Almudena Ojeda Torrero
A comienzos del siglo XIX la población española se ve inmersa en la desamortización. Un término poco novedoso para la sociedad de entonces, pues fue en el siglo anterior cuando, de manos de los ilustrados, se inició el camino para desposeer a las «manos muertas» de su cúmulo de propiedades. Sin embargo, será en la década de 1834 a 1844 cuando se concentren la mayoría de subastas y ventas de bienes del clero regular, y más tarde del clero secular, en la provincia de Valladolid, respondiendo de esta manera a la normativa legal orquestada por el ministro Juan Álvarez de Mendizábal. La finalidad de tal medida, al igual que hicieron sus predecesores, quedaba sobradamente justificada por Mendizábal: «necesidades hacendísticas». Por otro lado, y a ojos de los progresistas, la masa de bienes y derechos que habían adquirido los estamentos privilegiados desde la Edad Media, entorpecían el camino hacia una economía plenamente liberal.
A la orden del ministro, compleja por la cantidad de normas y decretos que la acompañan, encontramos numerosas fuentes: expedientes, protocolos, libros de cuentas o el propio Boletín Oficial de la Provincia, encargado de anunciar el lote de propiedades a subastar. También en Alaejos se dejó sentir la ley promulgada por Mendizábal, atañendo en su mayoría a tierras, casas y fincas de pequeño tamaño pertenecientes al clero y que fueron durante esta década objeto de subasta. En octubre de 1841, «Una casa en el casco villa de Alaejos y su plaza mayor perteneció al convento Descalzas de la Ciudad de Zamora; su figura consiste en un paralelogramo rectángulo que tiene de fachada principal 27 pies... ninguna renta ha producido por estar sin ocupar desde la exclaustración de la Comunidad a causa de su mal estado...». Su deterioro debía ser poco atractivo para los vecinos por su estado, puesto que citan que: «Se halla destrozada y de casi ningún valor toda ella». Motivo por el cual no será hasta dos años más tarde, en agosto de 1843, cuando se regule su precio de remate y ese mismo año, Francisco Rodríguez, vecino colindante de la casa entregue el primer pago del precio de subasta.
En los siguientes años, continuó el proceso desamortizador. En agosto de 1843 sale a subasta «Un pajar arruinado con corral que perteneció a la comunidad Eclesiástica de la Parroquia de Santa María de la Villa de Alaejos, calle de Carranza...», adquirido en marzo de 1844 por Andrés Lucas vecino de la Villa. En el mismo año aparece anunciada «una bodega que en la villa de Alaejos, su calle Lucas Martín, perteneció al Cabildo de Salamanca y casa de Tomás Castrejón...». Tras varios anuncios para hacer atractiva la subasta fue «retasada» en febrero de 1844 para su venta por 2500 reales. O también en mismo año «Una panera-cilla que en la Villa de Alaejos perteneció a la fábrica de la Iglesia de Santa María, sita detrás de la misma iglesia, consta de piso bajo y principal...» adquirida por Manuel García Santana en abril de 1844. En mayo del mismo año aparece en subasta «Una heredad de tierras en término de Alaejos que perteneció a la hermandad del Santísimo Cristo... consta de 9 pedazos y hacen 16 fanegas.» Desconocemos (por ahora) quiénes adquirieron estas últimas propiedades, pues la documentación sobre la desamortización responde también a los vaivenes políticos del diecinueve. Hacia 1845 esta comienza a disminuir. Justo un año antes, los moderados se habían ganado el apoyo de Isabel II, y fue el propio Narváez, por entonces presidente del Gobierno, quien negoció con el Clero y la Santa Sede el cese de venta de los bienes pertenecientes a la Iglesia.
Se pueden esbozar algunas conclusiones sobre estas subastas desamortizadoras que tuvieron lugar en Alaejos, aunque su número no sea abundante. El hecho de que la mayoría de bienes subastados pertenezcan al clero secular no es un hecho aislado, sino que tal y como demuestran otros estudios van en sintonía con lo ocurrido en la provincia de Valladolid hacia mediados del siglo XIX. Es por tanto este un pequeño ejemplo de cómo los vecinos, conscientes o no, participaron en el desmantelamiento de la estructura económica y, a la postre, social, del Antiguo Régimen.