El antecedente del toro fue el URO. Era un toro salvaje que en la prehistoria vivió en Europa. En las cuevas de Altamira —Santander— hay constancia de que los pintores de Cantabria inmortalizaron los toros.
En los valles que abarcan los ríos Tigris y Éufrates —Mesopotamia, «país entre ríos»— se hacían sacrificios rituales de toros, hace más de cincuenta siglos.
Ya en tiempos de los Iberos, el toro era un símbolo de la fuerza y la fecundidad en el campo. En la sabia Grecia —en Creta— con motivo de las fiestas de primavera, se celebraban juegos con participación de los ciudadanos, en algunas ocasiones tenían lugar el sacrificio de un toro. En los frescos del palacio de Knosos, se ve como los jóvenes manifestaban su hombría saltando sobre las astas de la bestia.
Estos espectáculos tenían lugar en el siglo XI a. de C., Dionisio el rey —toro recibió estos sacrificios rituales, con el objeto de aplacer a los dioses, o de obtener de ellos alguna gracia. El pueblo cretense era rico, pacífico, de espíritu alegre, aficionado a los deportes, a las fiestas y espectáculos —algunos de tauromaquia— TAUROKATHAPSIA —, que significaba: «captura festiva del toro, salto del toro, rito y sexo a la vez y después sacrificio». Era manifestaciones de la cultura Minoica y semejantes a nuestras corridas de toros.
El dios —toro, indio —europeo, brama entre nubes y se transforma en el dios del tiempo, en Zeus y Dionisio griegos o en el Indra indio.
Ese toro fecunda la hembra con su semen y al campo con la lluvia.
Minos —toro se une a Pasifae y nace el Minotauro, Zeus —toro se une a Europa (¡nacemos nosotros!). En la mitología griega, a través de Zeus que tomó la forma de toro y raptó a la ninfa Europa. En el mito olímpico, la princesa de origen fenicio llamada Europa llegó a Grecia, concretamente a Creta, subida en un toro ensabanado, en realidad era el dios Zeus que así disfrazado y así pudo secuestrar a la joven doncella.
El toro animal sagrado, adscrito a lo divino, divinidad en sí mismo.
Como se ve, el toro toma distintas formas: el toro animal, el toro —mito, el dios —toro y el dios del tiempo.
En Creta no lo deifican, tampoco simboliza la divinidad, sirve como víctima adecuada que aplaca a los dioses. El toro, animal sacrificado a la divinidad en la Creta Minoica, se saltaba el toro, cuando se celebraban las corridas «cretenses». El mito de Teseo —históricamente se le considera el primer matador—, capturó al toro y lo llevó a sacrificar a Atenas, sujeto de una cuerda.
Desde allí ha llegado hasta nosotros a través del Mare Nostrum o Mediterráneo, manifestando así, el carácter sangriento y trágico de estos ritos. Los cuernos rituales llegan desde el otro extremo del Mar Mediterráneo hasta Mallorca —toros de Costist—. Los ríos que fecundan la tierra de Grecia e Italia se les otorgaba el símbolo de los cuernos. En la ciudad de Toronto (Canadá), en su Royal Museum, conservan una escultura cretense hecha de marfil y oro, es una sacerdotisa delante de un toro, cuya actitud es igual a la de un banderillero de hoy que citara al quiebro al animal, para poner un par «reunido y en todo lo alto», como lo hace el torero Antonio Ferrera, o el Fandi, por ejemplo.
Los asirios mencionaban las cacerías de uros más de 1000 años a. de C. El Emperador julio César en sus «Comentarios de la guerra de las Galias» habla del URUS, un animal muy codiciado por la gran dificultad de captura. En tiempos de este emperador, en Roma con ocasión de juegos de índole circense, tenía lugar la lucha entre el toro y el hombre. Se defendía con espada y escudo, el forcejeo tenía lugar tratando de derribar al toro agarrándole por los cuernos. Hay testimonio de lo narrado anteriormente, lo cuenta en su Historia Natural Plinio el Viejo.
En la Roma de entonces —que es tanto como decir el centro del Orbe— tenía lugar en el Coliseum romano la lucha del Gladiador cristiano contra el toro. En la película Quo Vadis ¿Dónde vas?, se ve este hecho histórico. El escritor Ovidio da testimonio de que para citar al toro se le mostraba a distancia un pañuelo rojo.
En la dominación romana de la Península Ibérica —entonces se denominaba Hispania— introdujeron en nuestros solares el sacrificio de los toros.
Alfonso X El Sabio, el de Las Cantigas, en una «cantiga», la Virgen contiene al toro desmandado, que causa el pánico: el toro de la boda. Este rey en su compilación histórica, la denominada Crónica General, concluye que se corrían toros en aquella época.
San Juan de Sahagún detuvo a un toro desbocado, en Salamanca, con aquella famosa frase de «tente necio» que dio nombre a una calle que aún existe. Trataban de cortar la pasión irracional, dionisíaca, pagana con la razón cristiana.
De una tercera de ABC, del profesor y académico, Francisco Rodríguez Adrados. Ídem del periodista —director y académico, Luis María Ansón.
Damos un salto en el tiempo. En Bayona (Francia), hay rastros taurinos desde 1289. Aunque la primera corrida en aquella ciudad data de 1853.
En el año 1081 en la ciudad castellana de Ávila se celebró la primera corrida de toros —Festejo nupcial taurino—, el motivo fue el enlace matrimonial, del infante Sancho de Estrada.
En la coronación de Alfonso VII en 1135, se celebró una fiesta real de toros en Varea (Logroño).
De Pamplona, hay constancia que la primera corrida celebrada en la ciudad fue en 1385.
El Papa español Alejandro VI (1492-1503) Borja —Borgia natural de Játiva (Valencia), mandó celebrar con una corrida de toros en el centro de la Ciudad Eterna, Roma, la toma de Granada por el Ejército de Isabel y Fernando —Reyes Católicos—.
El Emperador Carlos I de España y V de Alemania, nació en Gante (Flandes), reinó en España entre 1516-1556, lanceó un toro bravo —se supone de Raso de Portillo— en la Corredera de Valladolid, para celebrar el nacimiento de su hijo —que nació en nuestra ciudad— el futuro Rey Felipe II.
Los toros servían entonces como entretenimiento —entrenamiento a los caballeros de la Corte, por tanto, ¡hay arte más noble que la Tauromaquia!. Los primeros en practicarla fueron los caballeros hijosdalgo y la nobleza desde el caballo, más tarde echó pie a tierra y tomaron el testigo miembros del pueblo llano. El toreo es para mucha gente una de las Bellas Artes actualmente. En 1612 el rey Felipe III otorga el primer privilegio para que se celebren corridas taurinas en plazas cerradas.
A propósito de plazas de toros, junto al Coliseum Romano de Nîmes, en Arlés (Francia) tienen por caso taurino un anfiteatro romano construido en el siglo I.
Las corridas de toros actuales, son probablemente el último arte de la antigüedad que se conserva.
Fue el diestro Pepe Hillo quien puso los cimientos del toreo antiguo que enlaza de algún modo con el moderno. Su Tauromaquia data de 1796. Pepe Hillo y Pedro Romero fueron los toreros que inauguraron la plaza de toros de Ronda (Málaga). Es un bello edificio de estilo neoclásico. El ruedo es el más extenso del mundo. El arte de torear —como lo entendemos hoy— nació en España en la poética civilizada y culta Ronda, siendo su plaza la más antigua de todas. Es donde se celebran las corridas «Goyescas», las dio auge el maestro Antonio Ordóñez; hoy sus nietos los toreros Fran Rivera y Cayetano tienen a bien vestirse de aquella guisa para torear con trajes, vestidos de torear o ternos que de las tres maneras se llaman —los toreros los utilizaban en la época de Francisco de Goya—. Digo lo de la civilizada y poética Ronda, porque allí nació Francisco Giner de los Ríos, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza. La plaza de toros de Ronda es la más antigua de España, data de 1755, y en ella el famoso torero Pedro Romero fundó la escuela rondeña. El toreo a pie nació en Ronda.
El cineasta y director cinematográfico americano Orson Welles, conocido mundialmente por haber hecho la película Ciudadano Kane —según los entendidos— una de las cinco mejores películas de todos los tiempos. Sus cenizas están depositadas en el pozo de la finca de Antonio Ordóñez en Ronda de que era seguidor y amigo.
Los toros son majestuosos y pacíficos cuando están en su hábitat. No hay animales más bellos que el toro bravo y el caballo, hay quien asegura que son los más bellos de la creación, su morfología es espectacular. Los toros —quiérase o no— son un baluarte de nuestra cultura. Son «lo han sido» como un caleidoscopio de la vida española. Es difícil entender parte de la Historia sin mencionar los festejos taurinos y de la sociología política de España, que se pierde en la lejanía de los tiempos, a pesar de su carga bárbara y ritual que conllevan la celebración de las corridas, están de plena actualidad. En la antigüedad en Iberia se la denominaba la piel de toro, porque tiene una forma parecida a su contorno.
Es lo cierto que: los toros vertebran España, cruzan la frontera de los Pirineos y cada vez tienen más aceptación en Francia. Hacen singladura del Océano Atlántico y nos enlazan con los países hermanos de Hispanoamérica: Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela. Nuestro vecino Portugal también es un país taurino con sus diferencias y muy significado en el toreo a Caballo es el insigne maestro, Joao Maura.
La llamada «Fiesta Nacional Española» es como un espejo de nuestro modo colectivo, de ser, pensar y sentir —con todas las excepciones que haya menester—. Pero nobleza obliga, debemos por tanto, dejar constancia de lo que es y representa para España ..... al mundo de los toros le debemos afecto antiguo y reconocimiento, agradecimiento y gratitud reciente.
Hay que superar la actitud de juzgar mucho, e intentar comprender más y mejor. Las corridas de toros son, un espectáculo: bárbaro, hermoso, con mucho riesgo y emocionante. El toreo es la más culta de todas las fiestas. El toreo es una de las grandes expresiones artísticas del que han tomado inspiración genios y artistas de todos los tiempos.
Como muestra un botón, Federico García Lorca dejó escrito que: «el toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por escritores y artistas, debido principalmente a una falta educación pedagógica que nos han dado». El arte taurino está hermanado con el arte literario.
Habiendo nacido en Alaejos —Valladolid —Castilla la Vieja—.
Tierra de Campos, campos de tierra.
Tierra de pan llevar.
Tierra de año y vez.
Tierra de palabras y vino.
Tierra de toros ....
A. Lucas Varela — Junio 2010