Biblioteca de los programas de fiestasAlaejos · 1954 – 2026

Programa de Fiestas · 1993

Razón y necesidad de los pequeños museos rurales

Adolfo M. Araújo y González·Patrimonio artístico y religioso

Adolfo M. Araújo y Glez.

Se tenía la intención, a raíz de la magna exposición vallisoletana, celebrada en el Castillo de Fuensaldaña, a la que Alaejos concurrió con tres piezas extraordinarias de los siglos XV y XVI, de crear una zona de seguridad en la Iglesia de Sta. María que a la vez sirviera a modo de pequeño museo local de arte sacro, contando con las ayudas de la Excma. Diputación Provincial, Ayuntamiento de Alaejos y las que quisieran aportar los amantes del arte, la cultura de nuestra villa.

Posteriores hechos dolorosos, como el expolio y robo sacrílego cometido en el mes de mayo y el feliz rescate de lo robado, hicieron que lo que se pensó como proyecto sea ya realidad gracias al entusiasmo y cariño con que el pueblo de Alaejos todo, vecinos presentes, oriundos de la villa y residentes fuera, Ayuntamiento, Cámara Agraria Local, Arzobispado, Excma. Diputación, Entidades bancarias locales, etc., acogieron la idea del párroco.

Con ello creemos que se puede contribuir a que el arte no sea sólo puro placer o pura estética.

El arte religioso cristiano, por ejemplo, nació principalmente para enseñar al pueblo. Las obras de arte eran entonces como libros abiertos que todos comprenían, cuando los libros estaban solamente en manos de obispos, monjes o reyes. La arquitectura, la pintura y la escultura cristianas nacen con un fin principal: presentar a los ojos del pueblo los misterios evangélicos humanizados, para su comprensión, en manifestaciones artísticas, imbuidas de lo religioso, que se van creando y van educando al pueblo durante siglos y siglos.

Cada barrio, cada pueblo o aldea, cada lugar, cada región, tuvo sus propias manifestaciones artísticas y culturales concretas, enraizadas en lo que se estaba viviendo, en lo que se estaba enseñando, en lo que interesaba a la comunidad, formando así, pueblo, tierra y creación artística un todo armónico, integrador y vital.

En los siglos XIX y XX, hubo un afán de centralizar obras de arte en museos, palacios, academias, catedrales y otros «lugares pomposos». Últimamente, al mismo tiempo que las regiones campesinas se van empobreciendo y despoblando, se ven despojadas de su patrimonio artístico y cultural. Y así, al lado de la triste emigración de personas, está la incultura, fruto, entre otras causas, de la expoliación y afán de estos centros de quitar estos focos de espiritualidad, estas fuentes y estos alimentos culturales. Es una injusticia grave hecha a los pueblos, a los que hay que llevar por todos los medios la cultura. Acercar al pueblo estas obras de arte es tanto como llevar una biblioteca o un ciclo de conferencias o la concentración parcelaria. Es recobrar lo que es suyo, las propias obras de su espíritu.

Esta labor, cultural y espiritual a la vez, debe ser apoyada desde las Instituciones: no entorpecida sino favorecida. Habría que revisar las causas de la existencia de obras de arte en ciertos lugares y ver de dónde proceden, por qué fueron arrancadas de su lugar y dónde deberían volver.

¿Por qué ese afán de centralizar todo? ¿Por qué tenemos que ir todos al mismo sitio a contemplar obras de arte amontonadas, desarraigadas de su lugar y ambiente?

La historia y el arte no deben dormir en un quietismo mortecino y estéril, sino tener una proyección social, cultural y religiosa rentable y fecunda; ser lección y acicate estimulante para el presente y para el futuro.

Cómo citar

Adolfo M. Araújo y González: «Razón y necesidad de los pequeños museos rurales». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 1993.

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