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Programa de Fiestas · 2025

Un pueblo, dos iglesias... una parroquia

Noé León·Patrimonio artístico y religioso

Noé León

La tendencia a creer que lo que ahora tenemos lo hemos tenido siempre, que las tradiciones son perennes, es una gran falacia. No solo se alteran con el paso del tiempo, que todo lo cambia, sino que instituciones y organismos que levantan la voz para proclamarse defensores de tradiciones y costumbres son, en hartas ocasiones, los primeros en modificarlas.

En los momentos actuales dispone el pueblo de dos iglesias, mas de una parroquia —Parroquia de Santa María y San Pedro— y, por lo tanto, de una sola feligresía. Está pues al caer que, la nueva generación que ha de sucedernos, afirme con rotundidad que siempre fue así. Las personas mayores que vivan en ese cambio generacional les recordarán, sin embargo, que hubo un tiempo que había dos parroquias, cada una representada por cada una de las iglesias. Y acaso les recuerden a qué parroquia pertenecían, pues existían entonces, dirán, una delimitación espacial, que dividía el pueblo en dos zonas parroquiales, en dos feligresías. Alguno de ellos recordará también que en sus tiempos de niño-joven había una cierta rivalidad en gestos y en dichos entre ambas parroquias (Mas de esto, otros sabrán contarlo mejor).

Incluso alguno afirmará que la división espacial entre las dos parroquias había existido “de siempre”. Y, sin embargo, esta distribución se implantó en 1885. Este año se fijó la división espacial entre feligreses de Santa María y feligreses de San Pedro, dejando las cosas como se ha creído que eran “de siempre”. Las autoridades eclesiásticas de aquel entonces quisieron acabar con una situación que, a su modo de ver, causaba confusión, y fijaron, con plano —o recorrido—, los límites de cada parroquia y los feligreses que a cada una le correspondería. O sea, que los de antaño alegarán que su modo de vivir —o de división parroquial, que es de lo que ahora se trata— viene “de siempre”, y los de hogaño defenderán que lo “de siempre” es lo suyo.

Lo que ocurrió en 1885, sin embargo, fue un ataque a la libertad de decisión del vecino. Porque hasta este año existía el derecho, que se remonta a los tiempos de la fundación de la villa, de poder elegir feligresía, y aun de poder cambiarla, se morase en la zona del pueblo que se morase. Era otro caso de libertad fundacional, de la que se habló en artículo anterior: los repobladores de la Edad Media, especialmente los de la Alta Edad Media, podían decidir a qué parroquia querían pertenecer, y si, pasado un tiempo, no les placía el trato que recibían, o su devoción mostraba otra querencia, podían cambiar de parroquia… Sin cambiar —ojo— de residencia; o bien —ojo— cambiar de residencia y mantener la feligresía. De aquí que bien pueden establecerse distintos periodos históricos en los que a la capacidad de libertad parroquial se refiere:

1er periodo: Libertad de elegir parroquia (para cambiar se precisa estar un año desavecindado)

Así que hubo un tiempo, largo tiempo (acaso desde la fundación y hasta bien entrado el siglo XVI) en que el nuevo vecino, se instalase donde se instalase, podía elegir parroquia (pongamos que se va a vivir a "la Mangadilla" y toma por patrono a San Pedro). Pero podía cambiar en cualquier momento. Solo que, eso sí, cumpliendo unos trámites. A saber:

1.º Acudir al Ayuntamiento y desavecindarse.

2.º Vivir durante un año fuera de la localidad. Pues como alega un vecino implicado en el asunto: "a sido y es costumbre usada y guardada quel vezino parrochiano de una parrochia no se a podido ni puede mudar para dezmar en la otra parrochia y ser feligres della sin se desavecindar primero de la dicha villa estando rresidiendo un an[n]o por lo menos ausente della…"

2.º periodo: Sigue la libertad de elección (con tres Pascuas desavecindado se puede cambiar de parroquia)

A la altura de 1533, sin que sepamos cuándo se modificó exactamente, el hecho de vivir un año fuera de la localidad se había reducido a residir fuera solo las tres Pascuas (Resurrección, Ascensión y Pentecostés). Este año en concreto se especificó con toda claridad: "quando un vezino se quiere pasar de una parrochia a otra Ay nesçesidad que se desavezinde de la dicha villa… que basta que el tal vezino… se baya fuera de la dicha villa y Esté en otro qualquier lugar las tres pasquas del anno que son diez o honze dias En todo el anno sin que mude su casa y alajas, y con esto A cumplido con la dicha costumbre… para mudar En otra parrochia".

Y cumplido el trámite, tanto en el primero como en el segundo periodo, hay que regresar y empadronarse de nuevo, declarando en este momento a qué parroquia se desea pertenecer.

Es obvio que, con el paso de los años —son muchos los años como para mantener este derecho sin modificación—, se iría produciendo una postura acomodaticia: elegir por parroquia la más próxima. O bien, por mimetismo familiar: elegir la parroquia de los padres. Por lo que antes de 1885 ya habría un reparto espacial de feligreses coincidente con la influencia de las parroquias.

No se debe despreciar en este proceso, sino todo lo contrario, que la distribución diezmal (la entrega todos los años a la iglesia de la décima parte de la producción) pesaba mucho en la presión que se ejercía sobre los vecinos recién llegados que debían elegir parroquia. Pues los diezmos, y aun otros ingresos, independientemente de su procedencia —bienes de los feligreses— al repartirse entre las parroquias debía ajustarse a la proporción de 3 partes de cinco para Santa María y 2 para San Pedro. Valgan unos casos que confirman lo que ya se ha dado a conocer con mayor exhaustividad en otros estudios. Así, en la "Concordia entre las dos Comunidades de Santa María y San Pedro… sobre los Diezmos —de 1708— que estan en la cilla y acervo Comun de ella de que se a de aplicar a la de Santa Maria 3 partes y a la de San Pedro dos". Lo cual implica un número de beneficiados equivalente: 15 y 10 en el siglo XVII, 12 y 8 en el siglo XVIII, 8 y 6 a principios del XIX…, para Santa María y San Pedro, respectivamente. Y, por lógica, los gastos comunes, no los de cada parroquia, se distribuyen en igual proporción. Véase: la visita del vicario a la villa supuso un gasto de 355 reales, por lo que "por razon… tocaron a pagar a Sta. Maria 213 y por razon de su parte a S. Pedro 142 reales.".

De esta manera se está señalando a la parroquia de mayor raigambre, que sin duda está relacionado con los orígenes del pueblo, cuando aquellos repobladores tras asentarse en el lugar comenzaron por edificar primero una iglesia —Santa María—, más tarde la otra, cuando crezca en población.

3er periodo: Pérdida de la libertad de elección (la parroquia se determina por el lugar de residencia)

Al llegar 1885, cuando ya los diezmos habían pasado a la historia, y mandas, obras pías, limosnas y cobros por derechos del ejercicio pastoral (bautismos, bodas y entierros) pasaron a ser los ingresos más sustanciales de las parroquias, el obispado de Valladolid, sin duda influido por los informes que remitiría el clero de ambas parroquias, hubo de ajustar los espacios parroquiales para que no hubiese confusión. El deslinde —que bien pudo hacerse sobre plano, bien haciendo el recorrido (que, a modo de paseo, proponemos)— fue el siguiente:

"Entrando desde la carretera de Salamanca por la calleja de Herreros —se recorre toda ella— y doblando —a la izquierda— por la calle de Pastores —se va por ella hasta— la calleja innominada, que sale a la de las Conchas (hoy, Gonzala Santana). —Tras recorrerla— Se gira a la izquierda para ir por la de Juan Méndez —hasta llegar— a la del Pozo, —donde hay que girar a la derecha para, tras cruzar la Calle Zabacos— llegar hasta la de la Ronda (hoy, Calle La Casita), —donde nuevamente se dobla a la derecha hasta el— Arrabal, —para continuar por medio—".

Todo lo que queda a la izquierda del recorrido descrito pertenecerá a la parroquia de Santa María; todo lo que queda a la derecha, San Pedro.

Todo quedó fijado, todo establecido, todo deslindado, todo más sencillo, pero… Sí, pero la libertad de optar por la parroquia, cuyos orígenes remontaban a los mismos orígenes del pueblo, y que recordaban, como otro símbolo más el carácter con que se repobló Falafeios, quedó oculto a la memoria colectiva. Y hoy, cuando ya pronto se hablará de que la Parroquia de Santa María y San Pedro ha sido "de siempre", lo que se hará no es solo olvidar la historia, sino tergiversarla, anulando una de las señas de identidad con las que naciera Alaejos.

En todo caso, como resumen, pueden tenerse presente los siguientes hechos:

1.º Que las tradiciones, por más que se quiera defenderlas, están sometidas a la evolución histórica: se modifican, se alteran… desaparecen.

2.º Que el estudio de la evolución de las parroquias demuestra que nacieron bajo el signo de libertad imperante en la época de reconquista, cuando entre los siglos XI y XII se repoblaron los territorios fronterizos al sur del Duero en los espacios de libertad que patrocinaba Castilla.

3.º Que el siglo XIX rompió con la libertad del vecino de elegir parroquia. Cercenando la libertad como gustaron las autoridades eclesiásticas de la provincia, que no fue sino repartiendo las feligresías en unos espacios fijos y bien delimitados.

Y 4.º, que a fecha actual el pueblo, de dos iglesias, se compone de una parroquia, de una feligresía, y que, como resquicio de tradición, se respeta el impartir algunas ceremonias religiosas, todavía, por las parroquias de antaño.

Cómo citar

Noé León: «Un pueblo, dos iglesias... una parroquia». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2025.

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