Adolfo-M. Araujo y González
A modo de ambientación se han de hacer las siguientes consideraciones previas: El siglo XII señala la aparición de los primeros blasones y su importancia hizo que su uso se ajustase a una serie de reglas, que reconocidas por la jurisprudencia o el Derecho Público adquirieron carácter jurídico.
Estas reglas apoyan las normas heráldicas y se constituyen las diferentes armerías que distinguen a individuos, familias o linajes.
La Heráldica se divide en tres períodos: Primitivo, que comprende del siglo XII al XV; Sedentario, los siglos XVI y XVII, y Decadente, en los siglos XVIII y XIX. Paralelamente se pueden considerar también tres grupos: Heráldica gentilicia, privativa de las personas físicas, Heráldica municipal, propia de ciudades, villas y lugares y Heráldica corporativa (Profesional, Industrial, Deportiva y Militar).
Alaejos es una villa con tan rico acervo heráldico, que justificaría el más completo estudio histórico, político o sociológico que, naturalmente escapa al espacio y lugar de que se dispone. De este acervo dan fe y testimonio vívido las piedras armeras que exhornan las fachadas de las que, en su día, fueron casas solares de hidalgos linajes del Reino y que, en su mayor parte, se hallan en buen estado de conservación.
Predomina en la heráldica alaejana la gentilicia, con 15 escudos de piedra, amén de las lápidas funerarias blasonadas y los en madera que rematan algunos retablos de ambas Parroquias; la eclesiástica se halla representada por un escudo episcopal de forma oval clásica, timbrado de capelo del que arrancan los cordones con borlas en 1-2-3; la municipal finalmente con el escudo propio de la villa que se comentará seguidamente.
De entre los hidalgos que otrora poseyeron y usaron los escudos de armas que hoy contemplamos, les hubo que fueron Caballeros de las Ordenes Militares, como pregonan las veneras de Santiago y Calatrava acoladas a sus blasones, añadiendo a su hidalguía de linaje y cuna el espíritu cristiano, la abnegación y el servicio.
En cuanto a la Heráldica municipal, el Ministerio de la Gobernación, por Orden de 23 de marzo de 1956, insiste en la necesidad de que cada Ayuntamiento use de Armas propias, según está previsto en el Reglamento de 17 de mayo de 1952. Se trata con esta disposición de restablecer la antiquísima costumbre del empleo de armas por los Concejos. La Heráldica municipal comienza en la Edad Media, conservándose vestigios de ella en la colección de sigilografía del Archivo Histórico Nacional.
El escudo de armas de la villa de Alaejos es de un solo cuartel, cumpliendo así el requisito de que las armas simples y menos cargadas resultan más agradables y mantienen el principio fundamental de la Heráldica, que es la sencillez, y que blasonado queda de la siguiente manera: En azur una estrella de plata de ocho puntas y en jefe seis flores de lis del mismo metal en faja. Bordura de oro y timbrado de corona ducal.
De las figuras de este escudo y de su timbre, y en una razonable hermenéutica se pueden establecer las siguientes conclusiones: La estrella de ocho puntas probablemente procede de la casa Fonseca que tuvo en señorío la villa, siendo su Señor más representativo el arzobispo D. Alonso, que lo fue de Sevilla y Santiago y que guerreó contra Bernaldo Yáñez de Moscoso, hasta que, fatigado por tanta zozobra y contienda, resignó su mitra en manos de Fernando el Católico. En origen los lugares, villas y ciudades al ser de realengo, abadengo, behetría o señorío adoptaron las armas de su Señor y al efectuarse posteriormente su emancipación compusieron sus escudos de armas o añadieron a las primitivas otros signos de distinción, como se observa en las flores de lis del jefe del escudo, quizá adoptadas en homenaje al primer Rey Borbón que ocupó el trono de S. Fernando.
En relación al timbre de corona ducal (círculo de pedrería y oro realizado de ocho florones, de los cuales cinco vistos), es probable fuera tomada de la casa de Veragua a quien, por sucesivos matrimonios y familiares alianzas, pasó el señorío de la villa. En la actualidad es la duquesa de Alba de Tormes la que, entre otros, posee el título de Señora de la villa de Alaejos.
A los municipios la Heráldica les prohíbe el uso en sus armas de cascos, plumas lambrequines y los exclusivos de la Heráldica gentilicia.
El Ayuntamiento de Alaejos, fiel a su glorioso pasado y observante estricto y puntual de las órdenes del Gobierno, puede orgulloso blasonar, y nunca mejor empleada la palabra, de un escudo de armas compendio de honor e historia, pues ya como decía Eugenio D'Ors: "todo lo que no es tradición es plagio".