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Programa de Fiestas · 2005

Cervantes, don Quijote, el libro

José Sánchez Poncela·Poesía y textos literarios

José Sánchez Poncela

Nunca se sabe si un aniversario se celebra o está celebrándose. Y aunque se sepa, ese pensamiento se intuye desde que sabemos que los logros se valoran en función del tiempo, desde que reconocemos que el eco y la permanencia son los abalorios de la victoria. Bien visto, son los años, —o los siglos—, los que disfrazan el ascenso y la permanencia de una obra literaria como el Quijote. Ya dijo el poeta que al tiempo lo creamos nosotros viviendo, esperando y avanzando. Del mismo modo, se reconoce la celebración no sólo en lo que fue sino en lo que sigue siendo, y esta es la mejor manera de celebrar lo que fue o está siendo.

La novela surgió a mediados de la Edad Media, como consecuencia de la épica. Don Quijote sustituye a Amadís de Gaula. El antihéroe en lugar del héroe. Esa puede ser la razón de su longevidad, (cuatro siglos). A la mayoría de los mortales les gustan los héroes, pero con quien se identifican es con los antihéroes, que son los perdedores. Quizás porque todos lo somos. Al final, del tiempo de cada cual, por mucha suerte que hayamos tenido en la vida, la perdemos inexorablemente. De esa partida perdida, la vida, trata precisamente la novela. Sin embargo, la novela más famosa de la literatura universal está más viva que nunca; la cota más alta que ha alcanzado la lengua española es el Quijote de Cervantes, convirtiéndose en todo un clásico, porque su esencia siempre permanece. La misión del Quijote era "andar por el mundo enderezando entuertos y desafiando agravios", predicando la tolerancia y la esperanza en lo utópico, combatiendo el mal percibía placer y diversión.

El humor y la aventura tienen la fecha de caducidad muy próxima, siendo el Quijote una novela con aquellos principios, —humor— aventura, es hermoso que perdure hasta convertirse en inmortal aunque en vida de Cervantes se le reconoció poco y no disfrutó del éxito merecido.

La esencia de la novela, es suplantar la realidad. El Quijote, son las andanzas de un viejo hidalgo (el hidalgo, era entonces la más baja escala de la nobleza rural manchega, a ella pertenecía Alonso Quijano), que enloquecido por la lectura de muchos libros de caballería, se cree caballero andante y sale por los campos a deshacer entuertos.

Miguel de Cervantes Saavedra inventa al que narra su historia, el narrador inventa a Alonso Quijano, éste a Don Quijote de la Mancha, que finalmente inventa en su imaginación a la sin par Dulcinea del Toboso.

El Quijote es un hombre de honor y arraigados principios morales. Don Quijote es un español entre españoles y un manchego a carta cabal, que no duda un segundo en hacer "la guerra por su cuenta" en defensa de los indefensos. Decidido y siempre lleno de fe en la victoria. Enérgico y audaz en el combate.

Los ingleses tienen como techo de su idioma lo escrito por William Shakespeare a quien veneran, después a los personajes creados por él; los españoles, sin embargo, celebramos no a Cervantes. Será por nuestra sempiterna costumbre nacional que consiste en creer poco en los méritos de los demás. Fallecieron ambos el mismo día, 23 de abril de 1616.

El Quijote realmente vive de lo que imagina, y es sin duda nuestro mayor héroe humano, y forma parte activa de nuestro inconsciente colectivo, por razón de habitantes de una nación. Es una novela total, porque conecta generación tras generación con el presente. La crónica cervantina de Don Quijote es nuestro clásico por antonomasia. Un "clásico" es un libro que nunca está cerrado, su mensaje es actual.

El Quijote no debe ser un libro de objeto ornamental, ni blanco de chanzas, debería ser un bien de uso común. Hoy acostumbrados al disenso en casi todo, al menos, en algo hay consenso: el Quijote es una obra maestra. Leyendo el Quijote se recobra la esperanza, nos hace vivir, crecemos por dentro, se nos amplía automáticamente el vocabulario, etc. Cervantes nos enseña a sonreír —un signo de sabiduría—. Probablemente uno es más libre, cuanto más sonríe. Cervantes en los dos personajes fundamentales, —Don Quijote y Sancho—, encarnan las cualidades esenciales del pueblo español el espíritu caballeresco, romántico, soñador y visionario. Y de otra parte el sentido práctico, positivo y un tanto fatalista.

Probablemente, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, sea la novela más actual que nunca se escribió en lengua castellana, por el Príncipe de los Ingenios.

Decía el poeta de la filantropía, el amor y la tolerancia, Don Antonio Machado. "Leyendo a Cervantes, me parece comprenderlo todo". Nunca hay que dar por leído el Quijote, como tampoco darlo por supuesto.

Aunque el contexto del Quijote es la miseria, leyéndolo aparece la sonrisa inmortal y es lo que uno esgrime cuando lee las andanzas del Caballero de la Triste Figura.

Dentro del Quijote nada es lo que parece. Don Quijote hace de su espada ley, también es más que el sentimiento de Cervantes, es una obra de alguien que tiene que dar un rodeo para poder contar la España que ve. Es una novela itinerante, que circula por el país y va narrando cosas que como no se pueden decir, inventa que es un loco el que lo cuenta: Alonso Quijano.

Asimismo, el Quijote es rebeldía y valores; para nosotros debe ser un personaje cercano e íntimo, a pesar de ser un bufón genial es más conocido que leído. Hubo y hay que leer el Quijote para aprender el futuro.

Invocar a Don Quijote de la Mancha, es evocar a la lucidez, a la ensoñación, a la luz del Renacimiento, también al patriotismo (el patriotismo se debe significar por amar lo que es patrio, así, como su historia, tradiciones — costumbres, su lengua y su geografía). Es un hombre razonable, sensato y culto, salvo cuando le tocan los libros de caballería, es cuando pierde el oremus y delira. El Quijote es un libro para "todos" los públicos, que nos hace reír o sonreír, está cargado de humor y de ironía, aunque es una novela cargada de desilusión.

Es un ejercicio de libertad y Cervantes es el heroísmo de la libertad. La palabra es la patria de Cervantes. La unidad de la lengua, es (o debería ser), la razón de las razones. La lengua es como nuestra patria. Don Quijote es un símbolo de España.

La España que aparece en el Quijote es la posterior a 1598: empobrecida, desmoralizada, dominada por el clero, con la tristeza de haberse perjudicado a sí misma un siglo antes al expulsar del territorio patrio o forzar a la clandestinidad a sus amplias y productivas comunidades judía y musulmana.

La obra de Cervantes es un espejo de la decadencia española, a pesar de ser un compendio de enseñanzas que no alberga ningún otro libro. El Quijote es muchas novelas. Los dos personajes centrales de la obra, cabalgan en lo más profundo del alma humana, a pesar de que los seres humanos están al descubierto, también resulta ser un libro de lo más penoso que se ha escrito. Su definición podría ser: Perseguir lo imposible. Todo es imitación. Su aventura no es ética, es estética. La libertad para Don Quijote está por encima de la justicia.

Quería ser un personaje de destino por su naturaleza y fuerte carácter. Está valerosamente loco y es obsesivamente valiente, pero no se engaña a sí mismo.

Leyendo sus páginas uno se encuentra a resguardo de sí mismo, no en un refugio, sí, acompañado de personajes con alma. Es uno de los libros más llenos de vida y verdad que uno puede leer nunca. Es el amigo ideal de los sin amigo. De la conclusión de su lectura — pasada — uno sale distinto porque es el retrato moral de todos. En consecuencia, cumple sobradamente el precepto de todo clásico: en vez de hablarnos sólo de su autor, nos habla de todos nosotros. Cervantes nos enseña a hablar entre unos y otros. Cada generación debería tener su propio Quijote, aún no siendo el salvador de princesas que todos esperaríamos, su mayor encanto se basa en el calculado vaivén de la prosa del retórico —dialéctico caballero y del refranero sabroso de su escudero. Afortunadamente, Alonso Quijano de tanto leer libros de caballería, vino en tornarse loco, tomando el nombre de Don Quijote, que al fin y a la postre, es la historia protagonizada por un hidalgo. Alonso Quijano es el viejo hidalgo, que demostró literariamente que es bueno salir de casa y vagabundear por los caminos que se bifurcan. Al fina, el hidalgo muere, no Don Quijote.

Sin embargo Sancho Panza es el personaje a descubrir. El que se entusiasma con el loco. Sancho es la sabiduría popular; si buscamos veremos que: Sancho termina siendo el Quijote. Se muestra dual según convenga: unas veces va de sabio y otras de ignorante. Es un ser complicado y sutil, práctico e ingenioso, también conservador, que es una forma de ser escéptico.

Don Quijote y Sancho, son distintos aunque complementarios, viven tan cerca, tan próximos que se contagian. Sancho es el materialismo aparente, Don Quijote es un idealista. Al final de la novela Sancho es más tierno, único y verdadero amigo del Quijote y su fiel escudero.

En el capítulo XLII Don Quijote aconseja a Sancho antes de tomar posesión como gobernador de la ínsula Barataria.

"Haz gala, Sancho de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores" "Los labradores son gente llana, sin mezcla alguna de raza malsonante y como suele decirse cristianos viejos, cristianos viejos rancios"

También Don Quijote dice a Sancho:

"La libertad Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombre dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres".

Cervantes tubo una vida muy agitada, fue alcabalero o recaudador de contribuciones, marino, cautivo... . En Argel estuvo privado de libertad cinco años y medio. Quien le rescató fue el fraile mercedario, Fray Juan Gil de Arévalo (Ávila), por 500 escudos de oro.

Hablemos de la segunda parte: en 1614, el año anterior de la publicación de la segunda parte del Quijote, aparece una continuación apócrifa de la primera parte, cuyo autor fue, el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda (Tordesillas); esta triste circunstancia fue el lev motive para que Cervantes escribiera la segunda parte. Tiene menos bríos, es menos fértil, aunque crece en dimensión humana, Cervantes por su caballero siente simpatía y piedad.

En la segunda parte, Don Quijote no confunde las cosas. Ve la realidad, lo que tiene delante de sus ojos y nada más. No es un loco; es un crédulo. Su visión, es normal. No padece alucinaciones, está más imbricado con la humanización de lo heroico —quijotesco—. Ha pasado del heroísmo de las armas al heroísmo de la ejemplaridad. Cervantes pretende a través de Don Quijote no solamente hacernos reír, quiere enseñarnos. Pasa del heroísmo a la virtud, acaba viendo lo insuficiente que es para dominar las cosas, acepta su derrota, eso significa el regreso a la cordura y así se apaga, muere.

Cervantes en palabras de Don Marcelino Menéndez Pelayo "no vino a matar un ideal, sino a transfigurado y enaltecerlo".

La segunda parte del Quijote se publica en 1615. Solamente la derrota por otro caballero andante, haría volver a Don Quijote a su casa, así daría por concluida eternamente su aventura. El, Cervantes inventa un personaje más, denominado el bachiller Sansón Carrasco su paisano, que ha leído la primera parte y quiere volver a Don Quijote a la normalidad. En un justo duelo es vencido por el caballero de la Blanca Luna en Barcelona. Le entra la lucidez, el viejo hidalgo manchego se confiesa y se arrepiente de sus "locuras".

El vencedor obliga al vencido a dejar el ejercicio de la Caballería. Así, Cervantes reconvirtió a Don Quijote en Alonso Quijano.

Al final de sus días y cuando agonizaba preguntaron a Cervantes —a quien había querido retratar en Don Quijote: "A mí mismo". "A la desdicha de la imaginación y del entusiasmo desplazado en una sociedad vulgar y materialista".

Lector /a: si decides leer o releer el Quijote, busca una edición donde aparezcan, prologándola, explicándola o gravándola estos u otros monstruos sagrados en la obra de Cervantes, los cervantistas:

Francisco Rico: Filólogo y Académico.

José Manuel Blecua: Profesor y Presidente de la Comisión Nacional Conmemoración IV centenario.

Martín de Riquer: Filólogo, en lenguas románicas, Académico y máxima autoridad en Cervantes.

Gustavo Doré: Gravador.

Se suele decir del Quijote, que:

Los niños lo manosean,

los mozos lo leen,

los hombres lo entienden

y los viejos lo celebran.

Finalmente, el Quijote acaba siendo como un amor de juventud, se añora y se acaba volviendo a él.

Palma de Mallorca, verano 2005.

Cómo citar

José Sánchez Poncela: «Cervantes, don Quijote, el libro». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2005.

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