La vida cotidiana de tiempos pasados es difícil de descubrir. Los documentos archivan acontecimientos de personajes ilustres, la gente corriente no parece llamar su atención. De esta forma, cuando se pretende acercarse al vivir diario, alejándose de batallas y de "ires y venires" de reyes y personajes de pro, la cosa se complica. Mas siempre hay gratas sorpresas en los textos que, de un modo u otro, aportan datos para comprender determinados aspectos de quien en definitiva es el motor de la Historia: el pueblo.
¿Qué sabemos de las relaciones entre vecinos de hace cuatrocientos años en el Alaejos de aquella época denominada Siglo de Oro? ¿Eran tiempos de armonía, de convivencia pacífica, de ayuda mutua, de apoyo al vecino, donde la envidia, la prepotencia, las puñaladas rastreras... los malas maneras, en suma, estaban desterradas? De ningún modo, el alaejano de hace cuatro siglos (como enseguida comprobaremos) se conducía por unos principios morales y sociales, más el ingrediente del intocable honor y la defensa a ultranza de la honra, que propiciaban tensiones constantes, frecuentes rencillas y peleas abundantes... Y claro, no faltaban lesionados, heridos y homicidios, por un "quítame allá esas pajas".
En efecto, a través de los pleitos de aquellos años se perciben los motivos que llevaban a los alaejanos a la trifulca y se constata además la facilidad con la que se echaba mano a las armas. Por cuestiones de lindes se jugaban la vida (los puertourracos no son de ahora), por una palabra malsonante salían a relucir los puñales, por un rencor guardado en secreto afloraba, cuando menos se pensaba, la pelea... y, hasta, por una broma se llegaba a las palabras, de éstas al sentimiento del honor ofendido, de aquí al duelo y de éste al homicidio. Veámoslo por boca de sus protagonistas:
1.º A galeras por unas bofetadas
El 6 de octubre de 1618 comparece ante el Corregidor, Licenciado Orexon, Teresa Marqués, viuda, para relatar cómo Jerónimo de Ávila -vecino de Alaejos- le dio de bofetadas y dichas palabras feas e injuriosas. El Corregidor, hechas las averiguaciones, no dudó en condenar a Jerónimo a vergüenza pública y a que le fuese clavada la mano derecha y a cuatro años de galeras y sin sueldo y a seis mil maravedís para la cámara del Conde. La sentencia fue dura, muy dura, por eso la propia ofendida prefirió ausentarse del pleito, incluso retiró la demanda. Pero, la duda prevalece, ¿por qué las bofetadas a una mujer? Seguramente el honor o la honra andaban por medio.
2.º La hidalguía lo primero
Gabriel de Avendaño, escribano, fue dado de cuchilladas y puñaladas estando el suso dicho en su propia casa en una sala. ¿Quién fue el agresor y qué razones tuvo para invadir la vivienda e intentar matar al dueño? El pleito lo relata: Resulta que Lope de Guevara, que era hidalgo, se quejó de las formas del escribano, éste le replicó, las palabras subieron de tono, y tanto que Gabriel se atrevió a insinuar que no era hidalgo quien tal decía. Decirle esto a Lope fue como mentarle la madre. Salió del despacho del escribano como alma que lleva el diablo, recogió las armas, avisó a sus deudos y se personó en la casa de Gabriel. Sin llamar ni nada, alevosamente, entró en la vivienda y sin dar tiempo a Gabriel le tiró de puñaladas y cuchilladas con la daga hiriéndole en la cabeza, encima de la oreja -y no contento con esto- sacó de la vaina una espada que traía ceñida para quererle matar. Ante el juez, el escribano manifestó desconocía los motivos de tal saña. No los desconocía Lope de Guevara, su honor de hidalgo había sido puesto en entredicho por un pechero, por muy escribano que fuera.
3.º Mídanse las palabras antes de hablar
Ciertamente, porque puede ocurrir lo que le pasó a Matheo Benytez Sánchez, beneficiado de San Pedro, que invitado a la boda de un pariente lejano, se le ocurrió comentar en el bayle de la fiesta del casamifento -que a él no le habían de caer cuernos ningunos. Sí, lo dijo, estando chanseando unos con otros, pero al decirlo todos pensaron que se refería al novio. Para evitarse de pleitos y salvaguardar la honra de los recién casados, el bueno de Mateo debió disculparse con acta de escribano incluso, alegando que todos eran gente honrrada... y le pide perdón.
4.º Salvaguardando el nombre
En 1672 un escándalo dio que hablar en el pueblo. Una denuncia anónima llegó al Corregidor relatando cómo María Perez, ttendera de merzería, viuda de dicha villa, bive con mucho escandalo permittiendo que entren muchas personas de sospecha en su casa a todas las horas... sin entender en la honestidad. Pero esto no era lo grave, pues como todos la conocían como muxer publica y que en su cassa entran y han entrado a tener con ella amanzebamientos y ttratos ylícitos muchos hombres, sino que entre los hombres que frecuentaban su casa se hallaba un beneficiado de la Parrochial de San Pedro. Y aun se insistía en que estaba amanzebado con la suso dicha -la friolera edad de más de trece o catorce años. El Corregidor, inmediatamente, metió presa a María y embargó sus bienes, y eso que la tal María iba ya para sesenta años; pero, ¿qué hacer con el presbítero? Ante tal situación buscó la forma de evitar el escándalo y perdonó a la mujer con condición de que no recibiese más al beneficiado.
5.º Un problema de tráfico
En el verano de 1672, Francisco Ramos yendo a carrear garrovas -llegó- junto al Humilladero -y se encontró cerrado el camino porque Esteban Lopez estaba riñiendo con unos hombres que llevavan vino a la montaña sobre quien había de apartarse y dexar paso. Un problema de tráfico, en efecto, que como estamos acostumbrados hoy día, demuestra que ya entonces esto de ceder el paso traía tensiones y, como en este caso, algo más. Francisco bajo del carro y se entro a poner paz y estando en este estado le assio uno de los dichos montañeses y ottro le dio con un palo en la cabeza. No quedó aquí la cosa, claro, porque Francisco dio noticia de lo ocurrido, juntó a todos los que estaban por allí y persiguieron a los carreteros, que se refugiaron en la hermita de Nuestra Señora de la Visitazión. Y todo por la discusión de los derechos.
6.º Los jóvenes, ¡Ay, la juventud!
Noche del 4 al 5 de febrero de 1687. Una pandilla de jóvenes se divierte arrojando cántaros de agua en los portales de los vecinos. El último lo arrojan en casa de Manuel de Ribera y salen corriendo hacia la calle la Ronda, allí se encuentran con otra pandilla, acusada por el dueño de la gamberrada, lo que les ha molestado enormemente. Al tropezarse ambas bandas, la segunda acusa a Francisco Florán de haber sido el autor de la gamberrada, éste se defiende, se replican, llegan a las manos y cuando están en la pelea un vecino acude y pone paz. Mas no acabó aquí la cosa, porque Florán y el acusador, Pedro Marqués, se desafiaron. Acudieron los dos a las 9 de la noche al lugar propuesto: las heras de Juan de Mena -sitas- en el camino del prado de Carrealvar -y allí, según testimonio de un testigo- sacaron las espadas y Pedro Marqués le hirió en el pecho del lado izquierdo con que se cayó en el suelo el dicho Francisco Florán. El relato lo hizo un testigo en presencia de Francisco, que se hallaba en cama bastante grave, hasta el punto de no poder firmar por la gravedad de la herida.
A través de estos ejemplos, y de otros muchos que podrían citarse, descubrimos que la vida cotidiana de la gente sencilla, antaño como hogaño, no era un mundo de rosas, cierto; pero esa vida existía, no cabe pues ignorarla. El pueblo, como los reyes, tiene también su Historia.
José Ojeda Nieto