José M. Baraja
El siglo XVIII supuso para nuestro país un intento de superación de la decadencia del siglo XVII, consiguiendo una modesta recuperación de la atonía del siglo anterior, sin llegar a los niveles del XVI, con un crecimiento económico sin desarrollo que se denominó «reformismo ilustrado».
En las regiones que hoy forman Castilla y León, se produjo un estancamiento de la población en la primera mitad del siglo XVIII, y un crecimiento moderado en la segunda mitad, fundamentalmente en las áreas rurales que, para el conjunto de ellas, en su configuración actual, se ha valorado en un incremento del 3 por mil, alcanzando en el año 1.787 la cifra de 1.855.612 habitantes, de los que 196.839 corresponden a la provincia de Valladolid con un incremento de solo el 2 por mil, y 2.800 a Alaejos, que había comenzado el siglo con poco más de 2.000 habitantes, o de 3.500 a Medina del Campo (Censo de Floridablanca).
En el ámbito económico, el crecimiento se concentró en el sector agrario y en el comercial gracias a la mejora de las comunicaciones, entre las que destaca la construcción del Canal de Castilla, iniciado en el año 1.753 y no finalizado hasta muy avanzado el siglo XIX. En el año 1.797 el 66% de la población activa pertenece al sector agrícola, el 16% al sector industrial y el 18% al sector servicios (Censo de Godoy).
En el año 1.791 la producción de cereales en Castilla y León alcanzó la cifra de 23.458.000 fanegas, siendo la provincia de mayor producción Burgos con 4.182.000, y Valladolid la tercera, después de Soria, con 3.141.000 fanegas. Alaejos producía 75.000 fanegas de cereales (Descripción geográfica histórica de la villa de Alaejos y sus confines. Tomás López. 1766). Para este mismo año, las cabezas de ganado se cifran en 12.838.000, correspondiendo a la provincia de Valladolid 895.000, y para Alaejos 4.200.
Valladolid ocupaba la primera posición de la Comunidad, tanto en extensión de viñedo, con 51.120 hectáreas, como en producción de vino, entre 300.000 y 350.000 hectólitros. Vinos blancos de la Tierra de Medina y tintos de la Ribera del Duero. La producción de vino de Alaejos alcanzaba los 3.520 hectólitros.
En la segunda mitad del siglo, el Estado español promueve la creación de las «Sociedades Económicas de Amigos del País» con el decidido apoyo del rey Carlos III, a través de su Consejo constituido por ministros reformistas como José Moñino —conde de Floridablanca—, Pedro Rodríguez Campomanes, Pedro Pablo Abarca —conde de Aranda—, o Gaspar Melchor de Jovellanos, como medio de fomentar la industria y el comercio fundamentalmente en el ámbito rural. Estos jóvenes ilustrados, surgidos de entre las clases medias españolas, son los principales artífices de reformas durante la segunda mitad del siglo XVIII —año de «las Luces»— que, abandonando las antiguas creencias, confiaban en la capacidad de la naturaleza humana y sus posibilidades de progreso, en un sistema basado en la confianza en lugar de la represión, y en la sabiduría del pueblo para seguir su destino. Nacida en Francia entre los años 1.740 y 1.750, la Ilustración pronto se extendió a otros países de su entorno, entre ellos España.
En su obra «El Discurso sobre el Fomento de la Industria Popular», Campomanes reflexiona sobre el estado de la agricultura en España, su repercusión en la economía del país y la necesidad de crear una industria que mejore la vida de los agricultores y nivele la balanza de pagos de la nación española. Para conseguir estos objetivos Campomanes defendió con ardor la creación, en todo el país, de las que denomina Sociedades Económicas de Amigos del País.
En la política agraria de los ilustrados destaca la promulgación de la pragmática del año 1.765 sobre el libre comercio de granos, modificada por otra de 1.790, que pretendía facilitar la circulación entre las zonas de producción y las de consumo, y que tuvo como consecuencia un incremento de precios que hubo de ser corregido en el siglo XIX.
En el Archivo Histórico Nacional de España (Consejos. Legajos 1.078 y 1.311) están catalogadas 95 sociedades económicas de amigos del país que solicitaron su aprobación, obteniéndola 81 en diferentes lugares de España y algunas de América. La Historia de Castilla y León, tomo 8, contabiliza 22 sociedades solicitadas en la Región, y 20 aprobadas, de las que 5 pertenecen a la provincia de Valladolid, entre ellas la Real Sociedad Caritativo-Económica de la Villa de Alaejos.
Tomás Méndez y Prado, Pedro Francisco Navas, Manuel Joaquín Ballesteros, Pedro Guerrero, Josef Juan Regas, Jacinto de Castro, Manuel Caballero, Manuel Pérez Sandonís, Manuel Méndez Vadillo, Antonio Méndez Vadillo, Manuel Méndez de Prado y Manuel Hernández Gómez, vecinos todos de Alaejos, en el año 1.784 se dirigieron por carta al Consejo de Castilla, órgano de gobierno del reino de España, exponiendo que en la Villa se estableció, hace algunos años, un hospital llamado del Buen Pastor, regido por los hermanos de la orden, que han realizado una gran labor de socorro a necesitados y enfermos, que los hermanos han abandonado el hospital y no han sido sustituidos por otros. Solicitan al Consejo que, los diezmos y primicias de la antigua iglesia del despoblado de Valdefuentes, se adjudiquen al hospital para poder continuar con la labor emprendida.
En ese mismo año, promovieron la creación, en la Villa, de una Junta de Caridad, con el propósito de socorrer a los pobres y desterrar la holgazanería y mendicidad, dirigiéndose por carta a Pedro Rodríguez Campomanes en su calidad de Presidente del Consejo de Castilla, posiblemente alentados por la privilegiada relación de Alaejos con la familia Campomanes: Su hija María Bibiana Rodríguez-Campomanes y Amarilla casó en el año 1.775 con el alejano Luis Manuel Isla, tercer conde de Isla, y fijaron su residencia en Alaejos; su otra hija, Manuela Susana, contrajo matrimonio en el año 1.768 con el también alejano Florentino de Nava y Perlines, estableciendo igualmente su residencia en Alaejos.
El Consejo de Castilla recomendó a los promotores de la Junta constituir una sociedad económica, según la definió el conde de Campomanes en su obra «Discurso sobre el Fomento de la Industria Popular», aportando algunos modelos de estatutos. En junta general, celebrada el día 8 de enero del año 1.785 con la asistencia de cincuenta y dos socios, se aprobaron los estatutos de la sociedad. Los estatutos se complementaron con un sello distintivo con el lema: «En favor de la Patria. A socorrer la pobreza y desterrar la pereza».
Mediante cédula expedida por el rey Carlos III de España, el día 28 de junio del año 1.785, se aprobaron los estatutos de la que denominó Real Sociedad Caritativo-Económica de la Villa de Alaejos.
La sociedad, que llegó a tener 117 socios, atendió a los necesitados en la Casa de Misericordia, en el edificio donde estuvo el hospital del Buen Pastor, situado en la plaza de Santa María. Un edificio construido en el siglo XVIII y regido anteriormente por los religiosos del convento de San Francisco que existió en la Villa. Los propios socios tenían encomendadas las labores de identificar a los necesitados, atenderlos en la Casa de Misericordia y procurar los medios necesarios de alimentos y demás suministros.
También constituyó un montepío para jornaleros, cuyo objeto era proporcionar ingresos a los pobres no mendigos sin recursos, facilitándoles, además, el pago de sus deudas y la reparación de sus posibles quebrantos.
Acometió la tarea de enseñanza gratuita de niños y niñas, el cuidado y mantenimiento de las escuelas y el empleo y preparación de los maestros adecuados. En la Gaceta de Madrid (antiguo BOE) de fecha 27 de julio de 1.785 se hace referencia a «los progresos que han hecho las 110 niñas que asisten a la escuela gratuita que ha abierto la sociedad».
La industria en la Región estaba centrada fundamentalmente en el sector textil (35%), seguido del cuero (17%) y la construcción (14%), y sometida a desajustes de organización gremial, en opinión de Campomanes y Jovellanos. En el año 1.770, Carlos III ordenó que las Juntas de Comercio y Moneda suprimieran de las ordenanzas gremiales todas las normas que obstaculizaran la expansión de la industria.
La mayor expansión de la industria se produjo en el ámbito rural como consecuencia del aumento de la población y de la producción agrícola, de sus bajos costes de producción y la oferta de productos bastos, de mediocre calidad y precio asequible. Dice Tomás López, en su citada obra, que «la fábrica de paños bastos que existía en Alaejos conseguía unos productos tan semejantes a los de la fábrica de Santa María de Nieva que, en el año 1.777 se mandó, por Real cédula de S.M., poner en la marca de los paños de Alaejos las armas de la villa con la inscripción Real Fábrica de Alaejos». En ella trabajaban diez telares con los correspondientes oficiales hilanderos, con una producción de 30.000 varas de paño y jerguilla.
La sociedad estableció dos fábricas, una de estera y otra de velas de sebo, gestionadas por los propios socios, autorizadas con la condición de no perjudicar a las fábricas de los particulares.
En el plano de la arquitectura y el arte, en la primera mitad del siglo predominó el estilo barroco, destacando en la Comunidad la construcción de la catedral Nueva de Salamanca, o la Clerecía, la remodelación del palacio de La Granja en la provincia de Segovia, y la fachada de la universidad de Valladolid, entre otros muchos.
En Alaejos, a lo largo del siglo, se construye el presbiterio de la Ermita de la virgen de la Casita, en la línea del barroco que predomina en la época; también la fachada principal del edificio, y un retablo nuevo para albergar la imagen de la Virgen, de estilo neoclásico de finales del XVIII.
En la iglesia de Santa María se construye la nueva sacristía, el camarín y hasta once retablos diferentes a lo largo del lado del Evangelio, el lado de la Epístola y sobre las columnas de la nave central, de los tres estilos característicos del siglo, barroco, neoclásico y rococó.
En la iglesia de San Pedro se construye un retablo barroco dedicado a san Antonio de Padua en el lado del Evangelio. En el lado de la Epístola un retablo rococó dedicado a la Virgen, un retablo barroco dedicado al Niño Jesús y otro dedicado al Cristo de la Caridad.