La fotografía que ilustra la portada del Programa de Fiestas que tiene usted en sus manos, reproduce el Arca Madre (la mayoría decimos Alcamadre). Es una construcción del S. XVIII en ladrillo rojo en forma de pináculo y el sistema de recogida tiene gran semejanza con la poggara árabe estos fueron auténticos artistas en el dominio y la utilización del agua.
El Arca Madre es la acequia principal —Madre— que recoge aguas de distintos manantiales subterráneos y de la que parte, canalizada a otras arcas chicas, para llegar, Reguera abajo, hasta el lugar conocido como El Caño, donde ya se podía recoger en vasijas, normalmente, cántaros de barro de aproximadamente 16 litros.
Aunque muchas casas del Pueblo tenían, en sus corrales, pozos, por lo común poco profundos —12 a 18 metros—, el agua de éstos era demasiado «dura» por lo que sólo se utilizaba para uso animal y «dar un ojo a la ropa».
El agua de los manantiales del Arca Madre, que afloraba en El Caño, era un agua turbia, pero muy cochera, con un cierto sabor que los alejanos aún conservamos en la memoria de nuestro paladar. De suma importancia durante siglos, dado que la comida principal de este Pueblo era el Cocido, y este agua convertía en finos y cochos sus garbanzos.
Pocos alejanos se habrán librado del dudoso privilegio de ir una y otra vez a por cargas de agua, sobre todo en ciertas épocas en las que el buen agua era de suma necesidad: la matanza, la Casita...
¡Qué buen nombre: Arca Madre! Arca, donde se guardaban las cosas valiosas; y Madre, ¡Ay la Madre! La que da a los hijos lo mejor de sí misma.
El Arca Madre nos ha dado, lenta y sumisamente, el valioso tesoro del agua en una tierra normalmente sedienta, y como buena madre, nunca falló. Dulce, sabrosa y fresca, alivió la sed y convirtió a los humildes garbanzos en un plato exquisito, indispensable y cotidiano en nuestras mesas. ¡Que viva el Arca Madre!
ANTONIO LUCAS VARELA