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Programa de Fiestas · 2012

Los inicios del alumbrado público

José Luis Pérez Muñoz·Economía, oficios y vida cotidiana

José-Luis Pérez Muñoz

Pocos días después de que el sol artificial —la luz eléctrica— iluminara el Teatro Zorrilla en Valladolid, los alaejanos saldrían a la calle al anochecer del jueves 17 de noviembre de 1887 para ver y comprobar el efecto que producían en nuestro pueblo los sesenta faroles de petróleo que había adquirido el Ayuntamiento para destinarlos al servicio del alumbrado público.

Siendo Alcalde don Florencio Pérez Rodríguez, el 2 de octubre de 1887, el Ayuntamiento de Alaejos acordó formar un pliego de condiciones para adquirir sesenta faroles necesarios para el alumbrado público.

Los faroles tenían una altura de 35 centímetros y una anchura de 30 cm.; tenían 9 cristales cada uno; su armazón metálico era de color verde, excepto el remate que debía de imitar el bronce. Dentro del farol se alojaba el quinqué de hoja de lata, de 4 centímetros de altura, que incorporaba el combustible (petróleo), la boquilla metálica, circular, de doce líneas (poco más de dos centímetros), donde se produce la llama; y un tubo de cristal para proteger la llama. Las palomillas para el sostén de los faroles, hechas de hierro dulce, de 85 cm. de largas por 3,5 cm. de anchas, también estaban pintadas de verde.

El precio que ofrecía el Ayuntamiento por cada farol construido era de 10,83 ptas. y el de cada palomilla de 4,25 ptas; el conjunto, por lo tanto, costaba 15,08 ptas., que multiplicado por sesenta unidades —de farol más palomilla— ascendía a la suma de 904,80 ptas., que es lo que cobró el maestro hojalatero Bonifacio Gabián Alonso, único licitador en la subasta celebrada. Por los gastos de colocación de las 60 palomillas en los lugares que el Ayuntamiento determinaría, desconocidos para nosotros, se pagaron 44,10 ptas. a Práxedes Ogeda.

El número de faroles instalados aumentaría paulatinamente de los 60 iniciales hasta, al menos, 81 faroles. Así, en 1902, juzgando poco iluminada la población, el alumbrado aumentó en 12 farolas más cuando el Ayuntamiento creyó conveniente «el colocar ocho farolas en esta localidad y una a la puerta del (...) Alcalde, a las de los Tenientes y Juez Municipal toda vez que sería de utilidad y más fácil para si algún forastero tubiera que demandar auxilio de alguno de los cuatro». En 1903, el número de faroles aumentaría hasta 78 cuando se instalaron seis más.

El Ayuntamiento tenía previsto adjudicar el arrendamiento del servicio del alumbrado público el 17 de noviembre de 1887, pero tres días antes acordó que, si no había ningún postor, se celebrara una segunda subasta el 4 de diciembre.

Los faroles se debían encender al oscurecer hasta las doce de la noche. El arrendatario los podría apagar antes, con permiso de la autoridad, si saliera la luna y alumbrara con claridad. En las noches de luna llena no debía encenderlos. En los años sucesivos, aumentará o disminuirá un poco la hora de apagar el alumbrado, destacando el año 1905 por el especial recorte, que también afectó a los situados en las viviendas de las autoridades. De tal modo que los faroles estaban encendidos desde el oscurecer hasta las nueve y media de la noche en los meses de diciembre, enero y febrero, y el resto de meses hasta las once de la noche. Desde la entrada en funcionamiento del alumbrado público hubo tres días al año en que el alumbrado debía estar toda la noche encendido: en nochebuena, el domingo gordo y el martes de carnaval.

Para mantener el servicio del alumbrado público en perfecto estado, el Ayuntamiento había impuesto en las bases de las subastas un régimen estricto de multas. La combustión del petróleo dentro del farol ocasionaba que los cristales se mancharan y fueran quedando opacos, por lo que a primeras horas de la mañana el arrendatario debía limpiar las farolas, pues su obligación era tenerlas constantemente limpias.

El último arrendatario del alumbrado público de petróleo sería Saturnino Belloso Santana en el año 1909, siendo alcalde Nicolás Martín Alonso. Y es que 1909 sería el año de la luz eléctrica en Alaejos que, como en muchos lugares, pasó directamente del petróleo a la electricidad. En junio, el Ayuntamiento concedió licencia a Eduardo de Burgos Muñiz para "colocar en la vía pública los soportes aisladores y demás material necesario" para el tendido de la red general y colocación de palomillas y postes en edificios públicos para la instalación del alumbrado por medio de la luz eléctrica.

Cuando se cumplen 125 años del alumbrado público, la iluminación no juega en nuestro pueblo un papel tan importante, si alguna vez lo ha hecho, en el desarrollo de las actividades sociales, lúdicas y económicas como en el presupuesto de gastos municipales. En 2011 la facturación por suministro de energía eléctrica al municipio ascendió a más de 120.000,00 euros, de los que 50.000,00 euros correspondieron al alumbrado público; cifras muy importantes, como los más de 40.000,00 euros que cada año se gasta en el bombeo para el suministro de agua potable (alumbrado público y abastecimiento domiciliario de agua potable, dos servicios básicos y de prestación obligatoria en todos los municipios). Cifras que a todos nos tienen que hacer reflexionar y a nuestros municipios buscar, por lo que al alumbrado se refiere, a través de una auditoría energética, un sistema capaz de adaptarse a las necesidades actuales, con equipos energéticamente más eficientes y un sistema de regulación y control adecuados que permitan obtener una importante reducción del consumo, a ser posible, sin disminuir sus prestaciones de calidad y de nivel de iluminación.

Adjudicatarios del Alumbrado Público por Petróleo

* El año económico comenzaba el 1 de julio de un determinado año y terminaba el 30 de junio del siguiente. ** Segundo semestre. *** Se rescinde el contrato de mutuo acuerdo.

Cómo citar

José Luis Pérez Muñoz: «Los inicios del alumbrado público». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2012.

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