Noé León
Si la Plaza pudiese contarnos su historia relataría la del pueblo entero, ¿pues qué no pasa en la Plaza? Y si acaso el acontecimiento no tuvo lugar en ella, ¿cuánto tarda en llegar allí la noticia? De modo y manera que bastaría escucharla (si fuese un ente con la posesión del habla) para estar al tanto de todo lo ocurrido. Podríamos, no obstante, exigirle rigor y pedirle que se limite a sí misma, y aún, a fuer de mayor concisión, que concrete algunos hechos que estando relacionada con ella son poco conocidos por la gente que la transita.
Porque es obvio que si toma la palabra y empieza por los orígenes se describiría más pequeña, llamándonos la atención de que no siempre fue así, que ha sufrido cambios en la superficie y en la estructura. En principio, ya en el XVI, comenzó por ampliarse, para lo cual hubo de deshacerse de casas que la estrechaban. En el XVII, con la gran obra de la actual iglesia de San Pedro, no sólo se amplió, sino que delimitó la superficie, el plano, con que la conocemos. Un siglo después configuraría la imagen, que se mantendría hasta la actualidad. Eso sí, la estructura de los edificios que la delimitan sufrirían modificaciones perdiendo parte de esa imagen que la definía: empedrada, balconada y..., sobre todo, soportalada.
Si esto es lo que describiría de su imagen, más hablaría de los sucesos históricos que en ella han tenido lugar. Porque no pararía de contar cómo en la Plaza durante cuatro largas centurias ha tenido lugar la elección de las personas propuestas para alcaldes y regidores (y más centurias se contabilizarían si se tiene en cuenta cuando pasó a efectuarse en el Ayuntamiento, que parte de la Plaza y del pueblo es, al fin y al cabo). Hablaría y no pararía de relatar cómo llegado el momento de la elección todo el pueblo (sólo hombres, perdón) acudía a la Plaza y se distribuía por las cuatro esquinas atendiendo al linaje al que pertenecía (cuatro linajes y no siete, ojo) y allí el más viejo del linaje, después el regidor saliente, se acercaba a su esquina y elegía a tres vecinos (uno hidalgo y dos pecheros) para que la autoridad competente nombrase entre los propuestos.
Contaría, acaso con tristeza, cuando los comuneros (en un año recordaremos que ya va para 500), tras conquistar el pueblo, prepararían en ella las armas, la artillería concretamente, para proceder al asalto del castillo, que supo defenderse hasta declararse inexpugnable (durante dos meses aguantó el cerco, oiga, que en otras partes se hablaría más de ello). No conquistaron el castillo, pero señorearon la villa, sufriendo el pueblo los desmanes, y la iglesia de San Pedro (la que no conocemos) los desafueros cometidos en ella, con la Plaza de asiento de estos desbarajustes, que incluso derrocaron la Casa Consistorial y el rollo, símbolo éste de jurisdicción propia.
No olvidaría señalar lo paradójico de ciertos acontecimientos, pues ha sido testigo de cómo en pocos días se pasaba de alabar a vituperar un mismo hecho. Algunos tan recientes que prefiere soslayarlos porque, más o menos, se mantienen en la memoria histórica. Otros, más antiguos, vienen a explicar la volatilidad del ser humano en cuanto a opiniones, o el acomodarse a las circunstancias, vete tú a saber. Señalaría, por eso cómo se aceptó la Constitución de 1812; pero bastó que se anunciase el regreso de Fernando VII a España para que..., no sólo se la denigrase, sino que se la quemase cual hereje en una pira de manojos el 15 de mayo de 1814. ¡La Constitución de 1812 quemada! Y no contentos, el día de San Fernando, onomástica del Rey, quisieron volverlo a repetir, aprovechando la algazara que se levantó al socaire de la fiesta y del morapio. Entonces se oyeron muchos gritos de «Viva Fernando el Séptimo, mueran la Constitución y los traydores», y entre ellos no fueron «menos de notar el que el grupo de Mugeres —que— fomentaban a los amotinados y no heran las que menos insultaban con sus expresiones a todos y animavan a la sublevacion». Sublevación que llamó la atención, porque era a favor del Rey, pero en contra de los tributos, repartimientos y distribución de suertes del monte. Acontecimiento que acabó mal, muy mal, para una docena de vecinos, que no les valieron los gritos a favor del Rey y acabaron condenados con graves multas.
Pero frente a la tristeza que le pueden traer esos recuerdos tiraría de la hebra y sacaría a colación a personajes que cruzaron por ella y —seguramente— la disfrutaron contemplándola: Juana de Avis, que no estaba tan encerrada en el castillo como para no salir a pasear y «a otras cosas», por ejemplo. También su esposo, Enrique IV, que la visitó. Y anteriormente es muy posible que por ella pasase Fernando cuando andaba en la toma de Toro, Castronuño, Siete Iglesias, etc. Con certeza hablaría de los dos reyes que, camino de la iglesia de San Pedro, pisarían el empedrado de su suelo: Felipe III (la iglesia de San Pedro lo recuerda con lápida) y Felipe V. Con una centuria larga por medio: principios del XVII (en 1600 mismo), el primero; principios del XVIII (en 1710), el segundo. Verían dos plazas diferentes. Diferentes también a las que visitaron los personajes citados anteriormente.
Mas poco a poco va entrando el siglo XIX, quiero decir van llegando nuevas ideas. El liberalismo aparece por el pueblo y poco a poco va ganando terreno a los absolutistas-carlistas. Moderados, conservadores, progresistas..., liberales todos, van imponiéndose en las distintas convocatorias electorales. Hasta que un día los más progresistas dictan una Constitución que trae el «sufragio universal» masculino, una monarquía —cómo no— constitucional, un sistema bicameral, libertad de culto, de asociación, etc. En Alaejos, estas ideas, expresadas en la Carta Magna, cayeron muy bien, por eso el Ayuntamiento, a la sazón liberal, decidió dedicarle la placa, o rótulo, que todavía luce y podéis contemplar..., si os fijáis, que pocos lo hacen. Es todo un símbolo, un grito festejando a la libertad que estaba llegando... Acaso un desagravio por lo que habían hecho, medio siglo atrás, con la Constitución de 1812. Quizá sea también (pero esto te lo cuento a la chita callando porque me faltan datos precisos) un trágala... Sí, contra los absolutistas y carlistas.
He callado, para contarlo ahora, que entre esas ideas nuevas que iban calando entre la gente de Alaejos aparece también el republicanismo, pues Alaejos no hace sino imitar lo que ve en España. Los obreros ya están empezando a moverse, quiero decir empiezan a entrar en política. Muy poco, la verdad, pero algo es algo. Por ahora llevan la voz cantante las oligarquías y terratenientes. Mas en 1868 se vive un proceso revolucionario en España que durará seis años, de donde la Constitución de 1869, que va a producir distintos tipos de gobierno, uno de ellos, el más revolucionario, será la instauración de la 1ª República, estamos en 1873, es 11 de febrero. Pues bien, dejando la historia general, que bien conocida es, he de contarte que en Alaejos se instauró con todos los honores al día siguiente, el 12 de febrero, aquí en la Plaza, bajo ese rótulo dedicado a la Constitución, que, por cierto, los republicanos utilizarían mientras pensaban en otra que no llegaría a implantarse porque la 1ª República Federal desapareció antes del año, el 3 de enero de 1874. Cierto que luego continuaría un gobierno que se intitularía republicano hasta el 29 de diciembre, pero ya sería bajo un mando militar, vendría a ser lo que conocéis como «república bananera».
Como digo, desde el balcón se proclamará con gran alegría y jolgorio, sin alborotos, sin altercados, todo lo contrario. Había, al parecer una esperanza en algo nuevo que... acabó en sueño frustrado. Pero mejor te lo cuenta el corresponsal local de la villa, para que veas que no exagero:
Sr. Director de El Norte de Castilla. Muy señor mío: En cuanto á los sucesos que surgieron por aquí á consecuencia del cambio de instituciones ocurrido, le diré que el 12 del corriente el Comité republicano de esta proclamó en medio del mayor orden la República federal, no teniendo necesidad de emplear otros medios que la persuasión, para vencer la ligera resistencia que parece encontró en la autoridad radical; resistencia que se cree hubiera sido inútil, porque aseguran que aquel tenía tomadas sus precauciones.
Instalado por aclamación como Junta á Consejo federativo revolucionario, hizo saber al vecindario por medio de bandos, las disposiciones ó acuerdos que adoptó, todas en concordancia con el mas exquisito (sic) federalismo y sin ofender; antes por el contrario, ofreciendo reprimir con mano fuerte cualquier desmán y su apoyo, respeto y protección á todas las personas honradas sin distinción de partido, las cuales en vista de proceder tan noble, le rogaron á su vez por conducta de varias comisiones, aceptasen sus simpatías y le ofrecieron además su apoyo material; apoyo de que no debió tener necesidad, porque todos marchaba con el orden más perfecto; los negocios y trabajos agrícolas no se interrumpieron más que cuando los sugetos (sic) invertidos en ellos querían demostrar su gratitud y entusiasmo ante lo que palpaban; (pues muchos estaban en la falsa idea de que la proclamación de la República traería tras de si una larga serie de venganzas y horrores) y acudían gozosos y espontáneamente (sic) a la Casa Consistorial, donde se hallaba instalado dicho Consejo revolucionario, á protestar contra aquel error, victoreando (sic) á la República federal; la administración de justicia seguía su curso regular, eran una verdad la garantía á los ciudadanos de sus derechos, el cumplimiento de sus deberes, etc., etc., y el pueblo hallaba ventajas. Así las cosas, vino el día 15 en que á virtud de las comunicaciones que parece mediaron entre dicha Junta, el Sr. Gobernador civil y Excelentísimo Sr. Capitán general del distrito, aquella llamó al Juez municipal, al Alcalde y este al Ayuntamiento que habían cesado, los cuales cuentan que bajo promesa de acatar, cumplir y hacer cumplir lo que el Gobierno republicano, expresión (sic) de la voluntad nacional acuerde, fueron repuestos en sus respectivos cargos; cuyo acto se llevó á efecto con toda solemnidad, desfilando por delante del balcón de la Casa Consistorial la compañía de voluntarios republicanos que se creó en el tiempo que rigió los asuntos de esta villa la citada Junta; y á la cual y á todos los vecinos dirigieron breves palabras el Presidente de la misma y Alcalde, y algunos vivas á la República y á la libertad, que fueron calurosamente contestados por la multitud.
Esta es la historia fiel de lo aquí ocurrido, y puedo asegurar á V. Sr. Director con la imparcialidad que me es propia y mi cargo además me impone, que el corto período revolucionario será recordado por estos vecinos con satisfacción.
En la mayor parte de los pueblos inmediatos importantes como la Nava, Rueda, La Seca, Torrecilla, Castrejón, Castronuño, etc., etc., se proclamó también con orden, según mis noticias, la República federal... Alaejos 21 de febrero de 1873.
Y tras la caída de la I República se sucedieron una serie de acontecimientos que...
—Basta por hoy. Otro día me lo cuentas.