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Programa de Fiestas · 2014

El convento de San Francisco de Alaejos

Almudena Ojeda Torrero·Patrimonio artístico y religioso

Almudena Ojeda Torrero

Recógete, pues, en ti mismo tanto cuanto puedas; busca a aquellos que puedan hacerte mejor, y recibe también a aquellos a quienes puedas tú mejorar. Esto es recíproco: los hombres aprenden cuando enseñan. Sin embargo, no te has de exhibir por todas partes para hacer gala de tu ingenio y dar lecciones públicas. Te lo permitiría si tus sentimientos estuvieran acordes con los del pueblo [...].—Entonces, ¿Para quién he aprendido todo esto?—No temas haber perdido el trabajo; lo has aprendido para ti.

Séneca, Cartas a Lucilio

Consecuencia de la Contrarreforma religiosa impulsada por la monarquía hispana a mediados del siglo XVI cobra fuerza en la Península el fenómeno de expansión conventual. Alrededor de cuatro mil conventos llegaron a levantarse en menos de un siglo, siendo la provincia de Valladolid una de las más fecundas del entonces reino de Castilla.

El señor de Alaejos, el séptimo de los señores en la villa, no se quedaría al margen de la importancia que tenía entonces el acoger en sus dominios una orden del clero regular. Rondaba el año 1572 cuando los frailes reformados de la Orden de San Pedro de Alcántara, franciscanos descalzos en adelante, llegaron a Alaejos por primera vez. Su presencia, aún sin asiento fijo —convento— formaba parte de la estrategia habitual de la orden y tenía como fin evaluar el grado de aceptación de los frailes en las localidades donde la congregación deseaba fijar residencia.

Ahora bien, la respuesta de los principales de la Villa a esta visita, quienes vieron en el nuevo capricho del señor una oportunidad más para desafiar su dominio, no se hizo esperar. Dicho en otras palabras: la decisión del señor dio pie a una nueva revuelta antiseñorial, tal y como señalan las fuentes y estudios sobre el tema. Llegando tal malestar, como era predecible, a oídos de Fonseca quien sin piedad los encarceló.

Conseguido su propósito, relata la Crónica de la Provincia de San Pablo de 1728, fueron los propios frailes quienes solicitaron la libertad de los encarcelados. Y fue pocos años después cuando se iniciaron las obras del convento, siguiendo estrictamente su propio reglamento interno: "ninguna pared de las casas sea de cantera labrada, y toda la madera de la casa sea tosca y no labrada a cepillo". Las paredes se levantaron con muros de mampostería de tapial, con cimientos de sillarejo de caliza y con refuerzo en las esquinas con sillares y sillarejos, siendo la zona de la entrada construida con muros de ladrillo macizo.

Si los principales mandatarios, entre los que se encontraban los clérigos de ambas parroquias de la villa, mostraron su malestar ante la presencia de los frailes, no menos razones tenían los vecinos del pueblo, quienes desde entonces tendrían entre sus deberes una nueva obligación económica. Pues la orden se dedicaba a la mendicidad —a pedir limosna de casa en casa— como principal fuente de ingreso, y por ende de subsistencia, y ya entonces los vecinos de Alaejos contaban con gravosos tributos por parte del clero secular.

Pero dar cobijo a los frailes significaba mucho más que una nueva carga para el Concejo y los vecinos. En realidad, argumentos para dar abrigo a los franciscanos tampoco le faltaban al señor de Alaejos. Como ya se ha dicho, la construcción del convento de San Francisco, cuya advocación estaba dedicada a San Antonio de Padua, formó parte del fenómeno de expansión conventual propio de la Edad Moderna. Localidades grandes, medianas o pequeñas villas rivalizaron entre sí por dar hospedaje a las órdenes religiosas, con el único fin de mantener y engrandecer su notoriedad.

En cuanto a la vida conventual, poco nos ha llegado. Sabemos que los frailes estudiaban teología dentro del convento, que poseían biblioteca propia y que en sus paredesse llegaron a imprimir libros de gran envergadura. Uno de los personajes más destacados fue el caso de Fray Martín Ignacio de Loyola, sobrino del fundador de la Compañía de Jesús, Ignacio de Loyola. Tras pasar dos años en el convento de Alaejos, donde tomó hábito en los primeros años de vida de la institución, Martín Ignacio de Loyola será recordado en la historia conventual por ser el primer fraile en circunnavegar el globo hasta en dos ocasiones, 1580-1584 y 1585-1589. Llegó a ser obispo de Paraguay en 1603 y misionero destacado en China y Filipinas.

Pocas noticias más tenemos del convento hasta el año 1808. Fue entonces cuando el dibujante y capellán del ejército inglés de paso por Alaejos, William Bradford, plasmó en su dibujo la figura de un fraile dirigiéndose hacia el pueblo. Tan solo un año después de esta imagen, y atendiendo a las pautas de los estudios, se achaca la desaparición del convento, a causa de la francesada. Las decisiones tomadas por José Bonaparte sobre las órdenes regulares afectarían en mayor o menor grado a todos los conventos masculinos de la provincia; la ocupación, o en su caso devastación de los conventos por parte de las tropas francesas (1809), la incautación de sus bienes y finalmente la supresión de las órdenes regulares masculinas en agosto de 1813, terminaron por hacer mella en el convento de Alaejos, y en el de sus homólogos cercanos, convirtiendo poco más que en leyenda su existencia en la villa durante más de dos siglos.

A la espera de que la documentación sobre el convento desempolve sus años de letargo, si verdaderamente existe, no cabe duda de que al menos hoy podemos poner cara a la historia del convento de Alaejos, dejando por tanto de lado años de leyenda y especulación sobre su existencia y completando de esta forma un capítulo más sobre la Historia de nuestro pueblo.

Cómo citar

Almudena Ojeda Torrero: «El convento de San Francisco de Alaejos». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2014.

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