Javier Alonso Guinot
Haciendo cierto el dicho de que nadie es profeta en su tierra, se acerca a estas páginas la figura de D. Alejandro Ramírez Blanco, mucho más conocido en las tierras hispanoamericanas de Guatemala, Puerto Rico y Cuba, que en su propia tierra natal, nuestro querido Alaejos.
Nació nuestro personaje el 25 de febrero de 1777 en Alaejos, hijo de Tomás Ramírez y Elena Blanco, casados en Alaejos el 12 de junio de 1772, siendo su padre un humilde bracero en los campos alaejanos, por cuya consecuencia fue educado por el presbítero de la Parroquia de San Pedro, D. Manuel Méndez (tal vez familiar del Juan Méndez que da nombre a una de las calles de nuestro pueblo).
Por su precocidad en el aprendizaje, a los 13 años marchó a Madrid, donde encontró colocación como escribiente en la librería de D. Pablo Arribas, quien le recomendó a D. Jacobo Villaurrutía, eminente jurista nacido en Santo Domingo y primo del obispo Lorenzana.
Cuando el citado obispo obtuvo el báculo de la sede arzobispal de Toledo, trajo a España a D. Jacobo Villaurrutia, quien alcanzó el cargo de Justicia Mayor de Alcalá de Henares.
Necesitando D. Jacobo un secretario a su servicio y conociendo las capacidades y buena letra de nuestro paisano, que entonces contaba 15 años de edad, le puso a su servicio, encargándole, al poco tiempo, de la Contaduría de Cuentas de Rentas Decimales de Alcalá de Henares.
Habiendo sido trasladado D. Jacobo Villaurrutia para ocupar una plaza como oidor de justicia en Guatemala, quiso llevarse consigo a nuestro Alejandro, consiguiendo para él pasaporte para viajar en el bergantín San Rafael hasta dicha ciudad, ocupando un destino en la Capitanía General de la misma desde el 15 de octubre de 1794, siendo designado secretario del Real Consulado guatemalteco con tan sólo 25 años de edad.
Desde su puesto, se ocupó en introducir en la agricultura de Guatemala varias de las especies vegetales antillanas, como la caña de azúcar, así como a la apertura de caminos para establecer redes comerciales, además de realizar publicaciones en una gaceta literaria conocida como Flores del Sol y llegando a ser editor de la Gaceta de Guatemala.
También se preocupó por aumentar su formación, aprendiendo a hablar correctamente en inglés, francés y portugués, lo que le valió ser nombrado corresponsal de la Sociedad Filosófica de Filadelfia, establecida en Estados Unidos.
Casó el 5 de mayo de 1805, en la Iglesia de Santiago, de Guatemala, con María Josefa Ferrándiz Escobar, de quien enviudó en el mismo año de su boda.
A la vista de sus conocimientos, D. Jacobo de Villaurrutia le encomendó la educación de sus hijos más pequeños, llegando a concederle la mano de su hija de 19 años, María de las Mercedes, con quien se desposó por poderes desde La Habana el 12 de diciembre de 1816, ya que la desposada se encontraba en Barcelona.
Se atribuye a nuestro paisano la introducción en España de especias como una variante de la canela de Ceylan, el clavo o el alcanfor, además de algunas otras variedades de caña de azúcar entonces no conocidas en nuestro país.
Era D. Alejandro de carácter pacífico y amable, dedicando la mayor parte de su tiempo libre al estudio y a la lectura.
D. Alejandro Ramírez en Puerto Rico
El diputado de las Cortes Españolas por la colonia de Puerto Rico, Ramón Power, conocedor de la gran valía de Alejandro Ramírez, propuso desde Cádiz a nuestro paisano para que se hiciese cargo de la Superintendencia de Hacienda de Puerto Rico, organismo recientemente independizado del gobernador de dicha isla. Conseguido su nombramiento, Ramírez llegó a San Juan de Puerto Rico en el año 1813, encontrándola bajo un panorama económico y financiero desolador.
Sus primeras medidas para atajar esta profunda crisis fueron la eliminación del papel moneda, absolutamente devaluado, y sustituirle por la moneda metálica llamada la "macorina". Para ello instauró en Puerto Rico la Real Lotería, con el fin de recaudar fondos en billetes y pagar premios en monedas, y fundó la llamada Caja de Amortización, encargada del cambio del referido devaluado papel moneda por la recién creada moneda "macorina".
A la vez, modificó el farragoso sistema impositivo de la isla, implantando un único impuesto general progresivo, establecido en función de la riqueza de cada población y de las rentas de cada uno de sus habitantes.
Estas medidas, complementadas con la apertura de puertos al comercio libre, fueron las causantes del espectacular crecimiento económico de Puerto Rico, basado en el auge de las plantaciones de caña de azúcar y de café, impulsado por el incremento de relaciones comerciales con el exterior, fundamentalmente con los Estados Unidos, pasando la isla de Puerto Rico de ser una pesada carga para las arcas de España, a convertirse en uno de sus fundamentales apoyos económicos.
Terminada la Guerra de la Independencia española en 1814, a la llegada al trono de Fernando VII, Alejandro Ramírez emitió reiterados informes a la corte, a fin de que desde Madrid se adoptasen medidas que siguieran favoreciendo el impulso económico recibido por la isla, y sofocasen, de paso, los incipientes focos independentistas detectados entre la población criolla. Escuchados sus consejos, consiguió que el 10 de agosto de 1815, Fernando VII emitiese la llamada Real Cédula de Gracias, que vino a consolidar el crecimiento económico logrado por nuestro paisano, aunque no frenó el sentimiento de independencia que se pretendía sofocar.
La labor de reactivación económica de la colonia española de Puerto Rico emprendida por el alaejano Alejandro Ramírez, la complementó con la fundación del Diario Económico de Puerto Rico, la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la que fue su primer presidente, y donde se deliberaba y se tomaban decisiones entre los productores y comercializadores de caña y café de la isla, y la puesta en funcionamiento del Consulado de Agricultura y Comercio de Puerto Rico, desde el que se emitían las directrices legales para favorecer la producción y comercialización de las riquezas agrícolas de la isla.
Una de las muestras del agradecimiento de Puerto Rico a la labor de nuestro ilustre paisano se manifiesta en que la sede central del Departamento de Hacienda de la República de Puerto Rico se encuentra en el Edificio Alejandro Ramírez, cuya entrada está presidida por una estatua de nuestro ilustre paisano.
D. Alejandro Ramírez en Cuba
A la vista de los éxitos obtenidos por nuestro paisano en la reactivación económica de Puerto Rico, fue destinado a la isla de Cuba, con el mismo cargo, para reestructurar la economía de esta otra colonia española.
Continuando con las mismas directrices, realizó gestiones para promover la repoblación de la isla con emigrantes blancos, amplió el comercio exterior, comercializando la riquísima producción agraria de Cuba y adoptó la acertada medida de suprimir el monopolio del tabaco, abriendo las puertas de su venta a todos los países europeos.
También fundó en Cuba la Sociedad Económica de Amigos del País, preocupándose, igualmente, por el auge de la enseñanza y de la cultura, fundando cátedras de medicina, ciencias naturales, política y bellas artes, al punto que la antigua Escuela de Dibujo y Pintura de La Habana, por él fundada, a día de hoy, en su honor, es denominada Academia de San Alejandro.
Una de las importantes misiones del Intendente Ramírez fue la repoblación del extenso territorio cubano, creando asentamientos en regiones hasta entonces despobladas, cual fueron los casos de Guantánamo y Cienfuegos, a partir de los cuales fueron fundadas, pocos años más tarde, las ciudades hoy conocidas con dichos nombres.
En la ciudad de Cienfuegos, la antigua Plaza de Armas, hoy Parque José Martí, situada en el centro histórico de la población, fue llamada plaza del Intendente Ramírez hasta el año 1906, en reconocimiento a la labor desarrollada en toda la región por este principal alaejano.
Poco a poco, las ansias independentistas de los cubanos, azuzadas por campañas periodísticas en su contra, consiguieron que el 17 de abril de 1820 un grupo de exaltados invadiese la sede del gobierno español en La Habana, pidiendo la destitución de Ramírez, acusado de favorecer los intereses de los grandes productores de tabaco, café y caña de azúcar, siendo reafirmado en su puesto por las autoridades coloniales.
D. Alejandro Ramírez falleció en La Habana, el 20 de mayo de 1821. Contaba 44 años de edad y, según algunas fuentes que no he podido confirmar, murió asesinado como consecuencia de las revueltas que culminaron, años más tarde, con la independencia de la isla.
Javier Alonso Guinot.
Julio de 2015.