Noé León
¿Qué razones inducen a un gobernador provincial a tener que reunir a las autoridades de dos localidades próximas a fin de organizar un acto de paz y hermanamiento, por dos veces, además, una en cada localidad, e incitar a los alcaldes a darse un abrazo ante la concurrencia de la vecindad, que asiste al acontecimiento más expectante que atónita? Veámoslo.
Se recordará que terminábamos el artículo del año anterior apuntando el dicho que los navarreses dedican a Alaejos. Aquello de: "Alaejos se quema, la Nava llora/ porque no se ha quemado antes de ahora". Con similar cantinela, aunque no con tan malos deseos, los alaejanos recuerdan "que tienen tres cosas que no las tiene la Nava…", o bien hacen referencia de los navarreses "como los que intentaron meter la viga atravesada". ¿Por qué esta rencilla solapada, oculta en dimes y diretes? Acaso la envidia tenga mucho que decir.
Se envidia, se dice, lo que tenemos próximo, tanto por el conocimiento que tenemos del otro, como porque anhelamos sus bienes. Es decir, se precisa conocer tanto al sujeto que se envidia como las cualidades y bienes de que goza. No se envidia lo inalcanzable, sino lo próximo. Es de cajón que sicólogos y sociólogos calificarán estas distinciones como simples, por lo que a ellos recomendamos que se acuda para mayor clarificación, y aun más gratificación. Pero dejando aparte los estudios sicológicos, sí parece evidente que los pueblos se conducen por parámetros de conducta muy próximas a las de las personas. Un pueblo envidia al lugar vecino porque ve que éste cuenta con unos bienes que él desea. Siempre el pueblo que está por debajo mira al que le supera. Esta envidia se acrecienta cuando el pueblo inferior fue, en tiempos no muy lejanos, superior. Nuevamente, como puede verse, se reproducen los mismos síntomas, o similares, que con los individuos. Y algo de esto es lo que pasaba en tiempos no muy lejanos entre Nava del Rey y Alaejos.
Hubo un tiempo en que Alaejos superaba a Nava: esta, seguramente, envidiaba a Alaejos. Fueron aquellos años en que La Nava —en estos años, era La Nava— dependía de Medina del Campo como aldea de su alfoz. Y aunque en 1560 conseguirá la exención y la jurisdicción propia, modificando su nombre por el de Nava del Rey, seguirá demográfica y económicamente por debajo de Alaejos. Eran los años en que el vino viejo de Alaejos destacaba por encima del joven de Nava. El paisaje urbanístico, destacando dos iglesias y un castillo, ofrecía mayor empaque y vistosidad que el de la localidad vecina. Incluso el trato que recibió de sus primeros señores, los fundadores y engrandecedores del señorío, los Fonseca, ayudó a que Alaejos destacase por encima de las villas del alfoz medinense. Los primeros Fonseca apoyaron el crecimiento, alentando la repoblación y bajando impuestos, mientras que La Nava empleaba su fuerza en desligarse del todo de la Villa matriz, Medina. Seguramente, entonces, miraba a Alaejos con ojos de "envidia".
Ahora bien, como prueban los hechos, Nava del Rey supo convertir en aliciente a imitar, y aun superar, el objeto deseado.
Y así fue como llegó un tiempo en que la situación socio-económica se invirtió. En este momento la envidia también se invierte, ahora es Alaejos quien comenzará a envidiar a Nava del Rey: si 1560 señaló el inicio del despegue, sería a finales del xvii y, con más claridad ya en el xviii cuando Nava del Rey casi duplicará en población a Alaejos. Distancia que se mantendrá y que tiene como cénit 1899, año en el que Nava cuenta con más de 6.400 habitantes frente a los algo más de 3.500 de Alaejos. Pero en los treinta años primeros del xx Nava pasa por una crisis que, pareciera —solo pareciera— acercarla a Alaejos. Así, en 1930 su población desciende hasta los 4.800 habitantes, mientras que Alaejos se mantiene en los 3.500. Es en esta treintena de años cuando acaso renacieron las esperanzas alaejanas de ponerse al mismo nivel, si no volver a superar a su "rival". Y la envidia surge —recuérdese— cuando se ve factible, cuando lo envidiado se muestra alcanzable. (Solo por comparar: en los momentos actuales Nava del Rey empadrona a 1.951 habitantes frente a 1.385 de Alaejos).
¿Con qué elementos atrayentes —envidiables— contaba Nava del Rey?:
Así, en principio, la elección de esta localidad en 1833/34 como cabeza de partido judicial no sentó nada bien en Alaejos. Especialmente porque debían acudir a esta población a tratar los litigios. Se les hace ir a la localidad de la que más recelan, lo que viene a ser como una afrenta, y en especial si el pleito es con un navarrés. Prueba este anhelo alaejano el que, en 1840, y hasta 1844, el juzgado cambiase, por cuestiones políticas, a Alaejos. Es decir, el prestigio que llega con el título de Cabeza de Partido se hace envidable. Que Nava se lo quede al final, incentivará la discordia.
Que Nava del Rey contase con vía férrea —llega el tren en 1864— uno de los inventos más destacados de la centuria y que de él no pudiese servirse Alaejos va a ser como una espina que tratará de solucionar el alcalde Alfonso Mela. Espina que, como bien sabemos, no pudo sacar.
Que el pago de la Cantera o Cuadrada quedase en término de Nava, cuando tantos años —centurias incluso— estuvo trabajado por vecinos de Valdefuentes (mientras esta localidad existió) y posteriormente por alaejanos, fue sentido como una apropiación injustificada.
Añádase a esto la marcha económica, en la que Nava del Rey iba destacando, venciendo incluso con más brío y prontitud la crisis de la filoxera, dejando "en feo" los vinos de Alaejos, tantas veces cantados, pero que ahora se veían a la sombra de los de Nava.
Y como colofón, para significarse sobre las localidades colindantes, recibe, de Alfonso XII, en 1877, el título honorífico de ciudad. Si ya destacaba, por encima de Alaejos, en elementos constatables y prácticos, ahora el título, superior al de villa, dejaba a su antagonista tocada en cuestiones protocolarias.
Población, economía, tribunales, comercio, vía férrea, título de ciudad…, ¿habría también algo de política por medio? Es el caso que a principios del siglo xx ambas localidades mantienen actitudes de enfrentamiento solapado, avivándose con comentarios desabridos de la una a la otra que irían generando, cuando vecinos de ambas se encontraban, en piques que, si el vino andaba por medio, acababan en peleas, esporádicas las más, pero acaso también organizadas. ¡Y tantas, que hubo de intervenir el gobernador provincial!
En efecto, se conoce el acto final, aunque se siguen ignorando las razones que obligaron a tal gesto. Mas, es el caso que, el 31 de mayo de 1928, los alcaldes de Alaejos y Nava del Rey —enfrentadas ambas localidades (no se cita la causa)— firmaron en esta última localidad un acuerdo de paz ante el gobernador provincial. ¡Pero, ¿qué ocurría entre ambas localidades —es decir, entre sus vecinos— para tener que firmar un acuerdo de paz?! ¡Cuándo se ha visto que dos pueblos deban recurrir a una paz a modo y manera de dos países enfrentados! Y por si no bastase con un acto protocolario, hubo que recurrir a un segundo. O quizá se repitió para que ninguna de las localidades se sintiese ninguneada, y lo que se hacía en una había que hacerlo en la otra. Porque así fue cómo, el 9 de junio, el gobernador visitó Alaejos y en presencia de las autoridades del pueblo y las de Nava, volvieron a escenificar "la unión y concordia entre dos pueblos hermanos. Después se dieron un abrazo los alcaldes". Y el pueblo —¡cómo no!— recibió a las autoridades foráneas con arcos de triunfo y colgadura, vitoreando la paz establecida. ¡Faltaría más! ¡Cómo no se iba a vitorear la paz!
Dentro de cinco años se cumplirán el primer centenario de una paz entre localidades. Firmada doblemente, festejada doblemente, con abrazos incluidos, con gobernador presente. ¿Podemos, pues, darnos por satisfechos? ¿Se acabaron las rencillas en el campo, los enfrentamientos de jóvenes? Parece que sí…Aunque más bien se ha alterado el enfrentamiento, cambiando los puños por las palabras; pero no las palabras de los argumentos, sino la de los chascarrillos y dichos de una localidad contra la otra.