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Programa de Fiestas · 2001

Nuevamente en torno a la Sociedad Económica de Amigos del País de la villa de Alaejos (Real Sociedad Caritativo-Económica)

Adolfo M. Araújo y González·Heráldica e instituciones

En anteriores programas de fiestas, se trató inicialmente este asunto aunque no se publicó la totalidad de los Estatutos de la Sociedad de Alaejos, confiando desde estas líneas que pueda hacerse en posteriores ocasiones.

Lo que a continuación se escribe intenta situar al lector en el contexto histórico, social, jurídico y económico de la época en que nuestra villa, cuasi pionera en estas lides, estaba inmersa.

Estas Sociedades, fruto típico de la Ilustración, florecieron en la segunda mitad del siglo XVIII. Tienen, naturalmente, precedentes en el extranjero, ya que nacieron como un deseo, por una parte de los nobles y ricos terratenientes de aumentar sus rentas mediante la mejora técnica de los cultivos y por otra del clero y personas pudientes y generosas, de mejorar la precaria situación en que se veían campesinos y menestrales que los llevaba a convertirse poco a poco en mendigos.

Su impulsor, el conde de Campomanes, deseaba que estas Sociedades se encargaran de crear trabajo en el campo, la industria, el comercio, las artes liberales, etc. con el fin de que esa ingente muchedumbre en paro, encontrara un puesto de trabajo que mejorara su situación económica y al propio tiempo la del país.

También les asistía un motivo cultural, pues creían que un pueblo instruido es muy capaz por sí mismo de generar riqueza y puestos de trabajo.

La primera Sociedad de este tipo que se fundó en España fue la Real Sociedad Vascongada (1765). Nueve años después el Fiscal de Castilla, don Pedro Rodríguez de Campomanes, invita a las autoridades de cada provincia a fundar estas Sociedades económicas.

La primera en responder a la invitación de Campomanes fue Madrid, que constituyó la Sociedad Económica Matritense en 1775 y sirvió de modelo a cuantas se constituyeron después en esta zona. En 1786 existían ya 45 Sociedades y en 1804 su número se había elevado a 73. Entre 1765 y 1808, 96 Sociedades solicitaron su constitución al consejo de Castilla, de las que 11 fueron rechazadas y 85 aprobadas.

En nuestra región la primera en constituirse fue la de Alba de Tormes (Salamanca) que los solicitó el 28 de febrero de 1776 y fue aprobada el 30 de julio de 1790. Ciudad Rodrigo (Salamanca), lo solicitó en 1780 y le fue concedido en 1781. Valladolid, solicitado en 1783 y concedido en 1784. ALAEJOS, que solicitó su constitución en 1784 y le fue concedida por Real Cédula expedida en Aranjuez el 28 de junio de 1785 por lo que el año 2005 se cumpliría su 220 aniversario.

Otras localidades fueron Herrera de Pisuerga (1785-1788); Medina de Rioseco (1785-1786); Medina del Campo (1786-1788); Tordesillas (1787), etc.

Las causas de la fundación de la de Alaejos fueron que las cosechas de 1783 y 1784 habían sido muy escasas. Los braceros solo encontraban trabajo durante la sementera, recolección de cosecha y vendimia. El 1784 había sido sobre todo, un pésimo año, ya que las lluvias destrozaron la cosecha hasta tal punto que hasta el trigo escaseaba. Grupos numerosos de mendigos habían instalado su real en las calles y plazas de esta noble villa de Alaejos; la juventud estaba abandonada y ociosa, sin instrucción ni escuelas.

Ante este cuadro, algunos vecinos más acomodados e ilustrados, conocedores de la existencia de las Sociedades Económicas de Amigos del País piensan en fundar una en Alaejos.

Tomando como modelo a la de Madrid, solicitaron el correspondiente permiso al Consejo de Castilla. Los trámites eran lentos y, antes de que llegara se comienza a trabajar por su cuenta, ayudando de muchas maneras a la pléyade de jornaleros que estaban sin trabajo. Cuando, por fin, la aprobación viene de Aranjuez en la primavera de 1785, ya está todo funcionando: Se legaliza la lista de socios y se coloca el escudo de la Sociedad en los edificios de su propiedad. Démerson describe este escudo: "Era de forma elíptica, rematado en corona Real. En la orla se lee el lema 'A socorrer la pobreza y desterrar la pereza'. En el centro, dentro de un medallón así mismo elíptico, dos corazones atados por una cinta que lleva esta inscripción: 'A favor de la Patria'".

Tanto el escudo como los lemas siguen la tónica general de otras Sociedades similares de la época. Así, por ejemplo, la de Soria decía: "El ocioso, para nadie es provechoso" y la de León "Quaesivit lanam et linum et panem otiosa non comedit".

Según los estatutos de nuestra Sociedad, los directores tenían que ser los alcaldes ordinarios de la villa. Los demás oficiales eran designados por elección. Pero en realidad la primera Junta estuvo constituida por los siguientes vecinos: Director, don Atanasio Ballesteros; Censor, el Licenciado don José Alonso de Valdenebro, y Secretario, don Manuel Méndez de Prado. La familia Alonso de Valdenebro eran señores de la finca de Cotorrillo en Cantalpino y dio hombres ilustres tanto a la Iglesia como a las Ciencias y a las Letras. Hubo varios Licenciados en Leyes y tal vez lo fuera en esta disciplina nuestro Don José.

La Junta así formada, se presenta al pueblo el 17 de agosto de 1785 tras un discurso de Valdenebro. La Sociedad tenía dos edificios en los que polarizaba fundamentalmente sus actividades: el Hospital del Buen Pastor o Casa de Misericordia y la Escuela, en donde se asistía gratuitamente a 140 niñas, pues en aquellas fechas en las escuelas estatales, donde las había, se instruía exclusivamente a niños.

Dos meses más tarde hay otra Junta que, como todas las demás, comienzan por un elogio del Rey, pronunciado esta vez por don Jacobo Sedano y terminan con un acto de acción de gracias a Dios por el buen funcionamiento de la Sociedad.

En esta segunda Junta, don Tomás Santander ofreció un premio de 150 reales para quien sembrase "rubia" en una superficie no menor a las 8 obradas. Otros premios se ofrecieron a los que plantaran olivos (no menos de 20) y 200 reales a los que expusieran el mejor medio para crear un Montepío donde se socorriese a los pobres jornaleros durante los fríos y largos inviernos castellanos.

Todo ello dentro de los objetivos de estas sociedades económicas que se ocupaban por difundir los hallazgos de la "nueva agricultura" de Duhamel de Monceau: experimentos agrarios, introducción de nuevos cultivos como el del azafrán y la rubia en Valladolid y plantación de arbolado en torno a las ciudades. De todo ello, solo la "rubia" logró tener algún éxito, pues su preparación dio trabajo en Valladolid a cientos de personas. Es esta planta de la familia de las rubiáceas, con tallos prismáticos y hojas punzantes. La raíz de la rubia (sherardia arvensis) seca y pulverizada proporcionaba un tinte rojo característico y se exportaba muy bien a los países hanseáticos.

La sociedad de Alaejos buscaba un protector en las altas esferas de la Corte y ofrecieron el título de Director honorario al propio Campomanes, pero éste, muy ocupado, declina la oferta y nombró a su hijo Sabino para el cargo, puramente honorífico, que ostentó durante 15 años.

En 1786 y según los estudios de Jorge Démerson, la Sociedad alaejense da los primeros signos de debilidad: aparecen las dificultades económicas que se desprenden de la lectura de las actas de Juntas que se celebraban siempre el día de San Carlos, 4 de noviembre, día del santo del Rey.

El 28 de junio de 1786 se cursa una Real Orden a las 45 Sociedades entonces existentes instando a que se fomente la agricultura, industria, artes, oficios y beneficencia, objetivos que debían de estar por entonces un poco olvidados, pues muchas sociedades necesitaron un nuevo "recordatorio", para que sacudiesen su marasmo y desidia.

A los 10 años de su fundación, eran pocas las que se sostenían en pie, no fue ese el caso de Alaejos que envió cumplida respuesta a la primera Orden con fecha de 22 de agosto de 1786, al mes escaso de ser recibida en la villa. En la respuesta, que se conserva, dicen que han conseguido desterrar la "mendiguez" por medio de la Casa de Misericordia. Que pasan recogiendo limosnas de puerta en puerta para mantener la escuela de 140 niñas y, además, pagan con ellas la educación de los niños cuyos padres están imposibilitados de ganarlo.

Igualmente han conseguido crear una fábrica de velas de sebo de excelente calidad y otra de esteras con el fin de dar trabajo a los pobres. Pero en la agricultura no han conseguido la implantación de modernos métodos, ya que los labradores prefieren los tradicionales. Ante la falta de medios, los responsables de la Sociedad acuden a distintos sitios para buscarlos. En primer lugar solicitan la ayuda del Clero que sostenía la fundación de Sociedades tan importantes como las de Palencia y León. Pide Alaejos que los Obispos recuerden a los sacerdotes el deber de pertenecer activamente a la Sociedad. Luego piden al Rey que no conceda ningún título honorífico, sea Municipal, Real, Militar o Eclesiástico si el sujeto no pertenece a la Sociedad.

Los directores honorarios no hacen nada y solicitan se cree el cargo de vicedirector a cargo de un vecino de la villa que es quien dirigirá realmente la Sociedad. Éste pedirá insistentemente ayuda económica al Rey, que poco o nada concede. El 12 de diciembre de 1786 dirigen una carta al conde de Campomanes, con la misma súplica de ayuda económica para una Sociedad con problemas crematísticos.

A pesar de todo, la Sociedad alaejense sigue adelante. A principios de 1787 seguían celebrándose Juntas en donde consta que han mantenido a jornaleros y familiares, que por lo riguroso de aquel invierno, se habían encerrado en sus casas sin lumbre ni alimentos. La Sociedad les distribuye una cantidad de trigo suficiente para su remedio, ofrecido por los socios hacendosos.

El 28 de enero de 1787 se elige director a don Juan Manuel Perlines siendo ésta la última noticia.

Por la "Guía de forasteros" se sabe que siguen nombrándose oficiales de la Sociedad, lo que demuestra que ésta conservaba cierta actividad. Cuando en mayo de 1808 estalla la Guerra de la Independencia, la Administración que había hecho algún esfuerzo para reactivar estas Sociedades, opta por abandonarlas a su suerte, por temor de que pudieran convertirse en foco de las ideas de la Revolución Francesa. En este año desaparece la de Alaejos, después de 24 años de existencia.

Tras la dirección honorífica de don Sabino Rodríguez de Campomanes, le sucede en 1803 el Conde de Isla y en 1805 el Duque de Berwick y Alba hasta 1808. El último vice-director (1804-1808) fue don Jacobo Sedano, alma de esta institución.

Al hilo de lo que queda dicho permítaseme ofrecer como reflexión que sirva para mejorar más si cabe la convivencia y trabajo en común en beneficio de nuestra villa, la obra del diplomático y escritor Don Diego Saavedra y Fajardo (1584-1648), "LAS EMPRESAS", escrita en un castellano precioso y con un estilo, al decir de la crítica literaria, semejante a la grávida concisión de Tácito y la elegante sobriedad de Horacio.

Empresa 71. Lema: Labor Omnia Vincit Improbus

"¿Qué no vence el trabajo? Doma el acero, ablanda el bronce, reduce a sutiles hojas el oro y labra la constancia de un diamante. Lo frágil de una cuerda rompe, con la fricción, los mármoles de los brocales de los pozos... Los muros más doblados y fuertes los derribó la obstinada porfía de una viga herrada, llamada ariete de los antiguos, porque su punta formaba la cabeza de un carnero. Al ánimo constante ninguna dificultad embaraza... El templo de la gloria no está en valle ameno ni en vega deliciosa, sino en la cumbre de un monte, a donde se sube por ásperos senderos entre abrojos y espinas... Los templos dedicados a Minerva, a Marte y a Hércules no eran de labor coríntico (orden corintio), que consta de follajes y florones deliciosos, como los dedicados a Venus y a Flora, sino de orden dórico, tosco y rudo, sin apacibilidad a la vista. Todas sus cornisas y frisos mostraban que los levantó el trabajo y no el regalo y ocio. No llegó a ser constelación la nave de Argos estando varada en los arsenales, sino oponiéndose al viento y a las olas y venciendo dificultades y peligros..."

Empresa 89. Lema: Concordiae Cedunt

"Crecen con la concordia las cosas pequeñas y sin ella caen las mayores. Resisten unidas a cualquier fuerza las que divididas eran flacas e inútiles. ¿Quién podrá, juntas las cerdas, arrancar la cola de un caballo o romper un manojo de saetas?, (Funiculus triplex difficile rumpitur). Y cada una de por sí no es bastante a resistir la primer violencia. Así dieron a entender Sertorio y Sciluro Scytha el valor de la concordia, que hace de muchas partes distintas un cuerpo unido y robusto... Todas las obras de la naturaleza se mantienen con la amistad y concordia y en faltando desfallecen y mueren... Así, pues, sucede en los pueblos: Un consentimiento común los unió y un disentimiento de la mayor parte y de la más poderosa los perturba y destruye. La ciudad que por la concordia era una ciudad, sin ella es dos y a veces tres o cuatro, faltándole el amor, que reducía en un cuerpo los ciudadanos, esta desunión engendra el odio, de quien nace luego la venganza y de esta el desprecio de las leyes sin cuyo respeto pierde la fuerza la justicia (Et justitiae legem in concordia disposuerunt) y sin esta se viene a las armas. Y, encendida una guerra civil, cae fácilmente el orden, que consiste en la unidad. En discordando las abejas entre sí, se acaba aquella colmena. Los antiguos, para significar a la discordia pintaban a una mujer que se rasgaba sus vestidos (Et scissa gaudens vadit discordia palla), Virgilio".

Adolfo M. Araujo y González

Zamora, junio de 2001

Cómo citar

Adolfo M. Araújo y González: «Nuevamente en torno a la Sociedad Económica de Amigos del País de la villa de Alaejos (Real Sociedad Caritativo-Económica)». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2001.

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