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Programa de Fiestas · 2013

Observaciones sobre tres nombres alaejanos de aves: Arrecájel, Ucho y Marica

Fernando Benito Álvarez·Lengua, toponimia y costumbres

Fernando Benito Álvarez

La etimología, según el diccionario de la Real Academia Española (dRAE) es el "Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma." En teoría, este pequeño artículo respondería a esa definición, pero con otras pretensiones. No responde estrictamente con la definición expuesta, pretende simplemente analizar relación con Alaejos.

El idioma español, o castellano es romance, así se conocen a las lenguas modernas derivadas del latín, pero la particularidad de éste, del castellano, es que ha adoptado numerosos arabismos y algunos germanismos.

Los vernáculos escogidos, intencionadamente de aves, se han elegido por su particularidad.

Arrecájel o arrecájele: Así es conocido en Alaejos al vencejo común (Apus apus). Nombres con la misma raíz etimológica con el que es conocido en otras partes de España son: arrajaque, arrejaque, arrejáquele, arrejaco, arrexaque, arrecajile, arricángel, arricángele, etc.

Todos ellos derivan del árabe hispano ar-rašāq, "el tridente", y este de la raíz rāšaqa, "clavar". Según Francisco del Rosal (transición entre los siglos XVI y XVII), arrexeque era el nombre entre los moros andaluces del vencejo.

Arrejaque (antiguo arrexaque) es un instrumento de tres puntas torcidas (especie de garfio tridente), que se usa para pescar o para recuperar algo del agua. Pero López de Ayala en el Libro de la caza de las aves (1386) nos brinda un ejemplo de esto último uso: "Otrosí, si acaesciere que las ánades desaue son golpadas, ó aguadas, et se encierran así en el agua, con el grand miedo del falcon non quieren salir, et hay falcones así rabiosos et caninos, que cuando las veen así vencidas et rendidas en el agua que se posan en la ribera cerca dellas, et cuando las veen lanzanse en el agua por cuidarlas tomar, et llaman los cazadores á esto pescar, et esto escúsalo con el remedio que se podiere poner, et non hay otro cobro sinon lo mas aina que podieres, ó con vara, ó con arrejaca, ó ballesta, que cobres el ánade, pues anda muerta.".

Así también se llama al vencejo, según algunos etimólogos, por tener en los pies tres dedos iguales hacia delante rematados por uñas muy corvas, con los que se agarra con extraordinaria fuerza. Según Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Española (1611): "(...) unas avezillas peregrinas que vienen el verano a criar a estas tierras, llamadas vencejos, 'a viciendo', porque assen y engarrafan con las uñuelas fuertemente (...)". Gregorio Manuel Sanz y Chanas lo mantiene en su Encyclopedia metodica: Historia natural de los animales (1788): "Arrexaque. El mismo paxaro que el que comunmente se llama vencejo ú oncejo. Se le da este nombre porque su garrita es parecida á los garfios ó arrexaques de hierro.". Otros autores, apoyándose en los nombres de falcino y falcia (en este caso del latín falx, falcis, hoz) que también se le dan al vencejo, opinan que arrejaque alude a la silueta del ave en vuelo y que nada tiene que ver con sus garras.

Arrecájel es un localismo lingüístico que se creó por deformación evolutiva de la palabra hispano-árabe arrexaca o arrexaque. En español medieval la "x" se usaba tanto para pronunciar la secuencia "ks" como "sh", esta segunda evolucionó con el tiempo a "j". Hasta el siglo XVII, muchas de las palabras que en castellano moderno contienen la letra "j" tenían en su lugar la letra "x", pronunciada como la "sh" inglesa o la "ch" francesa.

Alaejos se escribía Alaexos (así lo plasmó el autor del Quixote en El Licenciado Vidriera en 1613) y se pronunciaba Alaeshos. Sin embargo, el sonido evolucionó hacia el de la jota actual, y como norma ortográfica de la Real Academia de la Lengua, desde 1815 se cambia la grafía de la "x" por la de la "j", pasando de arrexaque a arrejaque y de Alaexos a Alaejos.

Por metátesis (es decir, por el intercambio de lugar de dos sonidos dentro de la palabra, el de la j y el de la q), en algunas zonas (como en Alaejos) pasó a arrecájel y arrecájele.

En la metástasis está la peculiaridad comarcal. Lamano (El dialecto vulgar salmantino, 1915) recoge las formas arrejáquele, arrecájel y arrecájele en Las Guareñas (Tierra de Cantalapiedra, Salamanca) y en algunos pueblos de La Moraña (Ávila) también se le conoce como arrecájel y arrecájele. Es decir, que ésta se dio en la confluencia de las provincias de Ávila, Salamanca y Valladolid (no está de más recordar que Alaejos perteneció administrativamente a la de Salamanca).

Ucho o hucho: En Alaejos llamamos uchos a los dos cernícalos, tanto al vulgar (Falco tinnunculus) como al primilla (F. naumanni).

Dos son las posibles procedencias de este vocablo.

Por un lado, el término puede que derive de águila al que se le añadió el sufijo –ucho. Este sufijo –ucho, u –ocho, es un despectivo de uso muy corriente y en algunas palabras de forma fija es simplemente diminutivo.

Según Nebrija, Vocabulario español-latino (1513): "Aguilocho. pollo de aguila. pullus aquilinus". En este caso es utilizado como diminutivo.

Autores medievales lo usan despectivamente para identificar una especie concreta de rapaz. El infante D. Juan Manuel en el Libro del caballero y del escudero (1326) escribe: "Otras ay que caçan et son caçadas, así commo los budalones et los alforres et los aguilochos et todas las aves de su natura, et lechuzas et mochuelos et carabos et cucluiellos; et todas estas caçan biles caças, et en vil manera; et los açores et los falcones caçan a ellas.". Y Pero López de Ayala (1386): "Et otrosi, hay otras aves que son contadas entre las aves de rapiña, et toman et cazan aves vivas, et eso mesmo toman et se ceban de ratones et de tales cosas que se crían en la tierra, et destas son atahormas, et budalones et aguilochos.".

Los budalones son los ratoneros (Buteo buteo), los alforres los milanos negros y reales (Milvus migrans y M. milvus), las atahormas los aguiluchos laguneros, pálidos y cenizos (Circus aeruginosus, C. cyaneus y C. pygargus), y los aguilochos los cernícalos.

Así, como aguiluchos, se les sigue conociendo en algunas partes de nuestro país. En otras localidades de Galicia, de León, de Castilla y de Extremadura, se les llama gaviluchos.

Puede que ucho, como denominación del cernícalo, derive de la aféresis (supresión de sonidos al principio del vocablo original) de aguilucho o de gavilucho, con lo que el sufijo pasó a ser el nombre con el que vulgarmente se conoce al pájaro.

Por otro lado, ahuchar, ajuchear, huchar y huchear, son términos cetreros que definen el acto de llamar al halconero al ave de presa al grito repetido de ¡jucho!, de ellos deriva el verbo abuchear.

Según Sebastián de Covarrubias (1611): "Huchochó: este es término de los caçadores de bolateria, quando se le ha remontado el pájaro y le llaman con el señuelo.". Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1964), lo extiende a "lanzar los perros en la cacería dando voces", es decir animar a los perros de la rehala, pero en realidad lo confunde con ahotar o enhotar (ciertamente muy semejante) que es azuzar a los perros en la caza al grito repetido de ¡hot!: "Porque hotar, o ahotar y ahotas son vocablos Castellanos viejos, y significan dar animo, y brio, o alentar.", Athanasio de Lobera, Historia de las grandezas de la muy antigua e insigne ciudad y Iglesia de León (1596). El dRAE de 1770, dice: "Enhotar. v. a. ant. Lo mismo que azuzar, ó incitar. Se dice ordinariamente de los perros.".

Numerosos autores opinan que estos vocablos podrían ser el préstamo de una antigua onomatopeya francesa ¡uch! o ¡huch!, que genera el verbo hucher, "llamar con silbido", "resoplar". Y desde el siglo XIII se documentan los términos hüchen y hauchen en germano, que significa "resoplar", "echar el aliento". Corominas defiende su origen onomatopéyico pero duda de si es germánico o vernáculo.

Por ello, también puede que el nombre de ucho provenga simplemente de la confusión, o la identificación, de la cita con la que se intenta atraer al ave con la ave misma.

El caso es que este vernáculo es muy local, no se encuentra en otras partes, lo que le hace, junto a la no certeza de su origen, especialmente interesante.

Marica: En Alaejos es la urraca o picaza (Pica pica) y es, de los vernáculos aquí tratados, el menos peculiar. Así también se la conoce en zonas de Cantabria, del norte de Burgos, de Álava, de Vizcaya, de Toledo, de Granada (Sierra Nevada), etc.

Dos creencias populares son generales en todos los lugares en los que este pájaro está presente: Que recoge (roba) y guarda objetos brillantes (recuérdese la ópera de Rossini La gazza ladra (1817), "La urraca ladrona"), y que es terriblemente charlatana (también se le llama cotorra). En el Libro del Buen Amor (hacia 1330), Juan Ruiz ya alude a estas peculiaridades: "Como dise la fabla, que del sabyo se saca, /Dixome esta vyeja, por nonbre há Urraca, /Que non querría ser más rapaça nin vellaca. /Yo l' dixe como en juego: Picaça parladera, /Non tomes el sendero é dexes la carrera: /Syrve do avrás pro, pues sabes la manera: /Que non mengua cabestro á quien tyene çivera.".

Muchas de las denominaciones vulgares de esta ave son nombres propios de mujer y, al parecer, se deben a su conocida propiedad de parlotear, a su garrulidad. Sabido es que injusta y tendenciosamente se ha reservado a las féminas el defecto de la incontinencia verbal, hablar por los codos sin arte ni concierto.

Gaius era uno de los nombres romanos mas comunes y su femenino, Gaia (no confundir con el griego gaia, tierra), de nombre propio de mujer amplió su significado para designar a la urraca (actualmente en algunos pueblos españoles se la llama gaya). Esta costumbre se transmitió a otras lenguas, especialmente a las romances.

En castellano es, además de urraca, nombre de mujer, marica, que es la forma diminutiva e infantil de María, usado como designación cariñosa y familiar (lo que se llama hipocorístico, que es lo que es Pepe de José o Paco de Francisco). En algunos pueblos andaluces también se la llama juanita o pepa.

En valenciano se la llama blanca, nombre de mujer de origen germánico (Blank), y hay dichos comparativos que aluden a su costumbre de chacharear (xarrar com una blanca).

En francés es margot, hipocorístico de Marguerite, y que también es sinónimo de mujer parlona, de cotilla. En inglés es magpie (que procede del antiguo francés margot–la–pie) y también es usado para referirse a una persona que recoge cosas, en particular las brillantes de poco valor, y también a las personas que charlan ociosamente. También en Francia pie es urraca, y un dicho popular en ese país dice: "être bavard comme une pie", o sea "hablar como una urraca".

En toscano es cecca, diminutivo afectuoso de Francesca, pero también significa mujer desaliñada y parlanchina. Según algunos etimólogos, gazzeta, nombre de muchos periódicos italianos (castellanizado como gaceta), es el diminutivo de gazza, urraca en italiano, por ser esta ave el símbolo de la murmuración y la locuacidad.

El nombre castellano más antiguo y tradicional parece ser el de picaza (pícaça) y aunque sólo a partir del siglo XVI se empiezan a recoger en los escritos el resto de denominaciones para referirse específicamente a esta especie (tratados cultos). El juego de palabras que el Arcipreste de Hita hace en el Libro del Buen Amor (una vieja "rapaz", sinónimo de ladrona, de nombre Urraca, a la que él llama "pícaça parladora"), parece indicar que entre el pueblo ya se le aplicaban a la especie los nombres propios femeninos al menos desde el siglo XIV.

Cómo citar

Fernando Benito Álvarez: «Observaciones sobre tres nombres alaejanos de aves: Arrecájel, Ucho y Marica». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2013.

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