimentos para el hombre e incluso forrajes para el ganado, aporta al hombre una seguridad alimentaria que le arraiga a la tierra y que al disponer de más tiempo libre, le permite crecer intelectualmente, lo que se traduce en un mayor desarrollo socio-cultural de estas nuevas sociedades neolíticas.
Este nuevo modo de vida de las sociedades agrícola-ganaderas, se extiende desde Asia por toda Europa y llega a España a través de los Pirineos hace unos cinco mil años aproximadamente; es entonces cuando los primeros pastores con sus rebaños de ovejas aparecen en la península Ibérica. A partir de aquí, los distintos pueblos que habitaron nuestra tierra: Celtas, Íberos y Cartagineses, Tartesos, Romanos o Visigodos, harían más o menos aportes a la ganadería ovina hispánica, hasta la llegada de los musulmanes a España, que durante ocho siglos nos acompañarán con sus frecuentes rebaños de cabras.
Durante este largo período musulmán, los pastores castellanos tenían un papel muy importante, pues aparte de cuidar de sus ovejas, hacían también labores de información y espionaje para los servicios de "inteligencia" cristiana, ya que eran los únicos que frecuentaban con sus rebaños la frontera o tierra de nadie, que era una franja de terreno sin cultivar que todos los años se convertía en campo de batalla, al reanudarse las campañas bélicas con la llegada del buen tiempo.
Sabedor de la importancia económica del gremio pastoril, el rey Alfonso X el Sabio crea en el año 1273, el Honrado Concejo de la Mesta y promulga leyes en favor de los pastores, como la liberación del servicio militar, una fiscalidad especial, derechos de paso y pastoreo a través de una red de caminos y cañadas que aún hoy perduran (por nuestro termino municipal discurre la cañada real montañesa) y que facilitaban la trashumancia de las ovejas de un sitio a otro, evitando así daños en los sembrados, lo que provocaba continuos enfrentamientos con los agricultores; así como una larga lista de concesiones y privilegios, que hacen de este sindicato ganadero un grupo poderoso e influyente durante varios siglos. Alaejos fue testigo del poder de la Mesta, cuando en una ocasión el sindicato ganadero iencarcela al alcalde y cuatro regidores del ayuntamiento de Alaejos!
Trascurren los siglos y la Mesta lejos de perder poder, alcanza su mayor grado de importancia en el siglo XVIII, aumentando incluso el número de ovejas trashumantes desde los tres hasta los cinco millones de cabezas, de un total de diecinueve millones de ovejas que pastan nuestros campos solamente en Castilla por aquellos años. Pero es al final del siglo, con la llegada de la revolución industrial y las máquinas de vapor, cuando en Inglaterra comienzan a procesar el algodón, el nuevo competidor de la lana de nuestras ovejas, lo que unido a unos crecientes intereses agrícolas, hacen que la mesta vaya poco a poco en declive, hasta que en 1836 la reina regente María Cristina de Borbón la disuelve, poniendo fin a más de cinco siglos de privilegios y poder del gremio del pastoreo.
Para terminar con este breve recorrido por la historia de los pastores de ovejas, regresemos a la actualidad, a estos primeros años de un siglo XXI donde la situación del pastoreo es bien distinta a la de hace trescientos años, cuando se funda la Cofradía de Pastores. El sector ovino está en crisis, ya son varios años padeciendo una situación que se agrava cada día más y aunque los procesos de producción han mejorado y se cuenta con mejores instalaciones que hacen el trabajo del pastor más llevadero, los ingresos sin embargo se han recortado al máximo, la lana de oveja antiguamente tan apreciada, ahora está en precios irrisorios que no dan ni para pagar el obligado esquileo, tanto la leche como el lechazo están en niveles de precio de hace décadas y esto unido al creciente aumento de los costes de producción, principalmente de los piensos, está llevando al sector ovino a una situación límite, lo que provoca que cada día sean más los pastores que tienen que tomar la difícil decisión de abandonar sus explotaciones, lo que sumado a que no existe un relevo generacional que cubra las bajas de los pastores que se jubilan, da un resultado que nos dice que sólo en Castilla-León, han desaparecido más de tres mil pastores de ovejas en los últimos siete años.
Por desgracia la situación no es nada halagüeña para este antaño importante gremio, esperemos que esta situación mejore y tanto nosotros como nuestros nietos, puedan contemplar en Alaejos como hasta ahora, la estampa del pastor con su rebaño, esa figura solitaria y a veces romántica, que fue germen de grandes acontecimientos y civilizaciones pasadas y no olvidemos nunca que Alaejos ha sido y es..., un pueblo de pastores.