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Programa de Fiestas · 2013

Temas pendientes de la historia de Alaejos

José Ojeda Nieto·Historia general de Alaejos

José Ojeda Nieto

A lo largo de más de veinte años he venido dando noticias de la historia de Alaejos: dos libros publicados (un tercero anda buscando mecenas) y una veintena de artículos resumen mi aportación. Creo haber resuelto bastantes dudas sobre la historia de nuestro pueblo (hay quien lo desconoce, lo que no es grave, sino quien conociéndolo pretende ignorarlo), y creo también que ha transcurrido un tiempo más que prudencial dedicado, sino exclusiva sí intensamente, a esta tarea. Es hora, pues, de dejar la labor a otros. Con esta despedida, deseo —permítaseme personalizar, es la primera vez que lo hago— señalar tres cosas:

Primera: Mostrar públicamente, a través de esta Revista, mi agradecimiento a todos los que despertaron en mí la inquietud por conocer la historia de nuestra villa. A todas aquellas personas que supieron, antes que yo, contar lo que sabían. También a aquellos que me relataron leyendas. Estas se convertirían en alicientes para investigar. Enumerar a unos y otros, los autores de los artículos de la Revista y a los que oralmente satisficieron mi curiosidad, sería interminable. En mi recuerdo permanecen todos.

Segunda: Hoy, en este mundo en el que vivimos, poco se hace sin algún incentivo. Pudiera ser que en el futuro escaseen los descubridores de la verdad histórica, los perseguidores de leyendas, los transmisores de los hechos, por lo que se me ocurre solicitar —para infundir ánimos a venideros articulistas y posibles historiadores, sobre todo jóvenes— la creación de algún premio por la participación en la Revista de Fiestas con artículos de tema histórico. Así se hace con otros "entretenimientos" (se remunera a músicos y comediantes, a cortadores y feriantes, a deportistas campeones, campeones de calva y campeones de piñatas). Sería bueno para descubrir nuevos talentos, además de un reconocimiento al espíritu, comportarse con ellos como con los otros. Resulta que —vuelvo a solicitar el perdón a los lectores— si el albañil levanta un tabique, se le abona el esfuerzo; si el notario levanta acta, se pagan sus honorarios; si el médico cura al enfermo, recibe su retribución; si el torero torea, tiene su premio... Pero si un investigador —de Historia hablo en este caso, que es a lo que vamos— elimina errores históricos, descubre el tupido velo de la verdad, coloca las leyendas en su sitio, alumbra lo ignorado... Y todo esto con el esfuerzo de horas y horas entre papeles viejos, deshojando y desojándose, yendo de un archivo al otro, y al final lo publica —supongamos que en la Revista de Fiestas— recibe... los parabienes de algunos interesados. Incluso hay quien opina que con eso está pagado y más que pagado, y que las gracias las debe dar el autor. Supongo que piensan como pensó aquel de Cervantes, que "Si necesidad le ha de obligar a escribir, quiera Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo". Es decir, piensan que bien pagado va con la fama, que si a los primeros —comediantes, campeones, feriantes y cortadores— se les paga con dinero, a éste con... la inmortalidad.

Y tercera: Al despedirme de la Revista, lo hago en cuanto a mi participación, que no a la lectura de las venideras. Con fruición espero la siguiente, y la siguiente. Sigo pues interesado en el conocimiento, en los hechos y la vida de Alaejos. Y es este interés el que me lleva a enumerar —como si de pistas se tratase— aquellos temas en los que la historia de nuestro pueblo queda un poco coja. Por mi parte, seguiré, siempre que pueda, tirando de la hebra histórica. Pues bien, ¿cuáles son estos puntos de interés que convendría rellenar?:

1. A todos nos inquieta, a mí también, el punto primero: ¿cuándo nació Alaejos, cuándo se creó, y quiénes fueron esos creadores? Difícil papeleta, pero no deja de ser intrigante para futuros investigadores. Quisiéramos todos que algún día apareciese el acta de nacimiento, o de bautismo, de la otrora aldea, si es que a aldea llegaba, de Alaejos. Ya auguro que será imposible, pero no lo es el irse acercando, y es precisamente el irse acercando lo que atrae, porque en este proceso se descubren hechos y acontecimientos inesperados.

2. Por ahora tenemos como fecha más próxima al origen la de 1157. Pero esta fecha indica que ya había pobladores, luego antes debió haber otros. Y es por aquí por donde cojeamos bastante, porque ignoramos todos los acontecimientos que se vivieron alrededor de esos años: antes y después. Tema, éste, interesantísimo porque corresponde, si no al nacer de la aldea primitiva que fue en su día Alaejos, al renacer, al momento en el que se deciden a hacer pueblo, erigir una fortaleza, fijar normas de convivencia, establecer el gobierno concejil... y levantar dos iglesias, de las que hoy no tenemos ni la más ligera idea de cómo pudieron ser. (Algún día quizá las excavaciones que se hagan sobre las actuales saquen a relucir la planta de las primitivas, quizá románicas, quizá góticas, o ambas cosas).

3. Hay un vacío enorme a rellenar por los futuros estudiosos que abarca casi un milenio, y aún más si tiramos de la hebra de la historia hacia atrás. Ignoramos si los romanos se asentaron por estos pagos, porque andar seguro que anduvieron, pues hay muestras en poblaciones cercanas. ¿Y la civilización visigoda no dejó ninguna muestra, ningún resto que demuestre su estancia en Alaejos, cuando por localidades también próximas anduvieron hasta reyes?

4. Y luego está la civilización musulmana, con restos tan próximos como los "qanat" de Fuentelapeña, señoreando estas tierras castellanas cerca de 500 años, teniendo las tierras del sur del Duero como tierras de frontera y razias, dejando para futuras generaciones su cultura de arte mudéjar, el arte del ladrillo. ¿Seguro que no anduvieron por aquí? ¿Podremos demostrar —demostrará el futuro investigador— algún día, con testimonios fehacientes, que Alaejos también participó de la cultura islámica?

5. Pero es que una vez "reconquistado" el pueblo —en 1157 ya lo estaba—, la penumbra vuelve a dominar. Y otra vez más volvemos a ignorar cuándo y de dónde llegaron —si es que llegaron y no fueron antiguos musulmanes reconvertidos— los pobladores cristianos. ¿Qué hicieron, cómo vivieron, qué relación tenían con los linajes medinenses... cómo y cuándo, como ya he dicho, levantaron los primeros símbolos de su fe frente a los musulmanes, que todavía les quedaban bien cerca? Así pues, un enorme campo a investigar, un nuevo hilo del que desentrañar un nuevo ovillo histórico extremadamente atractivo: porque los siglos XII al XV (nada menos que 300 años) son los siglos en que se forja la villa: de ese ir haciéndose desde cuatro casas hasta gozar de título de villa. Que por cierto, ¿cuándo consiguió el título y qué rey otorgó el privilegio?, porque villa no se nace, se hace.

6. Después llegan años y siglos verdaderamente históricos —por cuanto los documentos aportan datos y porque Alaejos parece tener su renacer: el pueblo, personajes y reyes se dejan ver en los textos—. Es la etapa gloriosa, con sus años de penumbra también. Años de reconstrucción del castillo y de las iglesias, de los que tanto sabemos y tanto nos queda por saber; es el auge del viñedo y de las botas de vino que calientan más que todos los paños de Francia; es el crecimiento esplendoroso de la villa; es la lucha de los primeros alaejanos por la libertad y de la toma de postura por el rey. Y es también la etapa de sometimiento señorial... y de graves crisis epidémicas y de subsistencia de las que alguna localidad, como Valdefuentes, saldrá tan mal parada que desaparecerá. Pero, en fin, es más interesante señalar lo que queda por estudiar.

¿Por qué decidieron derribar las antiguas iglesias y levantar las actuales? ¿Qué fue de los primitivos retablos y sus imágenes? ¿Qué de la cantería antigua, se llevó a la ermita, anda repartida por los cimientos de algunas casas? ¿Qué artífices trabajaron en ellas? ¿Cuándo, concretamente, se iniciaron y terminaron?

Pongamos los mismos interrogantes para el castillo, y aún añadamos nuevas dudas sobre las gestas que acogió: ¿cómo se defendió del ataque comunero? ¿Qué figura tenía, qué salones?, ¿cuántos soldados albergó?

Y así, con la ermita de La Casita: ¿Qué hay de verdad y qué de leyenda? ¿Y de las otras: Santa Ana, San Cristóbal, San Roque, San Gil?

Pero hay dudas de carácter social igual de interesantes: cuatro linajes organizaron el gobierno concejil durante la Edad Media. ¿Qué sabemos de esos cuatro linajes? ¿Cuál fue su importancia histórica? ¿Tienen algo que ver con la repoblación, u origen, del pueblo? ¿Impusieron ellos "la democracia" por la que se rigió la villa durante las etapas Media y Moderna? ¿Y los conflictos con los señores?

Interesante cuestión ésta de los conflictos, y los perdedores. Porque sabemos muy por encima que las relaciones del pueblo con sus señores no siempre se condujeron por la senda de la fraternidad. No hubo —que se sepa— ningún Fuenteovejuna, pero sí graves tensiones que merecería la pena conocer. He aquí un buen tema para alumbrar a personajes ocultos de la historia, a los perdedores. Personas que lucharon por ser del rey en vez de depender de un señor, y perdieron y perdimos, seguramente, todos.

¿Qué se sabe de los Zabacos? ¿Por qué recibieron un trato impositivo especial? ¿Quiénes eran para ser merecedores de la gracia económica y no, en cambio, de un privilegio honorífico —la hidalguía, por ejemplo— que era lo que siempre se esperaba y todo pechero anhelaba?

¿Cuál fue la verdadera participación del pueblo en el incendio de Medina del Campo en 1520 con el que se inicia la Guerra de las Comunidades? Autores hay que culpabilizan al pueblo todo. Está por ver si es así o sólo fueron las mesnadas de Antonio de Fonseca, que bien diferente es lo uno de lo otro. Pero ahí está, pendiente de estudio. ¿Cómo completar también con mayor precisión el desastre que los medinenses hicieron como revancha en Alaejos. Y si el aspecto material de ambos desastres son importantes, ¿no llama la atención saber si el pueblo se decantó por el rey libremente o presionado por Fonseca?, ¿no hubo comuneros en Alaejos? Y tanto si los hubo como si no, ¿cómo vivieron y cómo vivieron los alaejanos una revuelta que levantó contra su rey a "media" Castilla?

Sabemos que se padecieron plagas, pestes, epidemias... persistentes y mortíferas algunas ¿y es tan poco lo que sabemos de sus padecimientos, de su lucha? ¿Cómo superaron las crisis, como la decadencia vitivinícola? ¿Qué alicientes hallaron para salir de los malos años y superar la dificultades? ¿Qué transformaciones llevaron a cabo en el agro para encontrar la base económica de las nuevas centurias de esplendor?

Y hubo un convento de franciscanos, y se sabe el trato que le dio el señor de la villa, y se conocen algunos acuerdos tomados en Alaejos de gran repercusión para los franciscanos, pero se ignora lo más importante para la villa: ¿qué influencia ejerció la orden sobre los vecinos? ¿Se preocuparon por la educación de los infantes? ¿Ayudaron a los necesitados? Y si es así, ¿cómo y de qué manera? ¿Hubo tensiones entre el clero regular y secular? ¿Fortalecieron alguna devoción? ¿Cómo desapareció, qué ocurrió con el material documental, qué con los ornamentos, qué con los retablos, qué con sus bienes?

Y ya, al final de estas etapas, en la última centuria modernista, una nueva corriente intelectual se va imponiendo: la Ilustración. Y sabemos, en general, que con ella llegaron nuevas formas de enfrentarse a los problemas: desde las ideas a la praxis. Recordemos cómo la Real Sociedad Económica abre nuevas vías de producción económica. Ésta, en esencia, luchando contra la crisis de la centuria precedente. Pero la Ilustración llegó con más ideas: ¿no propuso nuevas formas de cultivo?, ¿no incentivó los avances técnicos?, ¿no impulsó la artesanía, la apertura de talleres? Y en el campo de las ideas: ¿seguro que no expandió otras formas de entender y practicar la religión?, ¿seguro que no provocó los primeros roces entre el clero y el pueblo? La Ilustración quiso romper con tradiciones que no gustaron, seguro, al pueblo: ¿qué sabemos de ello?

7. Y así, llegamos a las últimas centurias. Épocas con abundante documentación, pero pendiente de ser expurgada, aunque alguna va saliendo a la luz. Pero estos últimos siglos —XIX y XX— están cargados de acontecimientos extralocales en los que, quiérase que no, participan los vecinos: por gracia o por desgracia. Siglos de guerras, de cambios políticos, de cambios económicos. Por ejemplo: ¿cómo se tomó el pueblo la guerra de la Independencia, cómo las guerras Carlistas, cómo la independencia de Ultramar, cómo sus guerras, y las guerras de Marruecos...? Así, en abstracto suenan frías, como vistas en película, mas ¿qué sintieron los hijos, las madres, padres, hermanos... cuando veían que, por quintado, su padre, hijo o hermano debía ir a luchar? ¿Y el pueblo todo, qué postura adoptaba? ¿No está todo esto por averiguar, por investigar?

8. Siglo, éste del XIX, no sólo de guerras, también de avances tecnológicos, que más tarde que pronto debieron llegar: ¿cómo influyeron socioeconómicamente? Siglo de avances médicos y de control de la mortalidad que hizo crecer la población hasta límites semejantes al XVI, pero que ahora, las nuevas visiones sociales impusieron otro ritmo de vida y provocó que muchos, descontentos de la situación, buscasen la vida por las "américas": ¿qué sabemos de ellos?, ¿cuántos emigraron?, ¿qué rumbo —América es muy grande— tomaron? ¿Hubo, como en otras regiones, regresos?

9. Siglo XX, siglo de nuevas guerras. Muchos vecinos, quieran que no, han de acudir a los frentes de batalla. Nuevas corrientes ideológicas crispar los ánimos y las envidias mal-dirigen los actos de los hombres. La guerra —especialmente la última Guerra (in) Civil— se aprovecha de ello, y alaejanos de una y otra ideología morirán, muchos sin saber la causa. Otros, en cambio, se aprovecharán de ella. Aun estando todavía tan reciente —la Historia precisa de un cierto alejamiento (se trata de ver el bosque, sin olvidar el árbol)— muchas son las preguntas y los interrogantes que quedan pendientes para futuros historiadores.

10. Pero el siglo XX no fue sólo guerra; los avances tecnológicos trajeron avances económicos y sociales, y con ello otras formas de relación, a un ritmo tan rápido que en dos pares de décadas, se ha pasado de la emigración más abundante que ha sufrido nunca el pueblo a la inmigración, para que al cabo de una década —nuevo ritmo socioeconómico— es posible que se inicie un cambio migratorio. Nunca el pueblo produjo tanto con tan pocos, pero también nunca tuvo tantas personas mayores y tan pocos jóvenes... ¿No habrá que explicar todo esto? ¿No es campo de estudio para los futuros historiadores?

Muchos más son los interrogantes, baste con estos como pista para rellenar nuevos artículos en la Revista de Fiestas, o para la edición de nuevos libros de historia de Alaejos. Por mi parte, sólo me resta esperarlos, leerlos y disfrutarlos, con el convencimiento de que al final sabré algo más de mi pueblo, de que una duda —o varias—, me ha sido resuelta, de que habré aprendido una lección, pues no dudo de que quienes vienen detrás lo han de hacer mejor. Es síntoma de civilización y yo creo —la Historia así me lo enseña— que los jóvenes superan a los mayores. Sólo así camina la civilización.

Cómo citar

José Ojeda Nieto: «Temas pendientes de la historia de Alaejos». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2013.

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