José Ojeda Nieto
Aproximarse a las antiguas fiestas de Alaejos supone en principio enfrentarse a otras formas de entender la diversión, al tiempo que se descubren también métodos de organización bien diferentes a los de los momentos actuales. Debe comprenderse que entonces, allá por los siglos XVI al XVIII, lo profano, la diversión, no se entiende sin lo religioso, esto es así porque las fiestas antiguas las organizan "casi" siempre las instituciones religiosas (hay excepciones que en seguida se señalan). Por lo tanto y esta es la primera idea son las cofradías y las parroquias principalmente las que, con el fin de conmemorar la festividad u onomástica de su santo patrono, elaboran unas ceremonias en principio sacras, pero que no olvidan las actividades folklóricas, lúdicas.
Así pues, no es el Ayuntamiento, como ocurre en la actualidad, quien se responsabiliza de las fiestas generales; esta obligación corresponde como queda dicho a las cofradías y parroquias. Pero sí tiene el Ayuntamiento la obligación de organizar las fiestas excepcionales, las que se salen del calendario festivo, las extraordinarias. ¿Cuáles son éstas? ¿Cuales son los motivos por lo que el Concejo municipal alaejeño queda obligado a elaborar, a veces deprisa y corriendo, unos actos de diversión en los que nunca habrá de faltar la misa de acción de gracias? En definitiva, ¿que días pueden declarar festivos los concejales? En principio deben festejarse son días de fiesta los acontecimientos de interés nacional: tal que una victoria de los ejércitos españoles, el casamiento del rey, el nacimiento del príncipe...; pero también se sirve el Ayuntamiento de razones más localistas (aunque imitando a las nacionales) como declarar día de fiesta el casamiento del Señor de Alaejos, o su llegada a la villa, como puede verse en este caso de 1619:
En este año se presenta el Conde de Ayala, y el pueblo para agasajarle se gasta
"40.000 mrs. en quatro toros, 9.520 en confituras para la colaçion q. se dio al conde, 2.380 en duçientos coetes y quatro libras de pólvora... en el rescivimiento dl conde, 1.292 de las bacas que se traxeron para los toros, 1.122 en chirimias, 2.244 por los bestidos para las danças de los negros, 1.020 de ocho pares de çapatillas que se dieron a ocho xitanas que hizieron una dança. y2.176 mrs. en tamborileros para tañer a las danças de negros y xitanas."
Pero que el Concejo no organice ni tenga obligación de organizar las fiestas generales no quiere decir que no participe, ni tampoco que se evada de ellas. Por el contrario, no le queda más remedio que colaborar al tener que conceder o negar los permisos de uso de la plaza cuando las instituciones religiosas se la piden, y sobre todo porque a él acuden solicitándole ayuda constantemente para organizar la fiesta. Como con el paso de los años las peticiones de los cofrades van aumentando, el Ayuntamiento terminará por hacerse responsable de toda la organización; mas falta todavía mucho tiempo para que esto se establezca definitivamente, y mientras tanto las peticiones de ayuda se suceden una tras otra:
"el mayordomo de la Cofradía del glorioso San Roque (comparece ante las justicias y) pedía a la villa la plaça para las fiesta de toros y nobillos q. siempre a tenido para dho dia...(Alcaldes y regidores) le dieron lizenzia de la plaça (y aún más, pues contento el pueblo de no sufrir peste alguna mientras lugares cercanos la padecían) para mayor aplauso y festejo a la festibidad del glorioso santo Acordaron se traiga un toro mas, que se pagara de los vienes propios y rentas desta villa..." (año 1681)
O este otro ejemplo en que la cofradía anda tan mal de fondos que el Ayuntamiento no echa una mano temen que puedan celebrar la fiesta anual:
"Y así mismo entraron en este ayuntamtº D. Diego de perlines, D. Juan Calderón Ladrón de Guebara y D.Pº Velázquez Maldonado Diputados de la cofradía del Stmo Sacrmt° y suplicaron a la villa (que por pocas limosnas) no saben con que poder pagar las fiestas q esta vª zelebraba para dho dia... y que para q no faltase alguna demostración de fiesta y festtejos a la grandeza del dia... (pedían que) la villa se sirviese de ayudar con un toro..." (a. 1688).
Otra idea a desterrar es el de fiesta municipal o fiesta del pueblo. Si se descartan las extraordinarias, que dependen de acontecimientos también extraordinarios, no existe en las épocas antiguas lo que hoy día entendemos por "fiesta del pueblo". Hay sin embargo varias fiestas organizadas, como quedó dicho, por cofradías y parroquias, y también por ermitas y conventos, que compiten, según su pontifical económico, en la elaboración de actos y ceremonias en loor de su santo patrono. De ahí que no puede señalarse una fiesta como principal, sino tres o cuatro y aun otras varias aunque de inferior categoría. Destacan en primer lugar las celebraciones de Nra. Sra. de agosto, el Corpus y su octava, San Roque y probablemente San Pedro. Son fiestas menores: el 10 de mayo, Nra. Sra. de la Concepción, Santa Ana, San Cristóbal, San Antón... y San Pedro de Alcántara el 8 de septiembre, fiesta solicitada por el convento y unánimemente aceptada por el Ayuntamiento y Cabildo eclesiástico en sesión celebrada el 2 de agosto de 1669. Tampoco conviene olvidar las fiestas que conmemora la Iglesia: Navidad, Reyes... Cuaresma. De las fiestas más profanas, como los carnavales, sólo tenemos una referencia, ya muy temprana, del siglo XVIII, época intervencionista en la moral y las costumbres:
"mandaron sus mrds. que ninguna Persona (de las que) concurren... a la puerta del Pozo i arraval por ser día de San Anton... (así como) en los valles y entretenimtºs que se permiten en las carnestolendas no usen de fuegos, cantares ni siguidillas desonestas que sean motivo a provocar y dar mal exemplo" (a. 1738).
Para terminar señalemos cuáles son los ingredientes más fuertes de una fiesta típica; es decir elaboremos el programa festero de aquellas épocas, sin olvidar que habría muchas diferencias según las cofradías patrocinadora:
Primero, las funciones religiosas que nunca faltan sea la fiesta que sea y que en algunas copan toda la actividad. Como en ésta de Nra. Sra. de la Concepción:
"domingo por la mañana se comenzó la felicidad de nra sra de la Concepción... hallóse todo el cavº (cabildo) y la villa habiendo precedido la noche antes luminarias por todo el lugar... (Se dijo misa con música) se predico por la tarde se toco a vísperas se cantaron solemnes... se hizo procesión ... y hubo contiendas entre los mayordomos y alcaldes por quien avia de llevar el estandarte de el Rosario... las calles entoldadas... cantaronse en el camino quatro villancicos... hubo Altar muy bien adornado con muchas luces que hizo la villa... llevaronse en la processión las achas de las cofradías y hubo danza en ella" (a. 1622)
Y segundo lo lúdico: Bailes chirimías danzas comedias y toros acompañado todo ello por cohetes. Para la música y las comedias se trae artistas-músicos y "farsantes" de fuera con contratos bien generosos
"Pedro Calieso barbero y Gabriel Teso y francº martinez castellanos músicos (de Valladolid, son contratados) para las fiestas que an de açer al santissimo sacramento el día del Corpus Xpti por quarenta ducados".
Por igual cantidad se trajo también a
"Juan nieto y Ana de Balderramas suil mger farsantes (para que hiciesen) un auto sacramental u dos comedias" (a. 1625).
Los toros, claro está, no podían faltar. La primera referencia documental se remonta a 1583, cuando el Concejo anota una partida de gastos por el arreglo de calles y junto a ella la de los "toros". Desde este momento las noticias abundan y los veremos siempre aparecer en las fiestas más fastuosas hasta el punto, como se ha señalado, de sentir que no hay fiestas sin toros. Y tanto es así que los festeros no se contentan con comprar los morlacos a ciegas, antes han de probarlos. Veámoslo:
En 1625 se adquieren
"dos toros de Pedro Desa sotomayor (de San Román de la Hornija, para la fiestas de San Juan. En el contrato se especifica que serán los que Ellos escojiesen de quatro que les tengo de dar enzerrados con mis baqueros y cabrestos (y son los cuatro) El toro que llama de Verdenossa y el castaño bragado y el negro despuntado de cuerno hizqulerdo y el Cabrito, los quales los an de probar tirandoles para la prueva a cada uno una vara con su clavo sin lengueta y dellos an descoger los dichos dos toros..."
Pero el gusto por la fiesta no impide a los cofrades renunciar a las corridas si los tiempos o las necesidades exigen emplear su importe en otros menesteres. Esto fue lo que ocurrió en 1699 cuando los diputados de la Cofradía del Stmo. Sacramento, constatado calamitoso de la ermita de Nra. Sra. de la Casita, decidieron "que el coste de dichas fiestas se apliquen para la dicha obra". ¿Quién sabe si hoy el pueblo conserva su ermita gracias a aquel gesto generoso?