Felipe de Perlines Carretero
Hace ya unos años, en uno de mis viajes a mi pueblo, Alaejos, me encontré con una nueva construcción de ladrillo, un arco, que está orientado mirando al Castillo, vulgo, la Cava y en él se lee una inscripción que dice textualmente: HOMENAJE AL CASTILLO DE ALAEJOS MANDADO CONSTRUIR POR EL OBISPO DE AVILA D. ALONSO DE FONSECA EN 1453. EN EL ESTUVO ENCERRADA LA REINA DE CASTILLA DOÑA JUANA DE PORTUGAL. Y no muy lejos de este arco se ha erigido un monumento encima del cual se ha colocado un busto de bronce, también mirando al Castillo, que representa a un personaje femenino con la siguiente dedicatoria: EL PUEBLO DE ALAEJOS A DOÑA JUANA DE AVIS REINA DE CASTILLA ENCERRADA EN EL CASTILLO-FORTALEZA DE ESTA VILLA DESDE EL AÑO 1467 AL 1469.
A la vista de estas dos inscripciones, referidas a una misma persona, me gustaría comentar lo siguiente: En todos los libros de Historia —y he consultado bastantes sobre este tema— se la denomina JUANA DE PORTUGAL, Reina consorte de Castilla. Entonces me pregunto: ¿Porqué en la primera inscripción aparece "Reina de Castilla Doña Juana de Portugal" y en la segunda "Doña Juana de Avis Reina de Castilla"? Es decir, se la inscribe con su nombre de pila, de soltera. ¿Porqué no se puso su nombre completo, Juana de Avis y Aragón, Infanta de Portugal? Sabemos que nació en tierras de Portugal un 20 de marzo de 1439. Pero en la inscripción del arco se nombra a un célebre Obispo de Avila, Don Alonso de Fonseca, del cual ya se ha escrito en el Programa de Fiestas del Año 2013 por mi pariente José M. Baraja. Añadir solamente un par de cuestiones para completar lo anteriormente desarrollado sobre él.
Alonso de Fonseca, el Viejo, fue segundo hijo de Juan Alonso de Ulloa, Consejero Real de Juan II de Castilla y de Beatriz Rodríguez de Fonseca, hija del señor portugués de Olivenza, Pedro Rodríguez de Fonseca. Tomó el Obispo el apellido materno al no ser hijo primogénito, costumbre muy arraigada en aquella época en las familias de la alta nobleza. Fue Obispo de Avila desde el 7 de abril de 1445 hasta febrero de 1454 y Arzobispo de Sevilla desde esa fecha hasta su muerte.
La Infanta Juana de Avis y Aragón era una niña de dieciséis años, de EXTREMADA HERMOSURA, y su educación, ausente de su madre, hubo de ser muy descuidada. Llegó en la primavera de 1455 a Badajoz recibiéndola el duque de Medinasidonia, el cual la trasladó a Córdoba donde la esperaba Don Enrique, ya que se encontraba allí debido a las campañas militares contra los musulmanes de Granada. Fué precisamente este Obispo el que bendijo el segundo matrimonio del Rey Enrique IV con Juana de Avis y Aragón convirtiéndola en Reina consorte de Castilla, lo que tuvo lugar en Córdoba el 18 de mayo de 1455. Pero lo que interesa conocer a los alaejanos es que este Obispo mandó construir dos castillos: uno en Coca, que se conserva perfectamente y otro en Alaejos, que hoy día es una ruina. Falleció Don Alonso de Fonseca de una angina de pecho en su Villa de Coca en 1473, dejando atrás una vida azarosa y metida de lleno en el fragor de la política castellana. Todavía hoy día se puede ver en la iglesia de Santa María de Coca, un espectacular sepulcro yacente, obra de Bartolomé Ordóñez que ilustra bien a las claras el poder que gozó uno de los religiosos más concupiscentes de su época.
Las flacas virtudes de Doña Juana se verían sometidas a duras pruebas en aquella corte que había llegado a los abismos de la corrupción.
En el mes de marzo de 1462, la Reina dio a luz una niña, a la cual el rey quiso que se diese el nombre de su madre —JUANA—. Pero enseguida empezaron las murmuraciones cortesanas y la adulación de ciertos cronistas afectos a Isabel (la Católica) hermana del Rey. Se corrió el bulo de que Juana (la Beltraneja) no era hija del Rey Enrique, sino de Don Beltrán de la Cueva. No quiero alargarme en este particular. Se ha escrito sobre ello en abundancia. Decir que para mí ello no fue así, ya que Don Beltrán no era ciertamente un hombre vulgar, demostrando en diversas ocasiones una notable bravura y condiciones de buen caballero, al uso de su tiempo. Prueba de ello es que obtuvo importantes mercedes, como el Condado de Ledesma, el Gran Maestrazgo de la Orden de Santiago, Condado de Huelma y el Ducado de Alburquerque, convirtiéndose en el tronco de una de las familias aristocráticas más importantes de España. Don Beltrán de la Cueva casó en 1462 con Mencía de Mendoza y Luna, hija de Diego Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Santillana, primer duque del Infantado y de su primera mujer Brianda de Luna y Mendoza. Don Beltrán nunca tomó partido por su supuesta hija durante la guerra de sucesión castellana que enfrentó a Juana con su tía Isabel entre 1474 y 1479. Combatió en las filas isabelinas y tomó parte en el asedio a Granada en 1491. No cabe la menor duda de que don Beltrán de la Cueva fue un "singular personaje que tiene la virtud de dejar incierto el juicio de la Historia" según el Marqués de Lozoya.
Visitando la Biblioteca Municipal pedí por el libro —no editado— de José Ojeda Nieto que ha titulado EFEMÉRIDES DE ALAEJOS, del que tomé unas notas para completar con las mías este escrito, sobre la cautividad de la Reina Juana de Portugal desde 1467 a 1469 en Alaejos. Los relatos de los cronistas, que hoy día serían los periodistas, difieren unos de otros. Pero antes conviene conocer un poco los motivos por los que fue a parar allí al Castillo-Fortaleza de Alaejos.
Las peleas entre los ricos-hombres de Castilla, unos partidarios de Isabel (la Católica) y de su hermano Alfonso y otros del Rey Enrique IV, fueron a más, y llegaron a las armas, en la que se conoce como 2ª Batalla de Olmedo, ocurrida a veinte de agosto de 1467, que quedó indecisa, es decir, ninguno de los dos bandos proclamó la victoria sobre su rival. Los Mendoza acudieron con sus huestes para apoyar al Rey a cambio de que se les confiara la guarda y custodia de la princesa Doña Juana (la Beltraneja). De otra parte, la Reina Juana se había refugiado en el Alcázar de Segovia —septiembre de 1467—. El Rey se entrevista con el todopoderoso y ambicioso Juan Pacheco, marqués de Villena y Gran Maestre de la Orden de Santiago en la Catedral de Segovia, y es precisamente aquí, en la Catedral, donde se pactó que el Rey Enrique pondría a la Reina en poder del arzobispo Fonseca y el alcázar en poder de Don Juan Pacheco. Ahora tenemos a la Reina Juana en Alaejos, en el Castillo-Fortaleza, donde según Ojeda se inicia una de las aventuras más "novelescas" del reinado de Enrique IV —el Impotente—.
El cronista Enriquez del Castillo cuenta la fuga de la Reina Juana de esta manera: "La Reyna Juana, que contra su agrado la habían llevado a la fortaleza de Alaejos en poder del Arzobispo de Sevilla (D. Alonso de Fonseca) estaba muy descontenta por verse puesta debaxo de su mano (del Arzobispo) e fizo cierto trato con alguno del Alcayde para que una noche se descolgase por los adarves. Y dada la orden como se había de hacer vino Luis Hurtado de Mendoza, hijo de Rui Díaz de Mendoza a cierta hora diputada (convenida), y puesto secretamente al pie de la fortaleza, la Reyna se descolgó en un cesto, y como la soga con que la descendían era corta que no alcanzó hasta el suelo, los que la descendían, pensando que ya estaba en el suelo, soltaron la soga y cayó en tierra, por manera que se lisió un poco en la cara y en la pierna derecha. Pero luego que así cayó arrebatada y puesta en las ancas de la mula de Luis Hurtado y así a más andar se vino con ella sin parar a la villa de Buytrago". Esta Villa era de los Mendoza.
Para el cronista Alonso de Palencia "la Reina al sentirse descubierta huyó del Castillo con la CONNIVENCIA de Juan de la Torre, criado del Alcayde del Castillo-Fortaleza Luis de Miranda".
Según Galindez de Carvajal "la Reina salió preñada", según dicen de Don Pedro de Castilla, sobrino del Arzobispo don Alonso de Fonseca, y parió en Buytrago.
Ello demuestra que lo que escriben en abril de 2011 los arqueólogos del Castillo-Fortaleza de que "estando en cinta de la que después sería conocida como Juana la Beltraneja de donde huyó descolgándose desde una torre" no es cierto según lo que expongo a continuación.
Para el P. Mariana "en el tiempo que estuvo detenida, parió dos hijos gemelos, a Don Fernando y a Don Apóstol. En cambio otros autores les nombran como Pedro Apostol de Castilla y Portugal que casó con Juana de Mendoza y Andrés de Castilla y Portugal casado con Mencía de Quiñones. Los criaron en Santo Domingo el Real, monasterio de monjas de Toledo. Tomó la Prelada (Abadesa) de aquel convento este cuidado, por ser parienta de Don Pedro, padre de aquellas criaturas, y el mismo Don Pedro muy cercano deudo del Arzobispo de Sevilla. Era su sobrino.
Otros autores dicen que este Pedro de Castilla "el Mozo", biznieto bastardo de Pedro I el Cruel la ayudó en su escapatoria y la entregó a los Mendoza que la reunieron con su hija, la princesa Juana. Este mancebo de sangre real era tan bárbaro que llegó incluso a apalearla.
Los gemelos "los apóstoles" vinieron a ser un argumento poderosísimo contra los que defendían el derecho de la princesa Juana. Y a este desliz de la Reina Juana es al que algunos autores modernos han denominado "desliz de Alaejos".
Posteriormente la Reina Juana se trasladó a Madrid al convento de San Francisco el Grande donde murió; según unos autores el 17 de enero de 1476 y para otros fue el día de San Antonio de Padua del año 1471, posiblemente envenenada con yerbas que la hizo dar su hermano el Rey de Portugal. Su cuerpo enterraron en un túmulo de mármol blanco donde pusieron este Epitafio: AQUI YACE LA MUY EXCELENTE, ESCLARECIDA Y PODEROSA DOÑA JUANA, REYNA DE CASTILLA, MUGER DEL MUY EXCELENTE, ESCLARECIDO Y PODEROSO REY DON ENRIQUE EL QUARTO, CUYAS ÁNIMÁS DIOS HAYA. Este epitafio ya no existe en esa Iglesia. Ha desaparecido. No hay restos, ni nada, para una posible investigación posterior. Lo mismo ocurre con los de su hija que desaparecieron cuando el terremoto de Lisboa. Imposible, pues, de hacer hoy día un análisis de ADN. Hay suficientes descendientes de Don Beltrán de la Cueva, pero no quedan ni cenizas de la Reina Juana, ni de su hija Juana la Beltraneja.
Don Juan Pacheco se puso al lado de Isabel después de la Batalla de Olmedo, en la que no tomó parte. Volvió a cambiar de "chaqueta", de bando, cuando Isabel se casó con Fernando de Aragón, y tomó partido por Dña Juana la Beltraneja; por poco tiempo, pues murió en 1474, poco antes que el Rey.
El Rey Enrique IV también murió en Madrid el 11 de diciembre de 1474, a punto de cumplir los 50 años de edad. Fué sepultado en el monasterio de Guadalupe junto a su madre Doña María de Aragón y posteriormente el Rey Felipe II le hizo labrar un magnífico sepulcro.
Este rey romántico, de deserción en deserción, llegó a renunciar a su propia dignidad de varón y a caer en la Historia envuelto en un inmenso ludibrio. Ello hizo posible las murmuraciones cortesanas —antes referidas— que motivaron el que aquella niña —Juana la Beltraneja— nacida primogénita durante el legítimo matrimonio de rey y reina de Castilla, no llegara a reinar.
Felipe de Perlines Carretero