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Programa de Fiestas · 2011

Monografía sobre los toros (II)

José Sánchez Poncela·Fiestas, toros y tradiciones

José Sánchez Poncela

El arte en general tiende a desaparecer, fagocitado por la vida cotidiana. Hay muchas cosas que degeneran en el mundo postmoderno. Hoy es más importante la publicidad que la calidad, incluso el éxito «ajeno» a veces se considera una ignominia, aunque es difícil llevar bien la vida sin un poco de gloria, que es una especie de bálsamo, como la escritura. El esnobismo se ha convertido en hábito social, y el principio de todo lo nuevo, no es necesariamente bello o bueno. Vivimos tiempos en los que el respeto y la prudencia están dejando de ser virtudes. Por eso es bueno hablar de toros en esta sociedad que hemos creado en la que hay: demasiados corruptos, poderastas, violentos, energúmenos, crisis de valores —y de las otras— y cantamañanas del corazón, etc. Los libros, el teatro y los toros saben sobrevivir a las crisis, aunque en el ambiente se manifieste un sectarismo antitaurino. Además sin el rito de la corrida, los toros bravos se extinguirían.

Veamos algunas opiniones de ilustres personas del interior y allende nuestras fronteras. Las emociones en principio son libres. La calidad de vida es la calidad de nuestras emociones; el buen toreo es emoción. El lenguaje es la sangre de la vida. Y las ideas son el idioma de la objetividad «Hay quien no logra entrar en la profundidad de las liturgias estéticas del toreo».

— El arte ha dejado de ser una expresión del genio popular para convertirse en «producto cultural». El arte nace para dar expresión a sentimientos que brotaban del pueblo como una segregación natural del espíritu: música, pintura, baile, etc. Juan Manuel de Prada, escritor.

— No hay, que decidir en función de lo que crees, sino en función de lo que oyes, ves y palpas. Eduard Punset.

— Un valor vivo de todo arte es una caricatura. Un mundo caricaturesco vivísimo y entrañable en el que vivimos los que un día soñamos con ser toreros. Camilo José Cela, (premio Nóbel de literatura), caricaturas de ABC.

— El toro, la plaza, la lidia son el argumento, nudo y desenlace de esta colosal obra de la cultura hispánica que es la Tauromaquia. Una obra en la que se muere de verdad. Fernando Fernández Román, periodista, crítico taurino y escritor.

— En el cuidado de valores, el toro merece especial atención porque es la esencia, un lujo que no puede ceder un ápice de sus atributos biológicos, resumidos en esta trilogía de virtudes: casta, poder y pies.

— No hay un vector en la cultura española que tenga un tratado más completo. Se refería al COSSIO. José Ortega y Gasset, filósofo, escritor, catedrático, miembro de la generación del 98, creador de la Revista de Occidente...

Tanto Francisco de Goya como Orson Wells, uno con sus pinturas: La Tauromaquia, el otro con sus películas, se sintieron fascinados con las manifestaciones folclóricas y taurinas, sobre todo por el enfrentamiento entre toro y torero, esa mezcla de drama y fiesta que es la esencia de la Tauromaquia y en la que la figura del torero, una especie de doncel del siglo XVII vestido con sedas y alamares de oro, se enfrenta a la monstruosidad masculina que simboliza el toro y toda su liturgia de estética y muerte.

En el sacrificio algo muere, algo renacerá. El toro es el varón deificado, el símbolo de la agresividad noble, de la fecundidad y de la vida. Muere bellamente, en una danza desesperada, deja detrás su estirpe. Y su esperanza.

Ahí está el animal que representa la renovación de la vida y que, sin embargo, ha de morir, glorioso y sangriento, para que siga la vida un año más (otro toro vendrá). No va a permanecer sin gloria, mero rey de la vacada, «junto a su madre querida», que decía Píndaro: ha de correr el riesgo, afrontar la muerte. El ilustrar al que le dará esa muerte y mostrar ante el pueblo todo su esplendor. Dejar detrás de sí un hueso para que todo, otra vez, se renueve.

Es un espectáculo cruel. Por supuesto. Como la vida misma, que es así «Más cornadas da el hambre», decía aquel torero. ¿Y las que nos dan todos los días, y damos?

Cuando muere el toro, por lo menos, junto a la sangre hay luz, danza, música, belleza. Y la esperanza del eterno retorno. Muerte hay, claro está. También la encontramos nosotros al final de la corrida de nuestras vidas, en que somos, al tiempo, torero y toro. Con frecuencia, con menos dignidad y belleza.

Los toros nacen para morir matando, si pueden. Un toro nace para pelear con la fuerza de su casta y su bravura, dando a todos, incluso a quien lo mata, una lección de vida y coraje. Por eso es necesario que mueran toneros de vez en cuando. Si la muerte no jugase la partida de modo equitativo, el espectáculo taurino sería sólo un espectáculo, no el rito trágico y fascinante que permite al observador atento asomarse a los misterios extremos de la vida. Sólo eso justifica la muerte de un animal tan noble y hermoso.

Arturo Pérez-Reverte, periodista, escritor, académico de la RAE.

Preguntado el Sr. Embajador de Francia en España Monsieur Bruno Delade.

P. Siendo Francia un país tolerante y civilizado ¿cómo allí pueden gustar los toros?

R. Los toros son civilización y también pasión que no tiene que ser ciega e incontenible, porque transformaría a los hombres en meros juguetes al arbitrio de su fuerza y no de su inteligencia.

Además, de gustos y colores no discuten los señores, añado yo.

El toreo no es algo genuinamente español «si es algo que sólo pueda ser entendido como parte del alma de España entonces tiene que ser una tradición nacional, pero si es arte, entonces tiene que ser universal». El arte traspasa fronteras.

El color, la música y la emoción de la fiesta en vivo. «La lucha del hombre contra el animal» que se funde en «arte, tradición y espíritu». En el más puro estilo europeo.

JOHN KENNEDY, 35 presidente de los EEUU, unos días antes de morir asesinado en Dallas, Texas el 22 de noviembre de 1963 dijo: «los mejores mueren sobre la arena», fue como una premonición.

Un buen aficionado con tarde de toros en la Maestranza de Sevilla —toreaba Curro Romero— debía salir de viaje. «Caminito de Jerez, me acordé de la Maestranza y me tuve que volver».

Es difícil concebir las ciudades y los pueblos sin toros en sus distintas modalidades (¡con las excepciones de rigor!).

• Castellón de la Plana y su feria de la Magdalena.

• Valencia por San José.

• Sevilla en su Feria de abril.

• Madrid en mayo, San Isidro. Esta feria eleva al máximo el exponente, la significación económico—social y cultural de la llamada Fiesta Nacional funciona, a plaza llena con un aforo de 24.000 espectadores, durante treinta días consecutivos. ¿Hay quien dé más?

• Pamplona y su San Fermín ¡Oh, sus encierros!

• Andalucía toda.

• San Sebastián, Bilbao, Pontevedra.

• Valladolid por San Pedro Regalado.

• Salamanca por San Mateo.

• Cuéllar y sus encierros con más de cinco siglos de antigüedad.

• Alaejos y sus encierros por «La Casita».

• Zaragoza por el Pilar, etc., etc.

Para mantener la fiesta en pie con solución de continuidad, hay varias escuelas de tauromaquia en España, las hay también en Francia y Portugal, incluso en las islas Azores, la denominada Tertulia Terceirense. Y más al oeste, en EEUU.

La Real Maestranza de Sevilla, la Real Maestranza de Ronda y la Monumental de Las Ventas, cuentan con muy interesantes Museos Taurinos que merece la pena visitar. Pues eso.

La Plaza del Coso de Peñafiel, es una auténtica reliquia de la antigua arquitectura.

Las peñas taurinas hacen frente a las falacias antitaurinas. Hay peñas taurinas incluso en Suecia. En Francia hay más de treinta, algunas se crearon en 1910.

Trescientos cincuenta aficionados mantienen y forman el Club Taurino de Londres, creado en 1959. Editan hasta revista taurina inglesa. Aficionados rusos, americanos, japoneses, alemanes, ingleses, etc. acuden por San Isidro a Las Ventas cada año con puntualidad británica. Después en sus países hacen publicidad subliminal relatando con énfasis lo que han visto y oído.

En 1984 se fundó el Club Taurino de Milán. También editan revista taurina.

Domingo 23-03-2008 Domingo de Resurrección (¡un domingo muy taurino!). En Arles (Francia). Las asociaciones y entidades taurinas francesas crearon ayer el Observatorio de las Culturas Taurinas para defender la Fiesta en el país. El Observatorio fue lanzado con una gran manifestación dentro de la feria. La ciudad amaneció decorada con los colores negro y rosa y los carteles del Observatorio cuyo lema es: «Mi pasión, mi identidad, mi libertad».

Los impulsores aseguraron que el objetivo es retornar los principios del «llamamiento de los Tridentinos», lanzado en Nimes el 17 de noviembre de 1921 para defender la tauromaquia de los «ataques de los que era víctima».

Existe también el Club Taurino de Chicago.

Hay muchos neoyorquinos que vienen a ver corridas de San Isidro en Madrid o cuando torea José Tomás fundamentalmente, pertenecen al Club Taurino de New York.

Incluso existió un torero estadounidense llamado John Fulon, el Yanki.

Se ha celebrado una corrida de toros en la ciudad de Shanghai, China.

Hacia América llevaron el testimonio del hechizo que les causó la tradición ancestral de valor, belleza, estética y muerte de las corridas los escritores: Washington Irving, Ernest Hemingway, Alejo Carpentier, Truman Capote.

Ganaderías las hay en: España, México, Portugal, Colombia, Francia, Venezuela, Ecuador y Perú. Sumadas las de España y Portugal arrojan una cantidad superior a mil cien.

Pablo Ruiz Picasso, tomaba del brazo al maestro Luis Miguel Dominguín y se venía de tapadillo a España desde su exilio en Francia a emocionarse con el rito de la pasión y muerte del toro. El ilustre pintor hizo dibujos y diseñó los vestidos de torear que lucía Dominguín, eran amigos. Tal es así, que Picasso fue el padrino de bautizo de Paola Bosé, la hija del torero.

Francisco Rodríguez Adrados
De la Academia Española
3.ª de ABC

Cómo citar

José Sánchez Poncela: «Monografía sobre los toros (II)». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2011.

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