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Programa de Fiestas · 2017

A propósito del castillo

José M. Baraja·Patrimonio artístico y religioso

José M. Baraja

El valle del Duero sufrió una importante despoblación en el siglo VIII como consecuencia de la invasión musulmana, hasta que los cristianos, en los siglos IX y X, consiguieron recuperar territorio y repoblarlo, estableciendo una línea defensiva a base de torres y castillos en la línea del río Duero. Posteriormente, al final del siglo X, estas poblaciones castellanas volvieron a ser invadidas, en este caso por Almanzor, paralizando el esfuerzo repoblador y desbarataron la red de castillos que el reino cristiano había construido a lo largo de la cuenca del Duero.

En el siglo XI se produjo la primera unión de los reinos de León y Castilla, al ser proclamado rey de León, en el año 1037, el hasta entonces conde de Castilla, convirtiéndose en Fernando I rey de Castilla y de León. Fernando muere en el año 1065 y deja en herencia a sus hijos la división de su reino: a Sancho el reino de Castilla, a Alfonso el reino de León, y a sus hijas, Elvira y Urraca, los señoríos de Toro y Zamora, respectivamente.

Como consecuencia de la división del reino comienzan las primeras disputas entre Sancho y Alfonso, venciendo y apresando el primero al segundo en el año 1072, proclamándose rey de Castilla y León como Sancho II. Sancho murió en Zamora de forma violenta y su hermano Alfonso se proclamó rey de Castilla y León, como Alfonso VI.

Ya en el siglo XII, una vez consolidado el control de la zona por los cristianos, vuelve a establecerse una línea fronteriza a lo largo del río Duero, al dividir Alfonso VII, "el Emperador", nieto de Alfonso VI, el reino de Castilla y León en dos, entre sus hijos Sancho y Fernando respectivamente, mediante declaración efectuada en el año 1155 en Valladolid, en la colegiata de Santa María la Mayor.

Con esta nueva división de los reinos surgen en la provincia de Valladolid numerosas torres y castillos, aparecen importantes fortificaciones de interés estratégico y militar en las márgenes del río Trabancos, muy próximo a Alaejos, considerándose históricamente que la frontera entre los reinos de Castilla y León en el siglo XII, en el tramo comprendido desde su desembocadura en el río Duero hasta Arévalo, estaba en el río Trabancos. Así, al este del río encontramos torres y fortificaciones en Pozal de Gallinas, Villaverde de Medina, Rueda, Ataquines, Carpio, San Vicente del Palacio, Torrecilla del Valle, Nava de Rey y Pozaldez. Y al oeste del río, en el término de Sieteiglesias de Trabancos restos de fortificaciones en las fincas conocidas como "Eván de Arriba" y "Eván de Abajo", y en Alaejos restos de un magnífico castillo-fortaleza dentro del casco urbano y restos de una torre defensiva en el término de Valdefuentes.

La división de los reinos a la muerte de Alfonso VII estableció límites poco concretos, dando origen a múltiples conflictos fronterizos entre los reyes de uno y otro territorio. Sancho III de Castilla y Fernando II de León, el día 1 de junio de 1183 firmaron el denominado tratado Fraxinum-Lavanderam (Fresno-Lavandera), en un lugar situado entre las poblaciones de Fresno el Viejo, perteneciente al reino de León y el término municipal de Carpio, último a su vez del reino de Castilla, todos hoy de la provincia de Valladolid. En este tratado quedaron fijados los lugares pertenecientes a cada reino y, con esta división, Alaejos quedaría dentro del reino de León, al oeste del río Trabancos.

Hoy prácticamente desaparecido, el castillo de Alaejos se asentaba sobre un solar de aproximadamente 10.000 metros cuadrados, en forma de un casi exacto cuadrado que está perfectamente identificado en el plano de la villa, libre de cualquier tipo de construcción posterior y del que aparecen claramente identificados en la actualidad: el foso o cava que rodeaba la fortaleza en todo su perímetro, de cuatrocientos metros de longitud exterior, cuatro metros de profundidad y 20 metros de anchura; restos del baluarte que constituyó el extremo NE de la fortaleza, y parte de la muralla.

En el año 1453, el rey Juan II de Castilla facultó al entonces obispo de Ávila, Fonseca, para construir una fortaleza en la villa de Alaejos, comenzando las obras en el año 1456, según Edward Cooper.

"Yo el rrey, por quanto vos el rreverendo padre don Alonso de Fonseca obispo de Avyla my oidor e del my consejo me fesysteis rrelacion que a my merced plasiendo e con my licencia e mandamiento entendedes faser una fortaleza en la vuestra villa de Alahejos et me suplicasteis e pedisteis por merced que para ello vos mandase dar e dyese my licencia e facultad por ende yo por la dicha vuestra suplicación acatando vuestra grand lealtad e los muchos e buenos servicios que me avedes fecho e fasedes de cada día tove lo por bien et por la presente vos do licencia e facultad para que syn pena ny calupnia alguna podades faser e fagades qualquier fortaleza en la dicha vuestra villa de Alahejos non embargante qualesquier leyes e derechos en contrario de esto sean los quales yo por la presente de my propio motivo e cierta ciencia e poderío rreal assoluto de que quiero usar e uso en esta presente abrrogo e derogo en quanto a este atañen o atañer pueden de lo qual vos mande dar esta my carta firmada de my nombre fecha en la my villa de Escalona quinse días de julio año del nacimiento de nuestro señor IHOXPO de mil e quatro cientos e cincuenta e tres yo el rrey yo el dottor Fernando Dias de Toledo por su mandado del rrey lo fise escribir."

En 1454, antes de su muerte, Juan II de Castilla propuso a Fonseca como arzobispo de Sevilla sucediendo al cardenal Cervantes, llegando a adquirir su máxima influencia con la coronación de Enrique IV de Castilla, hasta el punto de oficiar el matrimonio del rey con su segunda esposa, la portuguesa Juana de Avis, en Córdoba.

La fortaleza que mandó construir el ya arzobispo de Sevilla en Alaejos, según describe Tomás Cembrero Cil, constituyó un anillo protector del castillo en todo su contorno, de forma octogonal y espacios de setenta metros entre caras opuestas, con muros enclavados en el fondo del foso, elevándose verticalmente hacia la base del castillo hasta proteger sus propios muros; y cuatro vértices situados en los extremos NE, NO, SE y SO, dotados de baluartes de planta pentagonal, con su base dentro del recinto de la fortaleza y vértice hacia el interior del foso, con un perímetro aproximado de cincuenta metros cada uno.

A lo largo de todo el perímetro de la fortaleza y por la cara interior de sus muros, discurre una galería subterránea, dotada de varias chimeneas de ventilación y evacuación de gases, que permitiría a sus defensores desplazarse por todo el contorno de la fortaleza sin exponerse a los ataques de los enemigos. Parte de la galería subterránea es visible actualmente. En la cara este de la fortaleza existe una poterna, que puede contemplarse perfectamente en la actualidad merced a las excavaciones realizadas recientemente.

La entrada principal al recinto se realizaría por la cara norte de la fortaleza, salvando el vacío del foso mediante puente de fábrica en la parte más cercana a la villa y puente levadizo sobre la fortaleza. El acceso al interior del castillo estaría situado en su cara norte, en línea no enfrentada con la de acceso a la fortaleza, entre la torre del homenaje y el torreón situado en el ángulo NO.

Fonseca pudo encargar el proyecto y la construcción de la fortaleza a Ali Caro, probablemente, junto con sus hermanos Yuçafe y Abçeyte, el más destacado alarife de la arquitectura militar mudéjar del siglo XV castellano, a quien habría conocido en Ávila, cuando fue titular Fonseca del Obispado de aquella ciudad.

Ali Caro fue también el encargado por Alonso Fonseca Avellaneda, III señor de Alaejos y Coca, de proyectar y construir el magnífico castillo de la ciudad de Coca, que mantiene hoy día todo su esplendor; además construyó el castillo de Casarrubios del Monte (Toledo), parte de las murallas de Ávila e importantes edificios residenciales.

El castillo sufrió al menos dos asedios: el primero en el año 1460, cuando Enrique IV se enemistó con Fonseca por causa de las desavenencias entre este y su sobrino disputándose los arzobispados de Santiago y Sevilla. Fue necesaria incluso la intervención del papa Paulo III, al que recurrió Fonseca a través de sus influencias, hasta que consiguió la finalización del asedio y el restablecimiento de sus propiedades y del Arzobispado de Sevilla. El segundo sucedió en el año 1520 como consecuencia del incendio de Medina del Campo y el movimiento Comunero, que provocaron el alzamiento contra Antonio de Fonseca y Ayala, IV señor de Alaejos y Coca y contra algunos vecinos de Alaejos a los que se acusó de estar implicados en el incendio. El asedio se realizó por comuneros de Medina, Toledo, Valladolid y Salamanca, con la probable intervención del propio Juan Bravo. La fortaleza aguantó firme el asedio durante largo tiempo hasta que, por diferentes motivos, los de Medina se quedaron solos frente a las murallas y terminaron por abandonar.

En el siglo XVIII el castillo de Alaejos conservaba una gran parte de su estructura y edificaciones, a juzgar por los grabados existentes de la época. También conocemos de su permanencia a principios del siglo XIX por la imagen y descripción de la villa y de su castillo realizada por William Bradford, con el título "Alaejos a town in the plains of Leon", durante el paso de las tropas inglesas por Alaejos en la guerra de la Independencia.

El castillo de Fonseca debió disponer de importantes dependencias palaciegas para ser utilizado como residencia ocasional del propio arzobispo, a quien los cronistas califican como personaje amante de las riquezas y de la vida placentera; y de otros personajes importantes de la época, como la propia reina de Castilla, Juana, segunda esposa de Enrique IV de Trastámara, al ser puesta por el rey en custodia de Fonseca en su fortaleza de Alaejos, en el año 1468, con los avatares históricos conocidos que influyeron en el futuro del reino de Castilla y, por tanto de España.

También albergó un tesoro importante, según los cronistas de la época Hernando del Pulgar y Alonso de Palencia, tesoro al que hace referencia el propio Fonseca en su testamento, otorgado en Valladolid el 3 de septiembre de 1460, ordenando entregar el tesoro a su heredero, su hermano Fernando de Fonseca, junto con el mayorazgo que funda, constituido por la fortaleza y villa de Alaejos con los lugares de Castrejón y Valdefuentes, la villa de Coca y un juro de 300.000 maravedíes.

En dicho testamento, Fonseca encarga a su heredero que, "habiendo mandado cerrar y cegar ciertas bodegas que están alrededor del castillo viejo de Alaejos, se nombren dos hombres buenos, uno por parte del heredero y otro en representación del concejo, para que sobre juramento declaren el daño recibido por los propietarios de las bodegas afectadas y sea satisfecho y pagado cada uno de ellos según el daño recibido".

El castillo y villa de Alaejos y los de Coca pertenecieron a la familia Fonseca hasta 1739, año de fallecimiento de Catalina Ventura y Colón de Carvajal, XI señora de Alaejos y Coca. Catalina contrajo matrimonio en segundas nupcias con Jacobo-Francisco Fitz-James Stuart, II duque de Liria y duque de Berwick, nieto de Jacobo II, rey de Inglaterra. Pasó así el señorío de Alaejos y Coca a manos de los duques de Berwick y Liria que, posteriormente, en 1802, heredarían el ducado de Alba.

Actualmente, el castillo-fortaleza pertenece al municipio de Alaejos.

Cómo citar

José M. Baraja: «A propósito del castillo». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2017.

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