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Programa de Fiestas · 2003

El vino en el siglo XVIII: producción y rendimiento

José Ojeda Nieto·Economía, oficios y vida cotidiana

Durante los siglos XV al XVIII, la economia de Alaejos se asento en la produccion vitivinicola. Los vinos, durante estas centurias, alcanzaron gran renombre, siendo alabados y comparados con los mejores caldos. El vino viejo –trasanejo– adquirio por aquellos tiempos rango medicinal, gracias a lo cual se vendia por toda Castilla en tabernillas especializadas, sobre todo en la Corte. Cuando normalmente ciudades y pueblos impedian la venta de vino foraneo con el fin de sacar primero el propio, se exceptuaba de esta regla el de la Tierra de Medina, y en concreto el blanco de Alaejos. Eran anos de bonanza vinicola que configuraban un paisaje casi monoculturista: la mitad del termino llego a estar plantada de vides en los anos finales del siglo XVI. Corrian tiempos propicios para el vinedo, favorecido por la extremada calidad de los caldos que los hacia altamente negociables (piensese que los artistas que por entonces trabajaban en el retablo, como el pintor-dorador Francisco Martinez, preferan cobrar su elevada retribucion en vino en vez de monedas de plata). Contribuian tambien al negocio la proximidad de las ferias de Medina del Campo y la escasez, por ultimo, de competidores proximos.

A mediados del siglo XVII, sin embargo, empezaron a vislumbrarse los primeros sintomas de agotamiento: decadencia de las ferias, perdida de calidad por intromision de mosto extrano, ruina de los mercados incentivada por la crisis y aparicion de una nueva oferta de caldos mas jovenes y competitivos: vinos de Serrada, Rueda, Nava del Rey, etc. Poco a poco el vino de Alaejos dejo de ser productivo, se arrancaron cepas y en el campo comenzo el dominio del cereal. Cien anos mas tarde, alla a finales del siglo XVIII los vinedos ya solo producian para abastecer a la villa. Asi se mantendra durante el siglo XIX (soportando el duro golpe de la filoxera) y principios del XX.

Esta vision de decadencia puede completarse con casos particulares. Los estudios sobre las economias familiares, mucho mas vivos, constatan la «lucha diaria» frente a las circunstancias adversas, que al cabo terminaron con el vinedo. Veamoslo con un caso claro:

Alla por 1715, cuando todavia no acababan de envainarse las espadas y aun estaban los canones calientes de la recien acabada Guerra de Sucesion, cuando Felipe V (ultimo rey que visito Alaejos) veia, por fin, el trono espanol en sus manos, Juan Nunez, tutor y curador de don Pedro Villafane y Valencia, caballero de la Orden de Santiago, daba cuenta de la administracion de los vinedos de Villafane. Poseia este, entre otras muchas propiedades, 79 aranzadas de vinas, de 440 cepas por aranzada (en terminologia actual: algo mas de 35 hectareas), repartidas por todo el termino (Cerrellar, Carrancha, Cabana, Pedrera…), que en cuatro anos produjeron y rindieron las cantidades que se expresan resumidas en el cuadro siguiente:

De todos estos datos, lo importante es el rendimiento, esos 1,80 o 1,55 hl/ha.

Pues bien, a tenor de la produccion media que imperaba en otras zonas, incluso en Alaejos en los tiempos de bonanza –entre los 2,75 a 3 hectolitros por hectarea–, se deduce que solo 1711 puede calificarse de positivo; y no del todo, pues los rendimientos medios se basan en el vino, no en el mosto. Este, claro esta, es muy superior, pues «segun el estillo –se reduce– a la octava parte de mermas al cozer (fermentar) –y– un cuartillo por cantara en el trasiego». La conclusion es evidente: la produccion media de 1711 a 1714 fue mas bien mediocre. Y esto no fue todo, aun hay algo peor.

En efecto, se pensara que al fin y al cabo lo que importa no es tanto la produccion por superficie como la produccion neta, las ganancias en suma. Es decir, cuanto se saco de todo el vino cosechado. Veamos, primero, los gastos, porque si en algo puso interes el tutor, Juan, fue en anotarlos. De su relacion se deduce la lista de todas las labores y jornales que se llevaron a cabo:

De todos estos datos, lo importante es el rendimiento, esos 1,80 o 1,55 hl/ha.

Pues bien, a tenor de la produccion media que imperaba en otras zonas, incluso en Alaejos en los tiempos de bonanza –entre los 2,75 a 3 hectolitros por hectarea–, se deduce que solo 1711 puede calificarse de positivo; y no del todo, pues los rendimientos medios se basan en el vino, no en el mosto. Este, claro esta, es muy superior, pues «segun el estillo –se reduce– a la octava parte de mermas al cozer (fermentar) –y– un cuartillo por cantara en el trasiego». La conclusion es evidente: la produccion media de 1711 a 1714 fue mas bien mediocre. Y esto no fue todo, aun hay algo peor.

En efecto, se pensara que al fin y al cabo lo que importa no es tanto la produccion por superficie como la produccion neta, las ganancias en suma. Es decir, cuanto se saco de todo el vino cosechado. Veamos, primero, los gastos, porque si en algo puso interes el tutor, Juan, fue en anotarlos. De su relacion se deduce la lista de todas las labores y jornales que se llevaron a cabo:

«Descorerar»: a 2 reales jornal.

Labrar: 2 aradas cada vina.

Alumbrar: en 1713 hubo que esmerarse «por tener muchas mielgas».

Podar: trabajo especialmente remunerado, pues se pagaba a 2,5 reales diarios.

«Rama fuera».

Cubrir.

Vendimiar: (el ano mas productivo, 1711, se contrataron 18 jornaleros que emplearon 9 dias, pagandoles de salario 1,5 reales, mas pan y vino).

Gastos por acarreo, jornales de lagareros, de mosteros, de guardas...

Adquisicion de cuevanos (a 6 reales unidad), cestos (a 5 reales), etc.

Pero no todos los gastos fueron a causa de las labores, hubo tambien otros, de indole bien distinta, que restaron enormemente las ganancias y de los que no cabe olvidarse porque corresponden al modo de vida de aquellos tiempos. Juan, como buen administrador, y sobre todo por lo que le iba en ello, puso especial enfasis en anotarlos:

Mermas y trasiegos.

Diezmos (la decima parte de la produccion bruta: entre 70 y 20 cantaros, segun la cosecha).

«Primicias»: 1 cantaro a las fabricas de las iglesias.

«Votto de San Nicolas»: 1 cantaro.

Limosna a religiosos: 3 cantaros.

Y gastos varios cada vez que se vendia vino.

Evidentemente, los gastos no fueron iguales todos los anos, pues en ocasiones, como en 1714, no se hicieron las labores por «lo riguroso de el ttiempo». Y en otros, como en 1713, se redujeron las labores de arada a una vuelta en vez de dos.

A continuacion, se anotaron los ingresos, que procedian de las ventas, tampoco iguales todos los anos, pues, en principio, por aquello de la calidad, los precios variaban; y en segundo lugar, porque anos hubo en que el vino se agrio y hubo de derramarse, como ocurrio en 1712. Ано realmente desastroso, como explica Juan:

«fue un ano esteril... y por haverse apedreado –de– muy mala calidad –por lo que– se derramo por haberse perdido y no tener aprovechamiento».

De ahi que el resultado global fuese:

Los resultados evidencian la grave situacion del vinedo a principios del siglo XVIII. Solo un ano produjo beneficios, y ese fue 1711, no 1713 aunque parezca lo contrario; pues lo que ocurrio fue que parte de la cosecha de 1711, ano de gran calidad, se reservo para convertirlo en anejo, y asi, en 1713 se vendio al precio de 6 reales cantaro, cuando dos anos antes se habia vendido a 4,5. Los restantes anos, con vino de mala calidad, se cotizo a 3 reales.

Pudiera pensarse que los rendimientos de las vinas de Villafane no dejan de ser un caso particular. Pues bien, no es asi. Los testimonios confirman la via de descenso en la que se habia entrado y eso a pesar de que el Concejo, preocupado por el bienestar de la villa, tomase medidas en defensa de los vinedos:

«Que ninguna persona sea osada a meter ni meta ganado obexuno en las vinas y maxuelos en ningun tiempo del ano, a[h]ora tengan fruto o no lo tengan –y– aunque el ganado sea del propio amo de d[ic]has vinas».

Preocupacion insistente ano tras ano, pues si en 1738 habia dictaminado la anterior ordenanza, en 1744 le vemos preocuparse porque ningun vecino vendimie si no cuando el Ayuntamiento, visto el estado de maduracion de la uva, lo autorice. Y asi, tras la certificacion de los veedores de que la «uva estaba en sazon –ordena que– en ttocando la campana» pueden salir a vendimiar, pero no antes.

Mas de nada valieron ordenanzas y medidas en defensa del vino y de los majuelos. El vino, ano tras ano, mantenia el precio mientras los jornales subian, y por si fuera poco los caldos vecinos, ofertando mas calidad, afianzaban las ventas y desbancaban a los anejos de Alaejos; y, todo hay que decirlo, favorecidos por la mayor proximidad a los caminos que conducias a la Corte. En resumen, que al finalizar el siglo XVIII, concretamente en 1792, el campo ha dado un vuelco, ya no dominan los vinedos ni los majuelos pues, como dicen los propios vecinos:

«Se ha descolgado tanto con motivo de los nuevos plantios de Rueda, La Seca y demas Pueblos... que la cosecha de el no llega en el dia a una quinta parte de lo que antiguamente se cogia».

A la vista de todos estos datos podra entenderse que el vino comenzara a ser cuestionado y que su produccion acabase siendo algo residual, testimonio de lo que fue, un recuerdo de anos preteritos, hoy ya inapreciable, conservado tan solo en testimonios literarios e historicos.

José Ojeda Nieto

Cómo citar

José Ojeda Nieto: «El vino en el siglo XVIII: producción y rendimiento». Programa de Fiestas Patronales de Alaejos, 2003.

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